Publicado: Vie Nov 30, 2007 11:18 amAsunto: 181 - 22.12.1996 - La novia de D'Artagnan
Ocurrió hace más de siete años en el foro de icorso. En aquel tiempo, al igual que hago ahora, me asomaba esporádicamente por ahí a la búsqueda de noticias o comentarios sobre las novelas de Arturo Pérez-Reverte.
Mi nick era "ASTARLOA" -cuya password olvidé- y recuerdo que escribí poca cosa en el foro. Un buen día ví un mensaje de alguien cuyo nick era "La novia de dArtagnan". Se me fue el puntero del ratón de manera instintiva a leer el mensaje. El texto estaba escrito por alguien que se batía a la brava por no recuerdo qué asunto.
No puede ser, me dije, es solamente un seudónimo. El personaje de uno de mis artículos favoritos de Reverte escribiendo un mensaje en este foro. Y encima mostrando su cuenta de correo electrónico, demasiado bonito para ser verdad.
Aún así me decidí a escribirle un correo en el que le preguntaba, de manera directa, si era aquella chica argentina de ventipocos años con una mochila llena de sueños que tomó café en el patio Bullrich con Arturo. Recibí una respuesta muy educada de esta persona en la que me contaba que sí, lo era, efectivamente. También me contaba que le había hecho recordar un momento mágico de cuatro años atrás, y que su edición favorita de los Tres Mosqueteros -una antigua de Sopena a doble columna- estaba muy ajada por el uso. Por supuesto, fue un honor para mí regalarle una edición Sopena de los Tres Mosqueteros a la Novia de dArtagnan. A partir de ahí surgió entre ella y yo un vínculo epistolar que fue derivando en una amistad con la que a día de hoy me sigue honrando.
¿Y por qué contar esto aquí?, se preguntarán ustedes.
Pues porque ella ha tenido a bien escribir en su blog un recuerdo agradecido de su encuentro con Arturo, porque creo que es de justicia compartirlo con la gente de los foros que tanta información comparte y que no se enteren solamente unos pocos amigos y familiares.
Y porque es demasiado peso.
Le calculé muy veintipocos años. Era la tercera o cuarta de la fila, en aquella librería de Buenos Aires donde el arriba firmante hacía exactamente eso, firmar. Me pareció callada y tímida. Venía cargada con una mochila llena de libros, y cuando llegó hasta mí sacó de ella un leído y releído ejemplar de ‘El club Dumas’.
-Amo a D'Artagnan -afirmó-. Y a los otros.
Lo dijo temblándole la voz, como si acabara de confesar una pasión extraña o prohibida. Aún pareció a punto de añadir algo, pero no dijo nada más, limitándose a mirar el libro que yo tenía en las manos. Escribí unas palabras cariñosas en la primera página, conversé con ella unos instantes y luego pasé a atender a una señora sexagenaria, muy guapa, con ojos verdes que debieron causar importantes estragos en su tiempo. Mientras charlábamos sobre Sevilla y los bares de Triana, vi que la jovencita que amaba a D'Artagnan seguía por allí, entre los libros, con su mochila al hombro. Una hora más tarde, al despedirme del dueño de la librería y de mis amigos, ella aún estaba en la puerta. «Necesito enseñarle algo», dijo. Y le temblaba la voz, como si aquello le costase un gran esfuerzo. «Por favor», añadió. Estábamos junto a la terraza del Patio Bullrich, así que a nada comprometía sentarse cinco minutos y tomar un café. Pero yo dudaba. Miré la hora, incómodo. «Es demasiado peso», dijo entonces la chica, señalando su mochila. Me eché a reír, y al cabo de un instante ella también rió, todavía tímida. Resulta imposible negar un café a alguien que apela, como santo y seña, a las ultimas palabras de Porthos en la gruta de Locmaría, así que la joven que decía amar a D'Artagnan tomó asiento frente a mí, en el borde de su silla, y de la mochila extrajo un montón de manoseadas antiguas ediciones en folletín de las novelas de Alejandro Dumas. Las había ido adquiriendo en librerías de viejo, explicó.
Todo estaba allí: ‘Los tres mosqueteros’, ‘Veinte años después’, ‘El vizconde de Bragelonne’... Y ella habló. A pesar de su timidez, sin apenas levantar los ojos de los libros, contó largamente, de un tirón, sus muchas horas a solas recorriendo la ruta de Calais, en los corredores del Louvre, batiéndose con Jussac y los guardias del cardenal, enarbolando como bandera la servilleta del baluarte de San Gervasio, o escapando por azar al vino de Anjou envenenado por Milady. Lo conocía todo mejor que yo. Y desde niña, aclaró. Para comprobarlo, nos planteamos una especie de cuestionario mutuo que resultó de lo más divertido: el tamaño de los pies de Constanza Bonacieux. Los tres apellidos de Porthos. El nombre del perro de Beaufort. Qué dama usa el alias de María Michon. Quién es Biscarrat, en qué capítulo rompe su espada y en qué capítulo del Bragelonne aparece su hijo. En qué calle vive D'Artagnan cuando es teniente de mosqueteros. Y la única pregunta que ella no supo responder: el nombre del padre del malvado Mordaunt, hijo secreto de Milady. De los Mosqueteros pasamos a ‘El conde de Montecristo’ y ‘La reina Margot’, y de Dumas nos fuimos liando con Sabatini, Salgari y los otros, entre ‘Scaramouche’, ‘El corsario negro’ y El prisionero de Zenda’. Mencioné a Ruperto de Hentzau y la risa de Yáñez, y en ese momento vi que Paula lloraba.
Lo hacía silenciosa y mansamente, y había lágrimas que le rodaban por la cara yendo a caer sobre las tapas descoloridas de los viejos folletines. Molesto, pregunté por qué diablos me hacía esa faena. Ella levantó la cara, muy grave y muy seria: “Nunca había podido hablar de todo eso con nadie”, dijo. Y supe que me estaba contando la verdad. Después, mientras yo pagaba los cafés, Paula fue metiendo uno a uno los viejos folletines en su mochila. Lo hizo con una dulzura infinita, procurando que no se doblasen las gastadas tapas, como si se tratara de objetos preciosos. Y se puso en pie. “Ojalá existiera Ruritania”, murmuró.
-Existe –respondí-. Limita al norte con Syldavia y al sur con el castillo de If.
Aún tenía húmedos los ojos, pero la vi sonreír.
-Entonces el próximo café lo pagaré yo –dijo-. Si alguna vez nos vemos en Zenda.
Después me dio un beso fugaz. Y la vi alejarse entre la gente, con su pesada mochila llena de sueños.
Registrado: Dec 02, 2005 Mensajes: 7824 Ubicación: Virreinato del Río de la Plata
Publicado: Vie Nov 30, 2007 5:50 pmAsunto:
Gracias, Gurriato, por la info.
Es el artículo favorito de unos cuantos.. _________________ Había descubierto fascinada, estremecida de placer y de miedo, que todos los libros del mundo hablaban de ella.
Registrado: Feb 01, 2007 Mensajes: 5423 Ubicación: Campeón del Mundo
Publicado: Vie Nov 30, 2007 8:06 pmAsunto:
Edito el mensaje para añadir el artículo correspondiente original y lo cambio a 'Patentes de Corso'.
Gracias por la información, Gurriato. Dile que se pase, si no se pasa ya.
Es una historia preciosa. No la había leído. Gracias por traerla y felicidades a la novia de D'Artagnan, es todo un honor verse aparecida en una patente del Capitán _________________ "Al final lo que está en juego es como vivir con el desorden". Arturo P-R
Registrado: Jun 09, 2006 Mensajes: 2454 Ubicación: León alatristero
Publicado: Vie Nov 30, 2007 9:15 pmAsunto:
Gracias por compartir esta pequeña pero preciosa historia, Gurriato. Y como dice Ro, las puertas están abiertas de par en par. _________________ Y pues quien le trae al lado
es hermoso, aunque sea fiero,
poderoso caballero
es don Dinero
Muy bonita y emocionante historia, Gurriato. Gracias.
Y precioso el blog de la novia de d´Artagnan, por cierto.
¡No dejéis de visitarlo!
Hay por ahí escondida una gente ciertamente kojonuda.
Preciosa patente. Gracias Gurriato. _________________ -Eres todo un hombre-añadió al fin-.Capaz de alzar la voz y de matar, por supuesto. Pero también de morir...Procura recordarlo cuando hables conmigo de ciertas cosas. (pag 202. Corsarios de Levante)
Quiero agradecerle a mi muy querido amigo Gurriato( yo lo conocía con otro nombre) las cosas tan lindas y agradables que ha dicho de nuestra amistad. ¿Qué otra cosa sino amistades pueden ocurrir en torno a un libro como Los tres mosqueteros? También agradezco la invitación que se me ha hecho de participar en este espacio y los comentarios agradables de quienes han repondido a mi amigo y han visitado mi blog, como David Bowan y Emi -Wan. Es muy lindo saber que tantos compartimos el amor por la aventura vivida en los libros, que tantos nos batimos en San Gervasio, nos enamoramos como PIgmaliones de Artagnanes y Miladys o nos miramos en los ojos glaucos del Capitán.
La Novia de D'Artagnan
( y gracias, como siempre, al caballero Reverte porque gracias a él puedo firmar orgullosamente así)
Registrado: Oct 20, 2005 Mensajes: 3057 Ubicación: Ahí al lao
Publicado: Lun Dic 03, 2007 2:36 amAsunto:
Gracias, Paula, gracias, Gurriato, por hacernos llegar historias y sentimientos tan hermosos, delicados y sublimes. Sed bienvenidos a esta, vuestra casa. _________________ "El grog es una mezcla secreta que lleva uno o más de lo siguiente: Queroseno, glicol propílico, acetona, ron, endulzantes artificiales, ácido sulfúrico, tinte rojo nº 2, scumm, ácido para baterías, grasa para ejes y/o pepperoni."
Registrado: Jun 09, 2006 Mensajes: 2454 Ubicación: León alatristero
Publicado: Lun Dic 03, 2007 8:57 amAsunto:
Es un honor contar en este foro con la protagonista de esta bella patente. _________________ Y pues quien le trae al lado
es hermoso, aunque sea fiero,
poderoso caballero
es don Dinero
Registrado: Sep 18, 2006 Mensajes: 583 Ubicación: Et in Arcadia ego
Publicado: Lun Dic 03, 2007 5:08 pmAsunto:
Qué bonita historia, y cómo me alegra poder hablar aunque sea virtualmente con la novia de DÁrtagnan .
Un placer teneros aquí a los dos, me sumo a los otros foreros en su calurosa bienvenida. _________________ Uno a uno, todos somos mortales, juntos somos eternos. F.Quevedo.
Muchas gracias a todos por la calurosa bienvenida. Y gracias a Rogorn por incluir el texto original del artículo. Espero poder corresponder aportando alguna cosa de interés para todos. Un abrazo.
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