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381 - 22.10.2000 - Los enemigos de mis amigos

 
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Autor Mensaje
Rogorn
Alférez


Registrado: Feb 01, 2007
Mensajes: 9551
Ubicación: Campeón del Mundo

MensajePublicado: Jue Nov 01, 2012 10:31 am    Asunto: 381 - 22.10.2000 - Los enemigos de mis amigos Responder citando

LOS ENEMIGOS DE MIS AMIGOS

No he querido saber, pero he sabido, que a mi vecino el rey de Redonda le va la marcha. Le gusta pasear por el filo de la navaja con una alegre osadía que raya en el autosuicidio, como dirían Javier Solana —ese centinela de Occidente— y algún otro político que conozco. El caso es que, no contento mi colega con meterse en jardines propios, ahora pretende podar los míos, ejerciendo la intención de veto; o de censura, o de matiz, sobre lo que escribo en esta página. Y me refiero al artículo que me hizo el honor de publicar el otro día, con una tesis doctoral sobre si una cosa mía debía titularse ‘La tarta de Brasil’, o ‘La carta del Brasil’, o ‘La carta de la Madre Que Me Parió’. Título y asunto que, dicho sea de paso, me importan un huevo; pero eso no impide quedarme con la copla. Y la copla es que mi querido y próximo colega tiene a veces problemas para encontrar temas serios con que cubrir su compromiso semanal. Eso nos pasa, a todos, por supuesto. Y lo comprendo. Yo mismo podría verbigracia, en momentos de desesperación argumental, o de mucha prisa, dedicar también una página al uso de la coma, la ausencia del punto y coma, y el resto de la puntuación en la digna prosa de mi vecino, por ejemplo; tema delicado si de plantear criterios ortográficos personales, gustos u ortodoxias se tratase. O a glosar ciertas almogavarías de la sintaxis que también se permite a veces, seguramente en momentos de exceso de tabaco, ofuscación o euforia. Podría hacer todo eso, o quizás dejar de hacerlo aún haciéndolo sin hacerlo del todo, pero no quiero hacerlo y no lo hago, o tal vez sí. Porque además suelo ganarme la vida —blasfemar no es pontificar— sin dar consejos públicos a los colegas, ni tocarles las narices salvo cuando en los anuncios les ponen cerca más tetas que a mí. O cuando me buscan demasiado las ganas. Entonces sí que se me desbordan los criterios y la navaja. Consideremos, por tanto, esto de hoy sólo como una mesurada apostilla al artículo redondil del otro día. Una respuesta contenida, casi amariconada de puro suave. Tan afectuosa, mesurada y paternal como aquella homilía dominguera de mi primo. Incluso mas.

El caso es que todo podría quedar ahí si quedase, pero no queda. Porque resulta que, en su amistosa reprensión, mi vecino de página hizo doblete. No satisfecho con darme útil doctrina brasileña, se quejaba además de que yo dedicase dos líneas a un viejo amigo mío, el periodista y escritor Raúl del Pozo, que al parecer no lo es suyo. Y si lo anterior me sorprendió, esto aún me tiene patedefuá. A fin de cuentas, cada cual conserva los amigos y enemigos que le place, en su territorio se lo guisa y se lo come bajo su responsabilidad, y a mí nunca se me ocurrió irle fiscalizando al rey de Redonda las filias ni las fobias que profesa o se busca, que también son unas cuantas. Vaya por delante que no escribo ahora para defender a Raúl del Pozo; ni para justificar el mucho aprecio que desde hace casi treinta años le tengo a ese veterano burlanga y vieja puta de la tecla. Entre otras cosas, porque el mentado dispone de columnas con su firma para solventar, si se tercia, querellas particulares que no sé cuáles son, ni me importan. Así que allá se las componga mi vecino con él, y que no le pase nada.

La cuestión que me interesa precisar es de índole más personal. Y podría resumirse diciendo que en esta página que escribo desde hace siete años, y mientras me permitan seguir escribiéndola y la paguen a tocateja, me reservo el derecho de mencionar a los amigos que me salga de los cojones. Aclarado eso, tampoco quiero despachar el asunto sin una acotación a lo que apunta mi vecino sobre cruzarle la cara a Raúl del Pozo cuando se lo encuentre. Si tan perentorio es el impulso, lo felicito, porque nada más fácil. Puede encontrarlo por las tardes en el café Gijón de Madrid, y allí cruzarle cuanto estime oportuno, si el otro se deja. Sería bonito un duelo entre gente de la hoja, tradicional, a la antigua. Yo mismo me ofrecería como padrino; pero resulta que tengo amistad con ambas partes —de uno soy leal camarada, y del otro viejo cómplice—, y no sabría dónde ponerme cuando llegase la hora de meter mano a las toledanas. Una solución honorable sería, quizás, que mi vecino y compadre se hiciera acompañar de ciertos amigos suyos a los que él también cita de vez en cuando, poetas y plumíferos varios, alguno de los cuales se me antoja tan mierdecilla y miserable como a él le parecen los míos; pero cuyas menciones no le atajé nunca hasta hoy, por respeto y por estas proverbiales timidez y delicadeza, harto notorias, que tanto me caracterizan y tanto me lastran y tanto me cortan. Así, mientras mi vecino va y cruza la cara del otro, yo podría írsela cruzando también a unos cuantos soplapollas amigos suyos. Y como dice el chiste del ratoncillo chulo, si tienen gato, que se lo traigan.

El Semanal, 22 de octubre de 2000
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El_Curioso_Impertinente
Alférez


Registrado: Dec 07, 2008
Mensajes: 5868
Ubicación: Regne de Mallorques

MensajePublicado: Jue Nov 01, 2012 7:39 pm    Asunto: Re: 381 - 22.10.2000 - Los enemigos de mis amigos Responder citando

Reverte escribió:
Podría hacer todo eso, o quizás dejar de hacerlo aún haciéndolo sin hacerlo del todo, pero no quiero hacerlo y no lo hago, o tal vez sí.

Risa Risa Risa Risa Risa Risa Risa
Reverte escribió:
que mi vecino y compadre se hiciera acompañar de ciertos amigos suyos a los que él también cita de vez en cuando, poetas y plumíferos varios, alguno de los cuales se me antoja tan mierdecilla y miserable como a él le parecen los míos

Nombres, porfa. Que alguien me dé nombres.
Reverte escribió:
Y como dice el chiste del ratoncillo chulo, si tienen gato, que se lo traigan.

Risa Risa Risa Risa Risa Risa Risa

Una cosilla: Reverte y Marías estuvieron un tiempo de punta por esta patente ¿no? Ojos Movidos
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Todos los seres humanos cometen errores, pero algunos seres humanos cometen más errores que otros y a ésos se los llama "tontos" (Fray Guillermo de Baskerville).
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Rogorn
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Registrado: Feb 01, 2007
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Ubicación: Campeón del Mundo

MensajePublicado: Vie Nov 02, 2012 1:25 pm    Asunto: Responder citando

CABALLERO DE MANCHA
Javier Marías

Mi buen y esgrimista compañero de páginas, el señor Duque de Corso, me sorprendió hace unas semanas en su Patente vecina, sobre todo teniendo en cuenta el castellano de ley que se gasta normalmente, incluso cuando le sale un poco demasiado la jerga recia, con palabras que no entiendo y que siempre imagino mucho más brutales de lo que serán, seguramente.

Lo cierto es que me sorprendió por dos motivos. El primero carece de importancia y allá cada cual con sus lealtades, pero no pude por menos de quedarme estupefacto cuando calificó de "decente" el alma de un periodista tan calumnioso en lo que a mí respecta, que la próxima vez que me lo encuentre —y ojalá no la haya nunca—, me temo que no tendré más remedio que despeinarlo (Pérez-Reverte sabe de sobra que a algunas indecencias sólo puede contestarse con un sopapo, aun en estos tiempos supuestamente civilizados). También, dicho sea de paso, afirmaba mi camarada que el individuo en cuestión "escribía como Cristo bendito". No sabía que Cristo hubiera sido un cursi embotellado.

Pero mi sorpresa principal fue otra, al leer el título de su bonita columna, 'La carta de Brasil'. No descarto que hubiese ahí una errata de 'El Semanal' (a mí me caen unas cuantas mensuales), como tampoco descarto que el Duque Arturo se confundiera de nombre al referirse al "decente". En todo caso: como soy muy maniático con las cosas de la lengua, cada vez que oigo o leo "Brasil" en contexto castellano, los oídos o la vista se me sobresaltan espantados. Porque en nuestro idioma nunca se ha llamado así a este país, o no al menos hasta que la permanente contaminación del inglés ha llevado a muchos periódicos, escritores y locutores a suprimir el artículo determinado que el español ha puesto tradicionalmente a unas cuantas naciones, regiones y ciudades. En inglés se dice, en efecto, Brazil, Japan, India, China y demás. Pero en castellano, lo siento, hemos hablado siempre del Brasil, el Japón, la China y la India. Y también del Perú, la Argentina, el Uruguay, el Rosellón, la Lombardía, el Piamonte, la Renania, el Véneto, el Languedoc, la Borgoña, la Crimea, las Bahamas y las Bermudas, La Rochelle, La Mancha, La Rioja, La Coruña y El Escorial. Y si ustedes ven un documento oficial brasileño, verán que ellos mismos le ponen el artículo a su país y que, por ejemplo, su embajada es do Brasil, esto es, "del Brasil". También los peruanos se indignan si a su nación se la llama "Perú" a secas, tanto como los mexicanos si ven el nombre de la suya escrito con j, sobre todo porque la anticuada grafía con x no impide la pronunciación como j en ciertas excepciones, y lo sé bien porque a mí me pusieron Xavier y así me lo escribía siempre mi madre en sus cartas, lo cual no la llevó nunca a llamarme otra cosa que Javier, con el sonido j actual (otro tanto ocurre con Ximena o Ximénez).

En algunos de los casos mencionados la cosa parecería clara, porque se presupone la omisión de un sustantivo: así, la (República) Argentina, las (islas) Bahamas, las (islas) Filipinas. La costumbre, con todo, es propia de nuestra lengua y de otras romances, ya que un inglés dirá siempre que ha ido "a Bahamas" o "a Bermudas", o por supuesto "a Argentina", y por tanto el contagio podría acabar por alcanzarnos también aquí. Estoy convencido de que a Pérez-Reverte le parecería un tremendo soplapollas o un pijo inefable quien le dijera que ha pasado el verano "en Rioja" o se ha comprado un piso "en Escorial", o que se liga mogollón "en Baleares", o que lo tiene fascinado "India", o que Don Quijote cabalgó "por Mancha". Y estoy igualmente seguro de que se habrá pasado la infancia —como yo, de la misma quinta— leyendo aventuras que ocurrían en la India, en la China, en el Yucatán o en el Canadá (apuesto tres dedos a que nunca dijo "la Policía Montada de Canadá"); y de que gran parte del misterio y el riesgo de esos lugares nos provenía de ese artículo determinado que el español les ha antepuesto, hasta estos tiempos imitativos y cursis.

Nuestra lengua se está llenando de estupideces superfluas. Hay muchas más, sólo mencionaré una segunda: en inglés hay un tipo de títulos que requieren el artículo indeterminado A o An, y así tendríamos 'A History of the World' o 'An Idea of Time', para indicar que no se trata de La (The) historia del mundo o La de la filosofía, de las únicas verdaderas y posibles. Pero en castellano resulta que la ausencia de artículo ya indica eso, y por consiguiente esa clase de libros se han titulado siempre 'Historia de la filosofía', 'Historia del arte', 'Historia de Grecia'. Pues bien, últimamente nos encontramos con montones de obras, con títulos mal traducidos del inglés, que se llaman 'Una historia del ajedrez' o 'Una historia del prepucio', algo tan ridículo como redundante.

En fin, que no se me rebote Corso, pero es que en él suelo ver uno de los escasos focos de resistencia ante la continua invasión de chorradas que nuestra lengua sufre. No me vuelva a fallar en estas lides, compadre, por favor se lo pido.

El Semanal, 8 de octubre de 2000
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Rogorn
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MensajePublicado: Vie Nov 02, 2012 1:27 pm    Asunto: Responder citando

LA CARTA DE BRASIL

El otro día vino a casa Tico Medina, el Gran Tico, el último reportero, a quien el mutis lo pillará exactamente así, de viaje, con su chaleco y su maleta y esa eterna curiosidad profesional mezclada de bondad que desde hace casi medio siglo arrastra de acá para allá, incansable, de las guerras a las plazas de toros, la farándula, las aventuras en Sudamérica, la vida fascinante de esa vieja escuela de putas del oficio que fue el diario ‘Pueblo’. Por eso siempre me alegro al verlo de nuevo; pasa igual cuando veo en el café Gijón al querido Raúl del Pozo, prueba viviente de que se puede tener el alma golfa, culta y decente a la vez; un Raúl que también en los tiempos de ‘Pueblo’, cuando algunos demócratas de ahora todavía eran flechas de la OJE, ya escribía como Cristo bendito, si Cristo bendito fuera columnista.

El caso, decía, es que el otro día estuve con Tico, que sigue al pie del cañón. Ni se jubila ni maldito lo que le apetece, y siempre le digo que su divisa o su epitafio —como es supersticioso, nunca deja que hable de epitafios— podría muy bien ser: «Si paro palmo, y si palmo, paro». Estuvimos un rato hablando de los viejos tiempos, y revisamos fotos de los años setenta, donde aparece el arriba firmante con veinticinco tacos menos. Luego Tico se fue, y yo guardé las fotos, y estando en eso me quedé con una en las manos. Fue tomada en Beirut en 1976, durante la batalla del barrio de Hadath, y en ella estoy hecho un pipiolo junto a un joven armado hasta los dientes, Kalashnikov al hombro y granadas al cinto, que se llamaba —todavía se llama— Elie Bu Malham. Ahora ese mismo Elie tiene cuarenta y tantos, un par de hijos y vive en Francia, creo. Pero al día que nos hicimos aquella foto, tenía sólo diecinueve, era miliciano de las fuerzas cristianas libanesas, y desde hacía un año y medio llevaba en el bolsillo una carta escrita en portugués. Una carta que no había leído nunca. Cierta noche en que el frío no dejaba dormir, agazapados en una trinchera de Abu Jaude a esa hora en que se intercambian confidencias y cigarrillos fumados con la brasa oculta en el hueco de la mano, Elie me contó la historia de la carta. En realidad era una anodina historia de amor juvenil: una chica brasileña de vacaciones en Beirut antes de la guerra, un beso furtivo, una despedida, y al cabo del tiempo una carta escrita en portugués que Elie nunca había podido traducir —sólo hablaba un poco de francés—, pero que llevaba consigo a todas partes, como un fetiche. Le dije que yo podía leérsela; y Elie, lleno de ansiedad, sacó de su cartera el sobre con la hoja de papel doblado y desdoblado cientos de veces. La única carta de amor que había recibido en su vida. Nos pegamos al suelo de la trinchera y leí primero para mí, ocultando bajo mi cazadora la luz de la linterna. No era gran cosa: la chica agradecería las atenciones, aseguraba que era un chico muy simpático y nada más. Una carta sosa, agradecida, casi de compromiso. «Tradúcela», pidió Elie, agarrándome del brazo. Me miraba como si le fuera mucho en ello, así que lo hice; pero a la mitad comprendí, por la cara que podía verle al resplandor de la linterna, que aquello era muy frío. Decepcionante. Así que decidí, sin exagerar demasiado, adornársela un poco. Hacia el final, el «muchacho muy simpático» se convirtió en «muchacho encantador e inolvidable», y el «afectuoso saludo de tu amiga», etcétera, acabó siendo «un tierno beso de la que jamás te olvidará», o algo así. Fue mi buena acción —pocas hice— aquel año. A Elie le brillaban los ojos, estaba feliz, y al terminar me pidió que le repitiera la carta al día siguiente, para copiarla al árabe y poder leerla cuantas veces quisiera. Se lo prometí, pero al día siguiente hubo un ataque fedayín, Elie y yo tuvimos otras cosas en qué pensar y nos perdimos de vista.

Lo encontré seis años más tarde, en la misma guerra y en el mismo sitio. Para entonces, Elie ya era comandante. Sabía que yo iba y venía también con los otros bandos, palestino, sunita y chiíta; pero aún así hizo cuanto pudo para facilitarme el curro, y me llevó con su unidad de kataeb a lugares donde no dejaban ir a periodistas. Se había casado con una de las chicas Sneiffer, las hermanas más guapas de Hadath, tenía una hijita que lo abrazaba llamándolo por su nombre, y lo vi llorar una noche que volvíamos del frente hechos polvo y la vio dormida en su cuna. Nos encontramos más veces hasta que en el 91, harto de la guerra, después de combatir durante dieciséis años, emigró con su familia a Francia sin un duro, en busca de trabajo. Me escribió un par de veces, y en ocasiones todavía recibo una postal suya. Nunca volvió a mencionar aquella carta brasileña. Sospecho que alguien se la tradujo de nuevo más tarde, y que la versión fue distinta.

El Semanal, 17 de septiembre de 2000
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Rogorn
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Registrado: Feb 01, 2007
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MensajePublicado: Vie Nov 02, 2012 1:31 pm    Asunto: Responder citando

Cita:
Cada vez que oigo o leo "Brasil" en contexto castellano, los oídos o la vista se me sobresaltan espantados. Porque en nuestro idioma nunca se ha llamado así a este país, o no al menos hasta que la permanente contaminación del inglés ha llevado a muchos periódicos, escritores y locutores a suprimir el artículo determinado que el español ha puesto tradicionalmente a unas cuantas naciones, regiones y ciudades.

Él, que tan aficionado al fútbol es, ¿seguro que decía que jugábamos contra el Brasil, contra la Argentina, contra el Uruguay? ¿El maracanazo del Uruguay en el Brasil? ¿Pelé, el mejor jugador del Brasil?

En fin, mariadas.
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Rogorn
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Registrado: Feb 01, 2007
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MensajePublicado: Vie Nov 02, 2012 1:56 pm    Asunto: Responder citando

NOTA SIN PIE DE PÁGINA
Javier Marías

Nota amistosa. Lamento mucho que mis comentarios sobre el Brasil y el Pozo sentaran mal a mi buen vecino Pérez-Reverte, y, como no me cuesta pedir disculpas si las debo, aquí las tiene con mi pesar. No había animosidad por mi parte, ni menos aún deseo de dar lecciones; pero si lo mosquearon, el efecto es lo que cuenta, bien lo siento. Él, a su vez, y según mi subjetivo criterio, se ha pasado tres pueblos en su destemplada respuesta: según qué cosas... conmigo, por favor, no. Y aprovecho para rogarle cortésmente que, en las entrevistas que concede, no "se cague en Benet", aunque sea el Benet literato y en sentido figurado, y lo diga más suave. Porque es que el Benet persona (que responde al mismo nombre) fue para mí como un padre, y además se me murió, y está muerto. Eso es todo. Tras casi seis años de bromas, buen humor, simpatía y camaradería entre el Duque de Corso y yo, no me da la gana de dejarme arrastrar a las malas pulgas, la seriedad y los mandobles: antes pondría tierra -o papel- por medio y me largaría de aquí con una sonrisa, agradeciendo la confianza depositada y la grata compañía brindada. No lo tome por debilidad, sino por aprecio y memoria. Mi mano sigue abierta y tendida, y, en lo que a mí respecta, aquí no ha habido nada.

El Semanal, 5 de noviembre de 2000

(Javier Marías publicó en 1971 su primera novela, 'Los dominios del lobo' (dedicada a Juan Benet), cuando tenía 19 años)

--

(1996)
-Algunos críticos, tan proclives a las etiquetas, se distinguen entre una literatura de pura evasión, donde usted quedaría inscrito, y una Literatura con mayúscula.
-Esa distinción es artificial, falsa, maniquea e interesada. Durante muchos años, se nos han estado vendiendo “pequeñas obras maestras”, ilegibles, herméticas y vacuas, verdaderos ejercicios de onanismo literario. Me rebelo contra quienes han dicho que esa literatura es la única válida. El daño ha sido inmenso e irreparable: miles de lectores han desertado. Menos mal que gente como Marsé, Mendoza y otros no se resignaron a acatar esa imposición y lograron delimitar un territorio aparte.

-Vamos que hay otra cosa aparte de Faulkner…
-Claro, claro. Ahí están Galdós, Baroja, Valle, Ruano o Foxá, léanselos ustedes. Faulkner es válido, pero también es válido Alejandro Dumas. Este afán por compartimentar la literatura en bandos antagónicos parece que quieren resucitar aquella división entre conceptistas y culteranos, Góngora y Quevedo. Es la vieja dualidad pedante de este país: o eres de Góngora o del bando de Quevedo. Yo, puesto a elegir, me quedo con Quevedo, claro: me gusta su literatura llena de bujarrones, mala leche, sangre, mierda y vida. Un gongorino moderno nos diría “Quevedo no vale porque cuenta cosas, es pura evasión”. La literatura debe ser como el mar: un territorio abierto, sin fronteras, una extensión solidaria y solitaria a la vez, en la cual uno pueda navegar en la dirección que más le plazca. ¿Qué importa el tipo de barco que pilotamos? ¿Qué importa su pabellón? Lo único que importa es navegar, y disfrutar navegando. Lo que no tolero son las imposiciones: Benet me gusta, pero me resulta insoportable que llegue un benetiano diciéndome cómo debo escribir. ¿Sabe? Me tocan las narices los que han pasado la vida con la boca llena de Faulkner. Sólo por llevarles la contraria, reivindicaría a Blasco Ibáñez…

(1997)
A eso se le llama no tener miedo a la propia verdad. Cualidad que ratifica poco después cuando se refiere al mundo de la literatura: "Hay una panda de gilipollas que se han pasado veinte años diciendo lo que se debe y lo que no se debe escribir. Que tan literatura es Juan Benet como Corín Tellado".

(2000)
-Su nueva novela ha tenido críticas espléndidas, hasta el punto de que algún periódico ha dicho que ha ganado la batalla de la crítica.
-Siempre he defendido el derecho a escribir libros como yo quisiera. Decían que Galdós, Dumas y Stendhal no se llevaban, que el canon eran Benet, Ferlosio y Faulkner, pero defendí una manera de contar. Ahora hay muchos que lo hacen. Sí, hablaban también de Borges, a quien conozco mejor que muchos que se las dan de borgianos. 'La tabla de Flandes', sin ir más lejos, está llena de Borges. Lo digo sin chulería, ¿eh?... Porque no soy chulo, aunque puedo serlo si me provocan. Si me buscan me encuentran.

-Se le ha acusado de altanero, de aliterario, de mercantilista, de trivial. Hay una serie de tópicos que funcionan en torno a su figura.
-Eso ocurre sólo en España. Yo publico en veintitantos países y en treinta lenguas, con lo cual, si tenía algún complejo al principio, ya se me ha quitado. ¿El porqué de esos ataques? Soy periodista; empecé como periodista. Nunca he formado parte del mundo literario. Y nunca he estado en grupos, ni he tenido amigos escritores, ni amigos editores, ni asisto a mesas redondas. He sido siempre un forajido, en el sentido literal del término. Un intruso. Empiezo a escribir mis novelas -‘El húsar’, ‘El maestro de esgrima’- cuando todos los críticos propugnan que hay que escribir como Benet, como Ferlosio, como Faulkner. Y yo, que he leído a todos esos autores con muchísimo gusto, digo: «Señores, hay una literatura que no tiene que ver con eso, que es tan digna como ésa y que es perfectamente compatible». ¿Por qué debo renegar de Agatha Christie, si he sido feliz con ella y me ha dado mecanismos narrativos tan importantes como los que me ha dado Dostoievski? Para mí, el concepto de literatura nunca ha sido de habitaciones separadas. El mundo es una biblioteca enorme en la cual hay un lector que conecta todos esos libros. Tan decisivo ha sido leer ‘La isla del tesoro’ como ‘La cartuja de Parma’ o ‘La montaña mágica’. Y eso lo decía cuando llegué a la literatura y empecé a escribir: «¿Por qué puñetas tengo que escribir como Benet? ¡Pues no, señor!» El grupo Herralde, Marías, Azúa era lo que estaba en aquel momento en boga. Jamás he atacado a ningún escritor español, salvo que me ataquen. Pero me obligaban a elegir. La presión de los foros culturales me obligaba a posicionarme. «¿Tú eres benetiano o eres de literatura barata?», preguntaban. Y yo: «Bueno, si hay que elegir, me voy a la literatura barata». Era una cuestión de dignidad personal. «Todo es compatible, pero si queréis que elija, me cago en Benet»..., aunque como lector me ha gustado mucho siempre. Digamos que lo que hice fue que cargué el argumento por ese lado. Pero cualquiera que lea un libro mío sabe que ahí hay todo tipo de lecturas. Me limité a defender una casilla en el tablero de ajedrez de la literatura en España. Para mí tan digno era el Mendoza de ‘El laberinto de las aceitunas’ como Benet. Todo ese esnobismo literario hizo que el lector desertara. Cuando se vio que ese canon no funcionaba, hubo cantidad de críticos que se pasaron de bando, y ahora aceptan que eso también es literatura; pero hace quince años no. Cuando hace quince años comienzo a escribir, defiendo un territorio, y eso hace que me posicione frente a una tendencia. Pero todo esto es teoría... Yo estoy aquí, ahí están mis libros, y ahí está todo.

-Ahora el momento es distinto. Aquello podía ser un esnobismo, pero ahora la literatura, la poesía o el pensamiento necesitan ser defendidos.
-Eso siempre ha estado ahí. Siempre ha habido buena literatura. La literatura está ahí y el lector va y lee. En los años veinte está ‘El caballero audaz’, que era auténtica bazofia, pero también Felipe Trigo, Alfau... El momento no es peor que antes; ahora todo el mundo tiene su oportunidad. Lo que pasa es que luego está el mercado, pero ése es un terreno que no es el mío y además me importa un carajo. Que se publiquen libros no es malo. Si doña María, que trabaja todo el día, por la noche se lee una novela de Ana Rosa Quintana..., quizás sea un mal ejemplo..., de Isabel Allende, pues bendito sea Dios: también tiene derecho a leer. ¡Cómo doña María va a leer a Proust si no tiene estudios y está todo el día trabajando como una mula! Gracias que tiene una telenovela con la cual se evade. Mejor que doña María tenga una educación, pero si no la tiene, bendita sea Isabel Allende.

-Isabel Allende la puede llevar a Proust, pero si no tiene el hábito de la lectura no la puede llevar a nada.
-Como Agatha Christie y Dumas me llevaron a mí a otros. Pero entonces nadie protegía a estos escritores que abogaban por el entretenimiento en la literatura. Yo era uno de ellos y te venían las hostias por todos los sitios.

-¿Usted cree en la libertad de los lectores? A veces no se lee a los clásicos por desconocimiento.
-Es cuestión de educación. Una cosa es que haya un mercado manipulado y envilecido, como lo está, y otra que el lector tenga criterios. Son cosas distintas. A un lector que tenga criterio le pones a Ana Rosa Quintana y a Marsé, y lee a Marsé.

(2007)
-J: He tenido más vida de escritor que tú, pero siempre he negado que escribir sea incompatible con la vida. Don Juan Benet, que me conocía desde que yo era un niñato, me decía, cuando veía que yo escribía a los diecisiete años: "¿Pero qué haces escribiendo a tu edad? ¡Deberías estar dando saltos a la comba!" Puede parecer que siendo tan joven había renunciado a vivir. Ni mucho menos. La lectura y la escritura son una parte de la vida, no están contrapuestas, eso jamás implica una renuncia.
-A: Hay una leyenda urbana de esos tiempos con Benet. Entonces tú eras un chico atlético, un chaval muy guapo; ahora somos iguales, pero en aquel tiempo tú eras más guapo que yo.

-J: Tú has tenido buena planta.
-A: Pues de ese tiempo se dice que eras muy bueno haciendo volatines y que los amigos de Juan Benet le apostaban para que tú hicieras exhibiciones físicas. ¿Eso es verdad?

-J: Yo había sido muy bueno en gimnasia. Y entonces, en aquellas épocas un poco bohemias, en las aceras anchas que hay por Recoletos, en Madrid, me incitaban a hacer volatines, recaudaban dinero. Yo hacía unos saltos medio mortales, y Juan García Hortelano y don Juan se quedaban con el dinero y de ese dinero me daban para el taxi. No es una leyenda, es verdad, y también es cierto que iban todos borrachos. Yo no.

(2008)
-¿De dónde vienen los prejuicios hacia la literatura llamada popular cuando sin la novela popular del siglo XIX no se puede entender la literatura contemporánea?
-A la gente que tiene en esos momentos el control académico de la literatura no le importa la literatura clásica, no la ha leído. Los nombres son Cortázar, Faulkner, Benet, Ferlosio... Me encuentro con enormes lagunas. Estamos hablando de finales de los setenta y ochenta. Es una crítica que desprecia la gran novela con la que se hace la novela, la del XIX. Fomentan la consolidación de unos novelistas que no necesitan leer a Balzac, a Tolstói, para escribir. Respaldan a una generación de narradores a los que les falta un elemento esencial de la novela. Cualquier novelista occidental necesita clásicos griegos y latinos, si es español, el Siglo de Oro, como herramienta y, en cuanto a visión del mundo, la gran novela del XIX y principios del siglo XX. Sin eso no se puede ser novelista. Y la literatura española acaba en una especie de callejón estrecho, aburrido, del que el lector deserta. Cuando los lectores encuentran a un novelista que está contando las historias de siempre pero adaptadas a un mundo actual, se vuelcan.

-¿Qué es un best seller?
-John Le Carré es un best seller, y alguien se atreve a decir que ‘El honorable colegial’ o ‘El topo’ son novelas de entretenimiento. Por eso es una palabra tan peligrosa. Pero se ha convertido en una etiqueta peyorativa. A mí nunca me molestó que me digan best seller, pero si me dicen: usted es un best seller como Follett, entonces sí me cabreo.

(2011)
Escasa acogida tuvo en su salida de 1986 la ópera prima de Arturo Pérez-Reverte, 'El húsar', una magnífica novela breve de acción evidente y pensamiento disimulado. Quienes entonces advertimos su mérito subrayamos que venía a rescatar el viejo gusto de contar, el que, como una determinación antropológica, ha mantenido vivo el interés por el relato de historias atrayentes desde las leyendas fundacionales y hasta nuestros días. Luego, a medida que el autor iba ampliando su obra, obteniendo gran difusión y mereciendo respeto crítico, él mismo proclamó los fundamentos sobre los que ha ido levantado el ya elevado edificio de su narrativa. Por una parte, una retadora beligerancia contra lo que Manuel Vázquez Montalbán llamaba por aquellas mismas fechas "literatura catatónica". Pérez-Reverte mete en ese cajón a Joyce y a Benet, la novela ensimismada y formalista, los libros herméticos y aburridos. Por otra, una defensa de la narración popular, de la que él se considera heredero, en la órbita de Dumas y los folletinistas decimonónicos. Para Pérez-Reverte una novela ante todo ha de contar una buena historia. Y él lo hace con placer y buscando atrapar al lector en la telaraña de sucesos que sustenta sus libros. Aventuras, acción, misterios y sorpresas son los hilos con que la teje. Lo hace más o menos así en casi todos ellos, incluso en la vibrante crónica del 2 de mayo madrileño, y riza el rizo de ese planteamiento en la serie de Alatriste. Todos los recursos del folletín están en el relato de las peripecias del espadachín: intriga, peligros, amores, acción interrumpida, tipos buenos y malos...
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grognard
Alférez


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MensajePublicado: Vie Nov 02, 2012 5:12 pm    Asunto: Responder citando

Alterado Tiquismiquis "el" Marías ¿no?

Gracias por añadir los demás artículos.

En otro artículo de Marías, en El País, "A mi señor padre, el primer escritor que vi"(1999) alaba también a Mendoza y llama "perifollo" a un tal "Del Hoyo o Del Pozo". Twisted Evil
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