Registrado: Feb 01, 2007 Mensajes: 9451 Ubicación: Campeón del Mundo
Publicado: Jue Ago 16, 2012 8:57 amAsunto: 2001 - Prólogo para 'Jack Lemmon nunca cenó aquí'
PRÓLOGO A ‘JACK LEMMON NUNCA CENÓ AQUÍ’, DE DIEGO GALÁN
Hace un par de años, tomando una copa con Diego Galán y Antonio Cardenal en el bar del hotel María Cristina de San Sebastián, Diego nos contó su intención de abandonar la dirección del Festival. Quiero descansar un poco, dijo. Cambiar de aires. Han pasado demasiado tiempo y demasiadas cosas. Pues tienes mucho que contar, apuntó Antonio Cardenal entre dos sorbos al whisky. Trece años de cine vistos desde dentro. Si esas moquetas hablaran, imagínate. Por aquí ha pasado todo cristo. Etcétera.
Eso me dio una idea. ¿Por qué no escribes tus memorias cinematográficas?, le pregunté a Diego. Ya sabes: Bette Davis y Al Pacino y todo eso. Y si quieres, añadí, yo te las prologo. Diego me miró detrás de sus gafas con esa sonrisa veterana y guasona suya, fruto de muchos años y muchas películas y muchos festivales y mucha vida. Ya las estoy escribiendo, dijo. ¿Con Bette Davis y Al Pacino?, pregunté. Con ellos y con todos los demás, fue la respuesta. –Diego se reía por lo bajini-. Y te tomo la palabra.
Ahora tengo esas memorias sobre la mesa. Se titulan ‘Jack Lemmon nunca cenó aquí’ –unas páginas más adelante sabrá el lector por qué-, y las recibí hace un par de días como se reciben estas cosas: con prisas porque a fin de mes tienen que ir a la imprenta. Diciéndome a mí mismo: en qué jardines te metes, camarada. Vaya ocasión tuviste en el bar del María Cristina para cerrar el pico. Pero qué cosas. Acabo de terminar de leerlas, he pasado la última página demorándome en ella como quien duda en despedirse de un viejo amigo, y sé que si me levanto y me miro en el espejo encontraré allí una sonrisa de oreja a oreja. Una sonrisa agradecida y feliz. Porque Diego no sólo ha cumplido su palabra, y habla de Bette Davis, y de Al Pacino, y de muchos otros nombres, actores, directores y películas que son al mismo tiempo historia del Festival de San Sebastián e historia del cine, sino que además obra el milagro, con este repaso a sus recuerdos, de avivar y calentar los míos. Los míos y, como comprobarán los lectores, los de cualquiera que ame el cine y cuanto hace que el cine sea posible.
No sé qué es exactamente ser cinéfilo. Si se trata de apreciar lo que uno ve en la pantalla, de recordar las viejas y hermosas películas, de esperar las nuevas con la expectación de quien aguarda una sorpresa que le hará multiplicar su vida por muchas otras, y de intercambiar con los amigos referencias, nombres de directores, de actores, escenas y diálogos inolvidables igual que cuando de niños intercambiábamos cromos o tebeos, entonces tal vez lo sea. Por lo demás, resulto bastante torpe recordando datos técnicos, fechas o directores. Pero determinados rostros, imágenes, palabras que me llegaron a través de una pantalla de cine, forman parte de mi vida con tanta fuerza y tanto derecho como otras situaciones procedentes de lo que llamamos –la frontera entre el cine y la vida no siempre es tan clara como parece- mundo real. De ahí el placer singular que he experimentado acompañando a Diego bajo esa cobertura de tercer hombre invisible y curioso que proporciona el ser lector de cualquier libro.
‘Jack Lemmon nunca cenó aquí’ es divertido, rico en anécdotas, y sin embargo nunca cae en la superficialidad o el chismorreo, tentaciones fáciles cuando se barajan nombres como los que llenan el abrumador índice onomástico que cierra el libro. Entre sus páginas he vivido como propios, casi en primera persona, los difíciles inicios del Festival que ahora es una de las grandes referencias internacionales del cine. He bebido anís con Robert Mitchum, cenado con Vittorio Gassman, subido botellas a Glenn Ford, paseado con Gregory Peck, admirado en sus últimos días a Bette Davis... Con ellos y con muchos otros como ellos, año tras año, edición tras edición, he sido testigo del lado humano de los grandes mitos de la historia del cine, compartiendo su gloria, su profesionalidad, sus mezquindades, su ternura. Y ahora estoy seguro de lo que intuí aquel día, tomando esa copa en el bar del hotel María Cristina: Diego Galán no tenía derecho a irse del Festival de San Sebastián sin contarnos todo esto.
La amistad depara a veces ciertos privilegios. Haber leído este libro antes que ustedes es uno de ellos. Ahora espero que lo disfruten como yo lo disfruté: despacio, arrellanados en la butaca, sin prisas. Y aquí los tienen. Así que preparen las palomitas. Estiren las piernas. Apaguemos las luces, y feliz proyección.
Registrado: Feb 01, 2007 Mensajes: 9451 Ubicación: Campeón del Mundo
Publicado: Jue Ago 16, 2012 9:03 amAsunto:
Diego Galán, escritor y crítico de cine
"He visto temblar entre bastidores a muchos monstruos del cine"
Entrevista con Maruja Torres - El País - 10/09/2001
El coraje y la fragilidad de Bette Davis; el miedo de grandes actores como Lana Turner, Susan Sarandon, Fernando Fernán-Gómez o Antonio Banderas; el humor de Vittorio Gassman o Robert Mitchum. Diego Galán (Tánger, 1946) ha reunido en el libro 'Jack Lemmon nunca cenó aquí' (Plaza y Janés), que se publica esta semana, sus vivencias y sensaciones a lo largo de los 13 años en los que estuvo al frente del Festival Internacional de Cine de San Sebastián.
-Si su libro fuera una película, ¿a qué género cree que pertenecería?
-Aunque cada lector puede clasificarlo a su antojo, creo que en el fondo es un relato de aventuras.
-Aparte del propio festival, de entre los protagonistas, ¿quién es el chico, quién la chica y quién el pirata malo?
-Es una aventura coral, y el protagonismo pasa de mano en mano. También el personaje del malo. A veces fue una autoridad, otras un distribuidor y, en ocasiones, hasta uno de esos mitos. Mickey Rooney, por ejemplo, pero más que malvado era un pirata que quería recuperar la perdida gloria de su infancia.
-Bette Davis, como en el cine mismo, chupa mucho plano en su libro.
-Hombre, claro. Supuso la experiencia más fuerte. Ella sabía que ése iba a ser el último viaje de su vida, y quiso despedirse rodeada de aplausos. Defendió ante el público su imagen de leona, pero nosotros la vimos llorar cuando sus fuerzas no la acompañaban. Tuvo el coraje de mantener su leyenda hasta el final. Era una mujer tan brava como frágil. Nos dio una lección. Yo no he visto, ni creo que vea ya, un espectáculo tan conmovedor.
-También hay un fantasma: Jack Lemmon. ¿Puede explicar la razón del título?
-Es la historia de un amor imposible, lo que significaría vincular el libro a otro género cinematográfico. Desde mi primer año, en 1985, le invité para que viniera al festival. Me respondió siempre con cortesía, prometiendo aceptar la invitación al año siguiente. Le he escrito a él el libro, para que sepa lo que se perdió.
-No se queje. Al frente del festival, viajó usted más, vio más películas y conoció a más estrellas que el resto de los mortales. Además, cobrando. ¡Esas fiestas neoyorquinas con Robert de Niro!
-Fue una sorpresa su timidez. Al Pacino le incitaba a confundirse entre los demás invitados, y él se recluía en un rinconcito. No se corresponde su energía en la pantalla con el miedo a las multitudes. Es el más atemorizado, pero no el único. He visto cómo temblaban entre bastidores otros monstruos del cine.
-¿Por ejemplo?
-La propia Davis, Lana Turner, Mel Gibson, Susan Sarandon, Fernán-Gómez, Antonio Banderas... Cada uno a su modo, pero todos temerosos de enfrentarse al público siendo ellos mismos, sin la protección de un personaje.
-¿Es Pedro Almodóvar el director español que mayor partido ha sabido extraer del Festival de San Sebastián?
-No le asusta el público. Ha presentado películas suyas y homenajes a otros invitados, logrando siempre que los focos se dirijan a él. Admiro su capacidad para el protagonismo, sabe sacar partido de cualquier situación.
-En el pasado, usted fue crítico. ¿Se pierden más amigos por una mala crítica o por no seleccionar una película para el certamen?
-Una mala crítica. Es jodido decirle a un amigo que su trabajo no es bueno. Frente a los festivales, los directores son ambiguos: los desean tanto como los temen. Para el cine español, el de San Sebastián es a veces un arma de doble filo. Pero bueno, un amigo/a es un amigo/a... Suele superarlo con el tiempo y unas copas...
-Y ante los colegas periodistas que hemos querido aprovecharnos de su amistad para sonsacarle chismes, ¿cuál ha sido su táctica?
-Echar balones fuera, responder sin decir nada..., aunque en alguna ocasión pequé de ingenuo.
-Elija entre tres Antonios: ¿Hopkins, Quinn o Banderas?
-El más cercano, Banderas. Salió atropelladamente del baño, envuelto en espuma, para leerme el discurso que había preparado para Hopkins. Fue un momento fascinante.
-¿Gregory Peck, Glenn Ford o Robert Mitchum?
-Bien distintos los tres. Peck fue el primer premio Donostia: llovía torrencialmente, no vio nada de la ciudad, pero, todo un caballero, se transformó en nuestro mejor publicista. A Glenn Ford se le acababa de morir Rita Hayworth y lloraba como un huérfano. Mitchum derrochaba tanto humor como consumía anís: le perdieron las maletas, le compramos ropa de urgencia, y nos devolvió la no usada cuando recuperó la suya... Cada uno sorprendía a su manera.
-Entre las damas, ¿Susan Sarandon, Catherine Deneuve, Anjelica Huston?
-Anjelica se comportó como una amiga de toda la vida, atenta a lo que necesitáramos. La Sarandon no daba crédito a ser tan conocida entre nosotros e hizo buenas migas con Pilar Miró, hablando de los hijos. La Deneuve, bueno, la Deneuve fue un caso aparte: no nos gustamos, no se dejó querer, me pareció que le molestaba ser tan famosa como miedo tenía ante la posibilidad de dejar de serlo.
-Las circunstancias políticas del País Vasco ofrecieron no pocas situaciones tensas. Parece que Michael Douglas fue el que tuvo más aguante.
-Recuerdo también a Vittorio Gassman oyendo cómo chocaban las pelotas de goma contra las ventanas del hotel y hacer chistes como si nada estuviera ocurriendo, y a Robert Mitchum ir a un restaurante en medio de una manifestación violenta y quedarse perplejo cuando, a la salida, la calle era un remanso de paz... Sí, ha habido situaciones difíciles. Es algo exclusivo de este festival.
-¿Qué le ha sido más difícil, dirigir el festival o escribir el libro?
-Dirigir el festival ha sido vivir en una zozobra constante, pero, créame, apasionante: puede que sea el trabajo más bonito del mundo. Escribir el libro ha sido recomponer cuanto ocurrió, revivirlo, aclararlo, compartirlo, verlo todo desde otra ventana. Usted sabe más de eso que yo...
-¿En su prólogo, Pérez-Reverte dice que "Diego Galán no tenía derecho a irse del festival sin contarnos todo eso". ¿Escribió el libro por sus ganas de compartir?
-Me daba pena que tantas experiencias se fueran por el desagüe. El mundillo de un festival de cine es algo desconocido para quien no trabaja en él, y el de San Sebastián es muy especial. Ocurren en él cosas que lo diferencian de cualquier otro festival del mundo.
-Estar al frente del de San Sebastián, ¿es la culminación del sueño de un cinéfilo?
-Es una manera de que la cinefilia ponga los pies en el suelo. Los mitos se hacen de carne y hueso, y las entretelas de la industria eliminan falacias en las que uno creía.
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Diego Galán desvela el lado humano del Festival de San Sebastián
Susana Gaviña - ABC - Madrid - 18/09/2001
Ayer se presentó, en el Cine Doré de Madrid, el libro 'Jack Lemmon nunca cenó aquí', en el que Diego Galán, en clave de novela de aventuras, hace memoria de sus trece años al frente del Festival de Cine de San Sebastián. Una década trufada de anécdotas, de glamour..., pero en la que tampoco faltaron los problemas. En el libro el autor desbroza el lado más humano de las estrellas que desfilaron por su alfombra roja, y que él vivió muy de cerca entre bastidores.
Billy Wilder, Gregory Peck, Glenn Ford, Bette Davis, Robert Mitchum, Anthony Quinn, Robert de Niro, Lana Turner, Catherine Deneuve, Al Pacino... Sería difícil enumerarlos todos sin miedo a dejar algún nombre en el tintero. Todos ellos estuvieron presentes en el Festival de Cine de San Sebastián durante la etapa en que Diego Galán fue colaborador (de 1985 a 1989) y más tarde director (de 1993 a 2000). Ahora, un año después de dejar la dirección -aunque sigue vinculado al certamen- y como broche a esos trece años de vivencias, acaba de presentar el libro 'Jack Lemmon nunca cenó aquí'. «Recogí la frase de una amiga que un día me dijo que no dejara que estas historias se fueran por el desagüe. Por eso he escrito este libro. Para que sean compartidas por otros», explicó ayer Diego Galán durante la presentación.
En el acto, Galán estuvo acompañado por Marisa Paredes, presidenta de la Academia de las Artes y de las Ciencias Cinematográficas, que definió 'Jack Lemmon nunca cenó aquí' como un relato «lleno de ironía, amenidad e ingenio», y gracias al que se puede conocer «de una manera hermosísima» el interior de un festival. Fernando Fernán Gómez, por su parte, se refirió al libro como «un volumen de fragmentos autobiográficos, pero también de retratos, en el que el autor abandona la forma de crónica periodística para convertir el argumento en una narración de aventuras, donde se cuenta cómo el objetivo es recuperar la categoría «A» y qué medios deben utilizarse para alcanzarla, sin faltar a la ley. O tal vez faltando», matizó. Una historia con todos los ingredientes, en la que «no todo es fácil para los buenos, porque hay bombas y peleas», y en la que tampoco falta «una bella historia de amor -Glenn Ford ofrecía cada día una flor al retrato de Rita Hayworth-», ni tampoco la maldición, en este caso el del Premio Donostia. «Los famosos que acuden al Festival desplazándose desde tierras lejanas, al poco tiempo mueren».
Sin embargo, el libro tiene dos desenlaces, según el actor y académico. «En lo colectivo se consigue el nivel «A», pero en lo personal es más amargo. Empiezas porque te gusta ver películas y acabas siendo un burócrata. Pero Diego Galán no lo es», subrayó. Con un gran sentimiento de «culpa» por no amar tanto el cine como Diego Galán, Fernán Gómez concluyó dándole al autor las gracias por no ser 'Jack Lemmon nunca cenó aquí' «un libro dirigido a los cinéfilos, porque yo no soy un cinéfilo sino un simple profesional».
Sólo queda pues, como recomienda desde el prólogo Arturo Pérez-Reverte a los lectores, preparar las palomitas, estirar las piernas, apagar las luces y «feliz proyección».
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Un enamorado del cine
Fernando Fernán Gómez - ABC - 23/11/2001
En confesión apasionada y apasionante el escritor Diego Galán nos lleva de la mano -una mano en otra nuestra y la otra en el corazón- por los caminos que conducen a la organización y dirección de un festival de cine. Caminos rectos, llanos, apacibles, fáciles de transitar unas veces, y otras intrincados, espinosos, tortuosos, casi imposibles de recorrer. Son estos últimos, los llenos de inconvenientes, de dificultades, los que dan más interés al libro 'Jack Lemmon nunca cenó aquí', que Diego Galán ha escrito sirviéndose de datos de primerísima mano, pues fue durante trece años director del Festival de Cine de San Sebastián.
Puede afirmarse que el propósito del autor al escribir esta novela es absolutamente original. Nos ofrece una visión de un fenómeno del mundo del espectáculo: un festival cinematográfico. Pero una visión desde dentro, desde el ojo del huracán, desde un punto de vista que hasta ahora no había sido utilizado de manera exhaustiva, que yo sepa, por la prensa especializada ni por la llamada prensa rosa. Nos refiere Diego Galán su peripecia personal durante los años en que dirigió el Festival de San Sebastián. Puede considerarse, por lo tanto, este libro como un fragmento de autobiografía. Pero es también, y de manera más destacada, un libro de retratos. Más se refiere el autor a los otros que a sí mismo. Pérez-Reverte en el prólogo menciona el «abrumador índice onomástico que cierra el libro».
No he cometido un error cuando más arriba he dicho: «El propósito del autor al escribir esta novela es absolutamente original». Para mí, y es opinión de lector, no de crítico, 'Jack Lemmon nunca cenó aquí' no es como una novela: es una novela. Creí que tenía en mis manos una crónica periodística, y en las primeras diez o veinte páginas el texto de Diego Galán se había transformado en una novela. Una novela cuyo argumento me prendió como el de una narración de aventuras de las que me prendían en mi adolescencia. ¿Llegaría este grupo de hombres esforzados a recuperar para el Festival la categoría A? ¿A qué medios deberían recurrir, sin faltar a la ley? O quizás faltando. La narración avanza. El Festival ha abierto sus puertas. Acuden estrellas de Hollywood. Acude la prensa internacional. Pero, como en toda novela que se precie, no todo es fácil para los buenos. Hay amenazas de bomba. Peleas en las calles del barrio viejo. Esto hará que invitados y público se retraigan. Dificultará la recuperación de la perdida categoría A, que se ha concedido sólo provisionalmente.
Sin embargo, gracias a la obstinación, a las argucias, al esfuerzo del entusiasta grupo de enamorados del cine, de año en año el Festival progresa. Pero sobre Donosti, sobre el Festival, sobre el teatro Victoria Eugenia, flota la sombra de una maldición. Eso dicen y propalan los enemigos del Festival: los famosos que acuden a él desplazándose desde lejanas tierras, al poco tiempo mueren. La novela costumbrista y algo folletinesca, se ha transformado así en novela gótica. Pero tiene también algo, mucho, de novela sentimental. Glenn Ford se emocionó hasta las lágrimas cuando Fernando Rey, en el escenario, acompañado de Liv Ullman, le presentó al público. Y después vivió la proyección de 'Gilda' entre sollozos, ocultándose tras las cortinas del palco. Se quedó en San Sebastián más tiempo del previsto. A Diego Galán y los suyos no les era posible atenderle: les reclamaban otros invitados. Y, además, ya se sabe que las estrellas pierden interés si se las ve a diario. Fue dificultoso convencerle, pero se marchó antes de lo que él hubiera deseado. Cuando por fin abandonó el Festival, confiesa Diego Galán que «junto al alivio nos quedó cierta sensación de haber sido injustos con una estrella legendaria que simplemente había querido prolongar unos días de ensueño». Después se supo que la misma camarera que le servía clandestinamente las bebidas prohibidas, le llevaba cada mañana una rosa roja que él colocaba frente al retrato de Rita Hayworth que le acompañaba a todas partes. Un cuento, un bello cuento de amor.
Incrustar cuentos en las novelas es un procedimiento ya utilizado por los clásicos. En este episodio y en el de la confusa relación de Bette Davis con los fotógrafos, he encontrado dos ejemplos de ese género literario tan atrayente y tan difícil. Y materia para un divertido vodevil o un sainete hay también en los esfuerzos del grupo de aventureros para evitar que Lana Turner y Mickey Rooney se encontraran en cualquiera de los actos del Festival, pues al haber sido invitados los dos el mismo año, la anciana Lana Turner puso como condición para aceptar no coincidir nunca con el anciano Mickey Rooney, al que odiaba, so pena de abofetearle en público.
El autor se mueve con envidiable soltura, sin timideces, entre el abundante censo de personajes famosos: Mel Gibson, Catherine Deneuve, Robert Mitchum, Libertad Lamarque... Pero no se crea que olvida a los secundarios. Quizás algunos de los párrafos más conmovedores son los que dedica a la florista Escola que se había hecho anciana al ritmo del Festival, ofreciendo ramitos de flores en la entrada del teatro Victoria Eugenia. Con magnífico pulso de narrador, va conduciendo las sucesivas aventuras, sin perder nunca la tensión, hacia el final de la serie de peripecias encadenadas. Aunque ya ha anticipado el desenlace. En la página 50 se lee: «Visto el buen resultado, la FIAPF mantuvo sine die la clasificación A. La apuesta se había ganado». Pero este es el feliz desenlace colectivo. Queda otro: el personal. Y ese es más amargo. En el momento de la despedida, dice Diego Galán a uno de sus colaboradores: «Entiéndelo. ¿No ves que es como una trampa? Empiezas a trabajar en un festival de cine porque te gustan las películas y finalmente acabas dedicándote a la burocracia». Y Diego Galán no es un burócrata, con todos mis respetos para el funcionariado, es un artista, un escritor, y en el trance de escribir esta novela, un enamorado, un enamorado del cine.
Al cerrar el libro advertí que afloraba en mi interior un sentimiento de culpa: a mí me gusta el cine desde mi lejana infancia, lo amo. Pero no puedo igualar el amor que por él manifiesta Diego Galán en 'Jack Lemmon nunca cenó aquí'. Hay tantas películas de categoría A que no he visto, tantas que no he vuelto a ver, tantos nombres de actores, directores, productores, guionistas que no conozco... Afortunadamente, Diego Galán, pudiendo haberlo hecho, no ha escrito un libro para cinéfilos. Debo agradecerle no sólo la extraordinaria calidad de la novela, sino ese detalle, porque yo, aunque me hubiera gustado serlo, no soy un cinéfilo, sino un simple profesional.
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Recuerdan a Jack Lemmon
Notimex - 17/03/2008
Fuera de toda formalidad y casi en una tertulia se convirtió la presentación del libro ‘Jack Lemmon nunca cenó aquí (13 años y un día en el Festival de Cine de San Sebastián)’, escrito por Diego Galán, ex director del referido encuentro fílmico. Antes de darlo a conocer se informó que miles de ejemplares estaban condenados a la trituradora de la editorial, pero que su autor sugirió una alternativa mejor: regalarlos a los asistentes al Festival Internacional de Cine de Guadalajara.
El texto, propiamente un ensayo y memorias recopiladas por Galán a lo largo de casi tres lustros, con prólogo de Arturo Pérez-Reverte y Fernando Fernán Gómez, reúne en 365 páginas relatos inimaginables que invitan a la lectura del mismo totalmente.
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Antonio Mingote presentó 'El ascensor de los borrachos', de Fernando Fernán Gómez
Alejandra González-Ruano - ABC - Madrid - 02/10/1993
El académico Antonio Mingote y el crítico de cine Diego Galán presentaron ayer, en la sede de la Sociedad General de Autores, el libro 'El ascensor de los borrachos', de Fernando Fernán Gómez, obra galardonada con el premio Espasa-Humor de novela. la presentación de la novela finalista, 'Si yo fuera rica', de la escritora Lolo Rico, corrió a cargo de Arturo Pérez-Reverte. El autor de 'La tabla de Flandes' destacó que aunque se trata de una novela muy divertida, tiene una segunda lectura devastadora porque "la mujer está condenada a perder. Y lo terrible es que la mujer asume esto con resignación y sin resentimiento".
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