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Pérez-Reverte, Duke of Corso del Reino de Redonda
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Autor Mensaje
grognard
Alférez


Registrado: May 02, 2011
Mensajes: 3028
Ubicación: emporiae

MensajePublicado: Dom Jun 10, 2012 6:29 pm    Asunto: Responder citando

Esa Miseria.
10.06.2012

Hará unos tres meses dediqué aquí una columna a la per­cepción que de la justicia y los jueces tienen la mayoría de los españoles, y la titulé “En el lodazal”. Esa colum­na me trajo unos cuantos reproches de magistrados, que me instaban a hablar de hechos y no de impresiones, y me espetaban que muchos de ellos cumplen fiel y honradamente su tarea. No lo pongo en duda y quisiera creer que son los más, oja­lá. Respecto al primer reproche, ¿por qué no va a hablar uno de una impresión, una sensación o una percepción? Cabe que sean injustas y erradas, claro está, pero muy tonto o soberbio sería el gremio que hiciera caso omiso de ellas, sobre todo cuando son generalizadas, y no se parara a preguntarse por las causas de la visión negativa que de él tiene el conjunto de la sociedad, y no tratara de corregirla. Lo propio de este país es, sin embargo -y viene de antiguo-, desdeñar a la gente y seguir como si tal cosa. Hace diez meses se publicó un “barómetro” que medía eso, el grado de confianza de los ciudadanos en sus diferentes instituciones y colectivos. Los mejor parados, en este orden, fueron los científicos y los médicos, con un 7,4 sobre 10; a continuación, la Universidad, la sanidad pública, la policía, la Seguridad Social, las pequeñas y medianas empresas y los intelectuales. Todos ellos quedaban por encima de la Guardia Civil, los milita­res, las ONGs y el Rey.

Los menos dignos de confianza (y la pregunta hecha a los consultados rezaba así: “¿En qué medida le inspiran confianza, es decir, sensación de poder confiar en ellos… ?”, y la cursiva es mía) resultaron ser, por este orden: los políticos, con un 2,6, los partidos, los bancos, el actual Gobierno del Estado, los obispos, los sindicatos, la Ad­ministración de Justicia, las cajas de ahorros, los Gobiernos de las Comunidades Autónomas y la Iglesia Católica. Los jueces también eran suspendidos, aunque quedaban algo menos mal. Desde entonces (7 de agosto de 2011) yo no he visto el menor propósito de enmienda -ni siquiera la menor vergüenza o pre­ocupación- por parte de estos colectivos o instituciones que más ahuyentan. Lo que piense la gente parece traerles sin cui­dado, carecen de toda autocrítica, son tercos y despreciativos, se limitan a mirar por encima del hombro tales opiniones y sen­saciones. Y, curiosamente, el actual Gobierno de la nación (que no es el de aquella fecha) se dedica a castigar a los mejor valo­rados: a los científicos se los deja sin medios y se los impulsa a emigrar; a los médicos y a la sanidad pública se los maltrata y se la empeora, respectivamente; a la Universidad le ponen un Mi­nistro de Educación desfachatado, pero romo y servil con sus superiores, al que los rectores no quieren ver ni en pintura; a los intelectuales, por supuesto, no se les hace ni caso. Uno diría que los más indignos de confianza son quienes llevan la batuta, y se vengan de los más dignos a conciencia.

En aquella columna mía mencionaba al “presuntuoso Presi­dente del Poder Judicial, Carlos Dívar”. El adjetivo no estaba puesto a la ligera: su actitud, su suficiencia y sus palabras suelen ser presuntuosos. Y citaba unas declaraciones suyas de enton­ces: “Esa constante deslegitimación de una institución clave como el Poder Judicial produce unos efectos sobre su credibili­dad que son de costosa y difícil reparación”. Y que lo diga usía. Sobre todo después de la reciente deslegitimación de la que él mismo ha hecho objeto a ese Poder con el escándalo de sus vein­te “fines de semana” de cuatro y cinco días en Marbella (¿desde cuándo las semanas se cuentan al revés?), con gastos inexplica­dos y en apariencia superfluos (hoteles y restaurantes de lujo, un batallón de guardaespaldas) cargados al erario público. El fiscal ha archivado el caso al no apreciar” ánimo de lucro”, y el juez Dívar, como si estuviera en época de Franco (ay, cómo se nos van pareciendo), no sólo ha rehusado dimitir, sino que ha sostenido que no tiene por qué revelar nada de sus horteras estancias ni dar explicación alguna a la prensa. Tal vez no haya habido ánimo de lucro, pero todo apunta a que sí podría haber habido “áni­mo de ahorro” o “ánimo de sisa”. Nadie se hace mucho más rico por 13.000 euros, la cantidad gastada sin justificación, pero ahorrárselos a costa del contribuyente no está nada mal.

Lo peor, con todo; lo que debería haber llevado a Dívar a dimitir independientemente de que haya o no delito en su pro­ceder; lo que demuestra que el encargado de juzgar a los demás no tiene ni idea del mundo que lo rodea ni de las necesidades de quienes pueden estar un día a su merced, es que se haya referi­do a esa suma, con gran displicencia, como a “una miseria”. Sin duda lo será para él, que percibirá uno de los más elevados suel­dos de la nación, como lo sería para cualquier banquero o Pre­sidente de Comunidad Autónoma. Pero 13.000 euros es lo que gana mucha gente en un año, hoy con suerte. Numerosos traba­jadores con jornadas de ocho horas no ven ese dinero en el mis­mo periodo de tiempo. Y unos cinco millones de españoles es­tán ahora mismo en el paro, sin ingresar nada o un modestísimo subsidio. No puede ser juez de nadie -menos aún estar al frente de sus colegas- quien ignora todo esto. Pero como es imposible que el señor Dívar lo ignore, entonces no puede ser juez quien vive tan instalado en el señoritismo que, pese a ser católico con­feso y ferviente, ni siquiera se da cuenta de cuándo humilla y ofende a sus semejantes.


Ultima edición por grognard el Dom Jun 10, 2012 8:09 pm, editado 1 vez
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Siana
Alférez


Registrado: Jun 15, 2006
Mensajes: 4741
Ubicación: Barcelona

MensajePublicado: Dom Jun 10, 2012 7:47 pm    Asunto: Responder citando

Cita:
Y, curiosamente, el actual Gobierno de la nación (que no es el de aquella fecha) se dedica a castigar a los mejor valo­rados: a los científicos se los deja sin medios y se los impulsa a emigrar; a los médicos y a la sanidad pública se los maltrata y se la empeora, respectivamente; a la Universidad le ponen un Mi­nistro de Educación desfachatado, pero romo y servil con sus superiores, al que los rectores no quieren ver ni en pintura; a los intelectuales, por supuesto, no se les hace ni caso. Uno diría que los más indignos de confianza son quienes llevan la batuta, y se vengan de los más dignos a conciencia.

Curiosamente, sí.

Gracias Gro.
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Victoria
Alférez


Registrado: Mar 01, 2012
Mensajes: 1061
Ubicación: Por tierras de España.

MensajePublicado: Dom Jun 10, 2012 7:49 pm    Asunto: Responder citando

Muy bueno Grog, gracias.

Por cierto, ¿las cosas de Marías se cuelgan aquí?
He leído una entrevista hoy y me gustaría ponerla... y acertar con el hilo correcto por una vez. Ojos Movidos
_________________
La única salvación de los vencidos es no esperar salvación alguna.
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Rogorn
Alférez


Registrado: Feb 01, 2007
Mensajes: 9429
Ubicación: Campeón del Mundo

MensajePublicado: Dom Jun 10, 2012 8:59 pm    Asunto: Responder citando

Sí, aquí.
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Victoria
Alférez


Registrado: Mar 01, 2012
Mensajes: 1061
Ubicación: Por tierras de España.

MensajePublicado: Dom Jun 10, 2012 9:02 pm    Asunto: Responder citando

Javier Marías: “En España estamos viviendo una especie de enorgullecimiento de la ignorancia, de la bruticie”

Enric González (JotDown)

El escritor Javier Marías (Madrid, 1951) ha alcanzado ya una cierta inmortalidad. La editorial británica Penguin le ha incorporado a su colección de “modern classics”, en la que figuran sólo otros cinco autores en lengua castellana (Borges, García Lorca, García Márquez, Octavio Paz y Neruda), pertenece desde 2006 a la Real Academia de la Lengua y es, además, rey del mágico Reino de Redonda. Vive solo en un piso amplio del viejo Madrid, sin ordenador pero con miles de libros y de objetos curiosos. Es un hombre reflexivo, amable y formal. Esta conversación se desarrolla en su casa, entre cigarrillos y refrescos.

¿Cuándo fue la última vez que te acordaste de tu padre, el filósofo Julián Marías?

Me acuerdo a diario, igual que suelo acordarme de todas las personas que han muerto y que han sido muy queridas. El hecho de que alguien haya muerto no es razón suficiente para no tenerle en cuenta. Ahora se cumplirán 20 años de la muerte de Juan Benet, que era un amigo, aparte de un escritor al que admiré mucho. Durante muchos años, cuando veía en una librería de viejo algún libro que le podía gustar a algún amigo, si tenía dinero y me lo podía permitir, se lo compraba. Y aún ahora a veces me viene el impulso de decir “Esto para Juan”, aunque son sólo unas décimas de segundo. En ese sentido, recuerdo a diario a mi padre. Recientemente, la editorial Fórcola ha hecho una reedición de un texto suyo de 1980 que estaba muy bien. Me mandaron ejemplares de esa pieza, que se llama La Guerra civil, ¿cómo pudo ocurrir? A mí no me atraía todo lo que escribía mi padre; tiene libros sobre el cristianismo que nunca me han interesado, pero ese texto está realmente bien. Además han reproducido algunas fotos suyas vestido de soldado republicano, y por ese motivo lo he recordado en particular.

Vivíais los dos como una pareja de solteros.

Sí, durante unos años, por decirlo así, compartimos piso. La casa era lo bastante grande como para que después de mis años de vagabundeo por diferentes países —sobre todo Inglaterra, Estados Unidos e Italia— y de que él enviudara en 1977, con mis hermanos ya casados, viviéramos juntos. Cada uno llevaba su vida y tenía sus zonas, coincidíamos normalmente para el almuerzo. En alguna entrevista de esa época yo ya decía que vivíamos como dos solteros o dos viudos, como prefieras. Él era viudo y yo era soltero. Bueno, lo sigo siendo, he tenido mis parejas pero no me he casado.

Sigues haciendo vida de soltero.

Sí, quitando los períodos que paso con ella, que vive en Barcelona. A estas alturas ya estoy demasiado acostumbrado para otra cosa.

¿Es por voluntad tuya o de ella?

En gran medida viene impuesto por las circunstancias, pero a estas alturas, cuando ya he cumplido 60 años, llega un momento en el que hay que pensar que dado que cosas parecidas me han ocurrido con diferentes relaciones a lo largo de mi vida… tuve novias que estaban en Estados Unidos y yo aquí, o en Inglaterra. En los 70 sí que conviví plenamente, tenía una pareja de Barcelona y me trasladé durante tres años. Pero es la única vez, desde entonces no he convivido permanentemente con nadie. Siempre ha sido por las circunstancias, pero me temo que hay un denominador común que soy yo, así que a lo mejor algo de elección semiinconsciente sí ha habido.

¿Juan Benet o Sir Peter Russell son para ti figuras paternas?

Son más que eso. Tienen algo de figuras paternas, pero además eran dos personas, cada una con su estilo distinto, muy extraordinarias, cultísimas, inteligentísimas… además de figura paterna han sido personas de las que yo he aprendido mucho; sobre todo con Benet, más que con Russell. Russell es una figura extraordinaria pero lo traté mucho menos. Lo traté los dos años que estuve en Oxford en los 80 y luego ya más por carta, sólo nos veíamos de vez en cuando. Con Benet tuve una amistad continuada de más de 20 años. Siempre he sostenido que Benet es de esos escritores que no admiten a los seguidores. En cuanto uno intenta seguirlo se convierte en parodia, como sucede, por ejemplo, con Kafka. Es curioso que haya tantísimos kafkianos cuando es de esos autores a los que cuando uno intenta seguirlo se convierte en epígono. Y Benet pertenece a esa categoría. No es tanto que su literatura me haya influido, aunque sí que he aprendido cosas, sobre todo de tipo técnico. Fue sobre todo un maestro vital: una persona que te enseñaba a mirar, que te enseñaba a razonar, que tenía un oído finísimo para la música, que tenía un ojo extraordinario para la pintura… sabía enseñarte a ver y oír. Además era muy divertido, a pesar de la fama de adusto que le ha quedado. Cuando salía en televisión, que salía pocas veces, se enfurruñaba y le gustaba hacerse el arisco, pero a la hora de la verdad era una persona encantadora. Era risueño, muy juvenil, gamberro, malicioso en el buen sentido de la palabra, aunque no tenía la mala uva que se da tanto en España. Era muy estimulante en todos los sentidos.

¿Qué encontrasteis el uno en el otro? Porque la diferencia de edad era grande.

Sí, él me llevaba 24 años, me parece. Supongo que lo que pasó fue que Benet, sobre todo a raíz de la publicación de Volverás a Región en 1967, fue para muchos jóvenes una especie de banderín. Era un tipo de literatura española distinta de la habitual y predominante. En 1967 yo era muy joven, aún estaba en el colegio, pero fui muy precoz y empecé a leerlo. Quizá a este pequeño grupo de admiradores jóvenes nos fue viendo la gracia, a cada uno por un motivo, y yo tuve la suerte de que mi primera novela le gustó —cuando él era muy estricto y casi nada de lo que se hacía le gustaba, pudiendo ser bastante brutal en sus críticas—. Pero esa novela le cayó en gracia. A veces tengo la sensación de que yo le divertía, le caía bien, lo que iba haciendo le gustaba con sus más y sus menos (el último libro mío que leyó fue Corazón tan blanco) y me tenía estima literaria. Y para mí era como un regalo, a pesar de la diferencia de edad podía ser más gamberro que los más jóvenes que él, de manera que nunca fue lo que antiguamente se llamaba “un señor”. Podía serlo ocasionalmente, como cuando oficiaba de ingeniero, en lo que según tengo entendido era muy competente. Recuerdo que una vez le dieron una medalla de la Escuela de Ingenieros y se empeñó en que todos los amigos literarios fuéramos al acto, aunque nos daba igual y nos traía sin cuidado, porque él le daba importancia a eso.

Hablando de tu precocidad, ¿cómo se maneja eso de ser casi un niño prodigio y luego ir ganando años? ¿Hay alguna sensación de extrañeza o todo fluye naturalmente?

En septiembre cumplí 60, y tuve la sensación de “Pero esto… ¿cómo ha ocurrido?” Supongo que le pasa a cualquier persona, se dedique a lo que se dedique. Sí es verdad que como empecé muy joven y publiqué la primera novela con 19 años fui durante mucho tiempo, quizá más de la cuenta, el más joven de la generación porque lo que yo consideraba mi generación eran más bien mayores: Eduardo Mendoza, Félix de Azúa, toda esa gente. Y luego, durante muchos años, supongo que fui considerado un joven escritor o promesa… bueno, creo que aún se me considera promesa por parte de mucha gente, hay ahí una cosa rara. Quizá se hereda esa especie de sambenito y perdura más tiempo del que toca, pero con 40 años ya se es un hombre y un autor más o menos maduro, si no es que uno ha empezado a escribir a los 35, como Conrad o el propio Pérez-Reverte, que debió de empezar a escribir novelas hacia esa edad. El otro día recibí un libro que ha sacado Oxford University Press de un estudio llamado “Javier Marías debt to translation”, que es un estudio sobre la traducción de mi obra. Es muy gordo y pienso: “¿Da para todo eso?” Ese tipo de cosas me parecen chocantes y me da la sensación de que todo ello es una exageración y no se compadece bien con la idea que yo sigo teniendo de que lo que voy haciendo lo hago de la misma manera que hice las primeras novelas: de una manera muy tentativa, sin saber lo que va a salir, muy inseguro… Es algo que he comentado en muchas ocasiones, es un poco desesperante, y supongo que pasa con otros oficios artísticos. Llevo 40 años en esto y una persona que lleve 40 años en un oficio determinado, sea de profesor o de carpintero, sabe que la mesa la va a hacer bien o que va a dar la clase bien… o incluso quizá la crónica del corresponsal, supongo que llega un momento en el que…

No te creas.

Sí, quizá eso es más… pero bueno, da un poco de rabia, por lo menos en mi caso, que cada vez que empiezas una novela, en el supuesto de que las anteriores hayan estado bien o así lo haya dicho un cierto número de gente, no te sirva de nada. Pongamos que esta novela y la anterior hayan salido bien; eso no me garantiza que la que estoy empezando ahora vaya a salir bien.

Cabe sospechar que sí.

Desde fuera sí. Cuando empiezo una novela nueva y digo que se me hace una montaña o que me he dado cuenta de que no sé hacer novelas no es coquetería, es que me parece inverosímil haber hecho otras.

Tú construyes las novelas sin demasiados planes previos.

Si, de esa manera extraña que he contado varias veces. Pero me doy cuenta de que no sé hacerlas. Cuando lo digo la gente cercana me toma a guasa y me dice que tiene la seguridad de que mi novela saldrá bien, pero esa confianza que tienen ellos es la que yo puedo tener en esas personas porque sé que hacen muy bien lo suyo; esas personas, a su vez, tienen inseguridad en lo que hacen. Y a mí no me sirve de nada que me digan que luego saldrá, porque mientras no sale lo paso mal. En este sentido, contestando a la pregunta que me hacías, la cosa ha cambiado demasiado poco. Por mi propio interés y tranquilidad me encantaría haber llegado a ser uno de esos escritores, que los hay, que se sienten segurísimos de lo que hacen. Es más, hay algunos que llegan a convencerse tanto de que ellos son Fulano… “Soy Thomas Mann”, por ejemplo.

Es un buen comienzo.

No, no me refiero a que alguien crea que es Mann, sino que Thomas Mann, por lo que sé de él a través de la lectura de sus diarios y correspondencia, debió de interiorizar que era Thomas Mann. Más allá de quién era él, era Thomas Mann, que tiene esa figura pública, a quien otorgaron un premio Nobel bastante joven… Supongo que hay gente que, igual que Mann estaba muy convencido de su valía, piensan que, puesto que sale de ellos, lo que sea que escriban va a ser bueno. Hay gente así, lo percibes. Y a mí me encantaría ser así, porque debe de dar una tranquilidad enorme.

En España no creo que haya un escritor con el que los críticos babeen tanto como contigo.

Más fuera de España que aquí. No es por hacerme el modesto, insisto. Lo sé pero no lo siento, no lo acabo de interiorizar. A la hora de ponerme con un texto nuevo no me ayuda mucho; al revés, pienso que han exagerado, se han equivocado… es un poco inevitable tener una cierta sensación de farsante. Si he logrado hacer esto no tenía tanto mérito, porque como uno lo ha hecho ya parece cosa más fácil. Imagino que es como en el fútbol, una vez que se ha ganado un partido el partido parece más fácil de lo que era. Lo difícil es lo no he hecho todavía.

¿Te resulta cómoda la disciplina del artículo semanal o es una condena?

Depende de las semanas. Ahora llevo ya nueve en El País Semanal y antes había estado ocho en El semanal. Son 17 años haciendo una columna semanal todos los domingos y hay días en los que piensas que has hablado ya de todo lo habido y por haber, pero como la realidad es muy repetitiva, te repites.

Hay ritos anuales muy celebrados: el artículo de Manuel Vicent sobre los toros, el tuyo sobre la Semana Santa…

Este año no he hecho el de la Semana Santa porque en verano ya había hecho uno sobre la visita del Papa. Hay veces en las que tiene uno la sensación de que se repite, aunque luego probablemente no tanto. Hay semanas en las que te sobran los temas y otras en las que te sientas ante la máquina cuando ya toca y te preguntas de qué diablos vas a hablar. Alguna vez me he sentado ante la máquina porque había que entregar al cabo de unas horas y me he puesto a mirar alrededor, por si en la habitación encuentro un tema. Recuerdo una vez en El semanal, había dormido fatal, estaba medio “groggy”, y tengo por ahí una carta mecanoscrita de Dashiell Hammett que compré hace tiempo y una foto suya que creo que es inédita y hablé de eso. Traduje parte de la carta y creo que titulé el artículo La carta del hombre delgado. Hablaba también de la foto… a veces con algo de tu propia habitación o estudio sales del paso.

Uno se pone a mirar lomos de libros y algo sale.

Sí, algo sale. Lo que tiene para mí de saludable es que me obliga a estar atento a lo que sucede, a la calle y al resto de las personas. Los novelistas corremos el riesgo de vivir temporadas largas absortos en nuestras novelas. Si yo hiciera solamente mis novelas y un artículo de prensa cada dos meses, como hacía antes, estaría menos atento. Creo que es saludable estar obligado a no perder de vista las cosas que pasan de toda índole, sean de fútbol, de literatura, de cine, de política, de la lengua, de la vida cotidiana… eso es bueno. Prefiero verme obligado a eso que encerrarme demasiado en mis mundos. Siempre he dicho que en la ficción se descansa. Una de las razones por las que escribo novelas es porque en la ficción uno descansa del resto.

De lo que no es ficción.

Sí, es una verdadera evasión si uno quiere. Un antiguo comunista diría “¡Pero esto qué es, escapismo!” Sí.

Tú fuiste comunista.

Mi paso por la clandestinidad fue breve. En el primer curso de universidad pertenecí a un grupúsculo que estaba ala izquierda del partido comunista.

¿El Partido Comunista internacional?

Sí. Y duró ese año porque, como pasaba a menudo, se descubrió que uno de los jefecillos era un infiltrado de la policía, con lo cual hubo una desbandada y durante una temporada volvía a casa tarde y miraba si había algún coche aparcado que pareciera sospechoso. Te hablo de mis 17 años. Era antifranquista y militar era la manera organizada de hacer algo, pero realmente nunca me convenció mucho. Ahora acabo de escribir un artículo que me pidieron sobre la Eurocopa en el que digo que en las circunstancias actuales de España, más que la victoria en sí misma, lo que importa es que la selección supere fases porque mientras dure la Eurocopa habrá un poco de opio, lo cual no viene mal.

¿Qué le ha pasado a España estos años? Yo me fui y ahora la encuentro distinta, peor.

¿Respecto a cuándo?

Pongamos 20 años.

Desde el 92, entonces. Pues no sé qué ha pasado. Tengo una sensación bastante frustrante, desesperante y rara; y es que dio la impresión en los 80 y primeros 90 de que el país podía cambiar respecto a lo que habíamos conocido.

Sí, que se había roto un círculo vicioso.

Había un cierto afán de mejorar en todos los sentidos, no sólo en democracia, sino que la gente tenía cierto afán por ser más educada, cultivada, guapa… recuerdo que a final de los años 80 escribí un artículo por encargo que titulé La edad del recreo previendo que esos tiempos parecían un poco banales, pero que los íbamos a echar de menos. La gente se dedicó a acicalarse bastante, a tener mejor aspecto y a cuidarse. Era algo generalizado y de pronto, coincidiendo en parte con los años de Aznar, hubo una especie interrupción de todo eso y de regresión a cosas que recuerdan al franquismo. Si en los 80 y primeros 90 la gente parecía decidida a saber más y a ser más instruida en el mejor sentido de la palabra, ahora es como si surgiera un cansancio frente a eso y la gente se dijera: “Pues mire, sí, somos brutos, y a mucha honra.” Ésa es la sensación, muy frustrante, que tengo en los últimos años, bastantes ya. , del “déjennos ustedes en paz porque lo que nos gusta es esto”. El otro día lo comentaba con Pérez-Reverte. Le dije: “¿No te das cuenta de que, cuando nos toque, nos vamos a morir y este país no va a haber cambiado esencialmente del que conocimos cuando nacimos en 1951, en pleno franquismo?” Sobre todo teniendo en cuenta que venimos de una dictadura. Los que vivimos parte de la dictadura teníamos la esperanza de que cuando acabara sería distinto. Y parecía que lo iba a ser, pero ahora uno tiene la sensación de que no es muy distinto. Durante el franquismo un alcalde, un ministro o la policía podían cometer una arbitrariedad y no había nada que hacer, había que aguantarse. Ahora es un poco lo mismo. Existe la posibilidad de votar distinto, pero lo cierto es que se vota lo que se vota y durante los cuatro años de mandato los que mandan se comportan como si nada tuviera consecuencias. Es lo que ocurre con el presidente del Consejo del Poder Judicial: se denuncia al que le ha denunciado. Eso retrotrae a épocas de dictadura. No digo que haya una dictadura, en absoluto, pero la sensación es de impotencia. Tampoco se puede culpar sólo a la clase política, porque la gente también tiene parte de culpa. Y digo culpa entre comillas. Esa palabra la empleo yo, pero probablemente la mayoría de mis conciudadanos diría: “¿Cómo que culpa? A mucha honra, somos así.”



Tú el franquismo lo viviste dentro y fuera, porque de muy pequeño acompañaste a tu familia a Estados Unidos.

Sí, pero era muy pequeño. La primera vez tenía meses, por lo que no me quedan recuerdos; y la segunda fue con cuatro o cinco años, muy niño. Yo esencialmente estuve en Madrid, mi infancia es de niño madrileño.

Pero fuiste vecino de Nabokov.

Poco antes de instalarnos en Massachusetts supe que Nabokov había estado en el mismo edificio, pero no coincidimos por un par de años. Vivíamos en la casa de Jorge Guillén, porque mi padre era su sustituto.

Volviendo a lo de antes del desánimo: tanto Arturo Pérez-Reverte como tú podríais vivir donde os apeteciera, y ambos elegís vivir en Madrid.

Quizá ahí la edad sí cuenta un poco. Llega un punto en el que no es tan fácil hacer un traslado en regla y decir: “Me llevo 20.000 libros…”

Tienes unos cuantos, sí.

En este piso y en otro, abajo, que también alquilo, donde trabajo a veces y donde desde hace unos pocos meses una amiga me hace alguna labor de secretariado, por así decir (ella maneja ordenador, cosa que yo nunca he hecho, y así ya se me pueden enviar e-mails), tengo mucho libro. Deben de ser cerca de 20.000. Y luego supongo que también hay un elemento raro: yo me siento muy cómodo en Inglaterra y en Italia porque he vivido en ambos países, me siento a gusto y hablo las respectivas lenguas. Cada uno a su estilo, me siento muy a gusto, pero para un traslado… Hay miles de cosas que no me gustan y que me sacan de quicio de mi país y mi ciudad, pero también cuenta el hecho de que soy de aquí. Si por algo me distingo es por no ser nada patriota, pero es la fuerza de la costumbre. Supongo que uno echaría de menos durante demasiado tiempo incluso cosas que a uno le desagradan. Tú has vivido mucho más tiempo que yo fuera y no sé si te pasa algo parecido.

Yo, si pudiera, me iría otra vez.

Quizá es el hábito de estar fuera.

Cambio de tema. Hace años, lo que más me gustaba de los partidos Madrid-Barça eran los artículos enfrentados que publicabais en “El País” tú y Manolo [Vázquez Montalbán].

A mí, casi desde que murió él, ya no me encargan que escriba sobre esos partidos.

Eres autor de una obra clásica sobre fútbol.

Tengo ese librito que recoge lo que he ido publicando a lo largo de los años. Hace no mucho en un artículo explicaba que ya no es igual. Con eso no contaba, pensaba que una de las cosas que se me quedarían intocadas sería el fútbol, y no. Lo de Mourinho lo llevo muy mal. Cuando gana el Madrid me alegro momentáneamente, porque es la costumbre de toda la vida, pero al cabo de dos minutos pienso: “Sí, pero…”

¿Eso es sólo por Mourinho?

Sí, en gran medida. También por la política del club. En el fútbol hay un factor sentimental importante, y cuando a la gente del club no se le deja llegar al primer equipo… No porque los que vengan te parezcan mercenarios y esas tonterías que dice la gente, pero por no remitirnos a la Quinta del Buitre, hasta hace muy poco jugaban tres o cuatro como Casillas, Raúl, Guti… Ahora no queda casi nadie que venga de la cantera.

Y que sepa realmente qué es el Real Madrid.

Y que tenga una cierta conciencia sentimental más que histórica. Pero bueno, sobre todo lo de Mourinho me es muy difícil. El fútbol pertenece más al terreno de la ficción que a otra cosa, tiene mucho que ver con una novela o una película. Como además es algo que casi todo el mundo comienza a vivir en la infancia, y por eso es tan intenso y se mantiene a edades casi provectas, quien más quien menos quiere creer que los de su equipo son los buenos, los nobles, los que ganan con caballerosidad y pierden con elegancia, los que no hacen trampas… Los madridistas siempre hemos tenido esa idea, quizá equivocada desde el punto de vista de un culé o de un colchonero, de que el Madrid gana mereciéndolo o procura que sea así. De pronto, en las actuales circunstancias, te das cuenta de que es imposible pensar que los del Madrid son los buenos. Es tan evidente que son los malos… No lo digo por los jugadores, que son buenos jugadores y en su mayoría deben de ser buenos chicos, pero resulta evidente que Mourinho es el villano de la función.

¿Y esto no formará parte del guión?

Mourinho es muy mal actor, se le nota la falsedad en todo: cuando hace como que se alegra, cuando hace como que se cabrea… probablemente está todo muy estudiado y se le nota. ¿Por qué un club admite tener a un villano oficial como máximo representante cuando su tradición es, con razón o sin ella, la contraria? Por poner un ejemplo de ficción, es como si el Capitán Trueno en un momento dado de sus aventuras se hubiera convertido en un malvado, un chulo y en alguien que maltrata sin razón en lugar de defender a los débiles.

Con Valdano hablamos de una cosa que vi hace unos años en Beirut. Era una de esas semifinales de Champions entre el Barça y el Madrid. Tuvo que venir la policía a separar a dos libaneses que se pegaban por el partido. Valdano me decía que es un público planetario y que el seguidor tradicional se está convirtiendo en una parte menor del negocio, que viene de Asia y de las televisiones.

Sí, da esa impresión, pero al mismo nunca me ha interesado mucho lo que está fuera de la cancha.

Cuando se escribe de fútbol se escribe de lo que está fuera.

Sí, pero a partir de cosas que pasan en el campo. Si hablamos de los presidentes de los clubs, desde la óptica del espectador, son todos horrorosos. Si uno empieza a fijarse en los presidentes mal vamos, se acaba el entretenimiento. Hay que hacer caso omiso. Yo tengo muchos amigos que son del Atlético de Madrid y en los años de Jesús Gil les preguntaba cómo podían seguir siendo colchoneros. Y me decían: “Bueno…” Es cierto, esas cosas están al margen de lo que importa. Todos esos negocios asiáticos tampoco existirían si no siguiera habiendo la base de la gente de la ciudad. Al fin y al cabo los equipos son de las ciudades.

Tu antiguo compañero enfrentado, Manuel Vázquez Montalbán, reinventó al Barcelona, y ha tenido un éxito enorme, porque su reinvención ya se asume como realidad.

Él veía al Barça como un club melancólico, de moral quebradiza, frágil, representado por futbolistas como Martí Filosia, gente que se deprimía fácilmente… y desde hace bastantes años eso no es el Barça. Estaba un poco desesperado de que tuviera esas características y en cierta manera envidiaba la firmeza del Madrid.

Sí, pero hablamos de principios de los 70, que es cuando él empieza a desarrollar su teoría del Barça como ejército desarmado de Cataluña. Esa fragilidad y carácter quebradizo era también el de la oposición, el de muchos catalanes que sabían que Cataluña había sido franquista y existía algo así como un pecado que había que purgar. Y a partir de ahí se ha establecido como hecho que el Barça encarnó la oposición al franquismo. Le preguntas a un socio del Barça y te dirá: “Claro.”

Sí, a un socio del Barça sí.

Pero es que lo asume como cierto.

Ahí también habría mucho que decir. En un artículo que escribí, que se llamaba Real Madrid republicano, reivindicaba algo que no me inventé yo, porque lo decía gente que lo sabía por edad, como Eduardo Haro Tecglen, que además no era sospechoso de no ser de izquierdas, y es que el Real Madrid tenía fama de republicano y que después de la guerra, los perdedores preferían el Madrid. No digo que el Madrid haya sido de izquierdas, pero el Atlético era de Aviación, sus jugadores tenían privilegios dados por el franquismo…

Tuvo un momento puramente fascista.

Sí, claro. Y en esa época el Madrid era preferido por la gente liberal o de izquierdas que quedaba, que no era mucha. Luego el Madrid tuvo los éxitos que tuvo y en una dictadura; si Franco iba al palco, ¿qué iba a hacer la gente? La dictadura se aprovechó mucho del Madrid, del que se ha dicho que era el equipo del régimen, y lo dirán siempre los del Barça y los del Atlético, pero no fue así.

El régimen utilizaba a Barça y a Madrid para fomentar el entretenimiento. Cuando pudo ayudar al Barça lo ayudó, como con el Camp Nou.

Pero en fin, eso son cosas ya un poco pasadas. Es curioso porque en los últimos años ha habido una especie de trasvase de valores e incluso de psicología. El Madrid ha tenido unos cuantos años en que ha sido frágil y quebradizo.

Hay madridistas que se reconocen más en el Barça actual que en el Madrid.

En algunos aspectos sí. Los madridistas de siempre, los de cierta edad, vemos a Guardiola como propio del Madrid. Está más cerca de un Molowny, de un Del Bosque o de un Valdano de lo que lo está Mourinho, que no tiene nada que ver con esas figuras que para nosotros son el entrenador educado, como Pellegrini hasta hace poco. El pobre, no le dejaron llegar al segundo año, cuando creo que habría seguido mejorando, pese a que ya lo hizo bien el año que estuvo. Ese tipo de individuo es el que el Madrid clásicamente ha tenido. Guardiola le pega al Madrid. No creo que él lo piense así, pero bueno.

No creo.

Me refiero a la manera de ser. Es muy catalán, pero pertenece a la estirpe de Molowny, Del Bosque y Valdano: gente muy educada, comedida, que no ha querido destacar, que no se ha impuesto por encima de los jugadores… eso lo tiene Guardiola y no Mourinho.

Por cierto, ¿cómo va tu Reino de Redonda?

Bueno, va. Hace poco hemos dado el premio anual, que no sé cuánto más va a durar, porque la verdad es que en esta época de crisis… Es un dinero que sale de mi bolsillo. Llegaron a ser 6.500 euros y hemos ido bajando. Ahora está en 2.000 euros, mas el nombramiento como duque. Lo ha ganado un autor que no he leído, Philip Pullman.

No lo conozco.

Tiene una trilogía que se llama La materia oscura, medio fantástica. Es un hombre simpático. Cuando le informé del asunto… porque claro, cada vez que hay un ganador hay que informarle y siempre temo que no tenga ni idea de quién soy y se diga: “¿Pero qué locura es esta que me cuentan sobre un premio del reino de un chiflado?” Hasta ahora han contestado todos bien y han entendido el carácter del asunto, de broma y juego.

¿El rey de Redonda no abdica nunca?

Sí, el anterior abdicó a mi favor. Así que, aunque sólo sea por ese precedente, algún día tendré que empezar a pensar en alguien. Deberá ser escritor, pero puede proceder de cualquier país. Los anteriores habían sido más bien ingleses. De hecho, creo que en Internet, cuando se produjo la abdicación a mi favor del anterior, John Wynne-Tyson, hubo alguna reacción del tipo: “¡Lo que nos costó expulsar a los españoles del Caribe y ahora entregan Redonda a un español!” Esas cosas locas de la gente.
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Ada
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MensajePublicado: Lun Jun 11, 2012 12:54 pm    Asunto: Responder citando

Gracias Victoria
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MensajePublicado: Dom Jun 17, 2012 6:59 pm    Asunto: Responder citando

Gracias Vicky.
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MensajePublicado: Dom Jun 17, 2012 7:00 pm    Asunto: 17.06.2012 - ¿Para qué servimos? Responder citando

¿Para qué servimos?

En una reciente rueda de prensa, y ante una pregunta sobre el porvenir de nuestras educación y cultura, me salió un improvisado alegato que algunos medios re­cogieron parcialmente. Como uno se expresa mejor por escrito, acaso no esté de más insistir aquí sobre el asunto. Siempre he sido partidario de pagar sin rechistar los impuestos, por mal que nos parezca que se emplean e injustos y abusivos que nos resulten a veces. Como todo el mundo al llegar estas fechas, me llevo un sobresalto cuando me comunican la suma que debo ingresar a Hacienda, y durante veinticuatro horas me duele un poco el bolsillo. Pero en seguida recapacito y a continuación logro olvidarme del desembolso. Los impuestos son una redistribución de la riqueza y permiten la ayuda a los más necesitados, además, claro está, del funcionamiento del Estado. Eso no quita para que uno se irrite en ocasiones, al ver lo mal, lo arbitraria y frívolamente que nuestros diferentes Go­biernos manejan lo que les entregamos, y esa irritación la plas­mé por lo menos en dos viejos artículos de 2000 y 2002, titulados respectivamente “Para qué trabajamos” y “Qué diablos se hace con nuestro dinero”. Pero hasta aho­ra no había habido irritación ni fastidio que hubieran hecho variar mi opinión: el pago de impuestos es necesario (amén de obligatorio), justo y beneficioso. No sólo no debemos quejarnos, sino que hemos de abonar lo que nos corresponda -pese a todo- con conformidad como mínimo.

Este año, sin embargo, por primera vez en mi vida, la notificación de la cantidad que me toca pagar me ha producido no ya irritación, sino un profundo cabreo. Porque salta a la vista que el dinero no va a destinarse a las cosas que a mí, como a la mayoría de los españoles, nos merecen la pena: ni a la sanidad ni a la educación (víctimas de indecentes recortes); ni a amparar a las personas “dependientes” que no se pueden valer por sí solas en su vejez o en su enfermedad; ni a los pensionistas, que ven mermado su poder adquisitivo o disminuidos sus pe­queños ahorros por estafas varias de bancos y cajas; ni a los para­dos sin remedio, que cada vez son más y reciben prestaciones menores; ni a la mejora de hospitales y escuelas, ni a la reactiva­ción del comercio ni a la ciencia ni a los jóvenes en precario.

¿Para qué sirven nuestros impuestos en España? Y no sólo: ¿para qué han servido desde que Aznar declaró urbanizable todo el suelo del territorio? ¿Para salvar a Bankia con 24.000 mi­llones de euros, sin que nadie dé explicaciones de lo que allí ha pasado ni el desastre tenga consecuencias para Blesa, Olivas, Rato y otros responsables? ¿Para parchear antes la CAM y el Banco de Valencia y otras entidades de las que ni nos acordamos? ¿Para que Esperanza Aguirre coloque a incompetentes mandados suyos en algunas de esas entidades y las controle? ¿Para que construya campos de golf ridículos y superfluos en los que hacerse fotos, y Fabra de Castellón y Camps un aeropuerto sobre el que no se ha posado un solo avión, lo mismo que otros políticos en Ciudad Real? ¿Para que hagan negocios Urdangarin y su socio Torres, y Unió Mallorquina y el ex-Presidente Matas? (Ojo: digo “hacer negocios”, una expresión bien neutra.) ¿Para que los hagan los de la trama Gürtel y el Canal Nou de Valencia, y varios ex-alcaldes de Majadahonda y otros municipios madri­leños? ¿Para que altos cargos de la Junta de Andalucía sustrai­gan fondos de las arcas públicas y se los gasten en farras? ¿Para que el juez Dívar viaje a Marbella creyéndose James Bond (por lo secreto de sus misiones)? ¿Para que Millet y Montull hagan negocios desde el Palau de Barcelona (qué fue de ellos, nunca más se supo)? ¿Para que los hicieran antes aquel Roca y aque­llas Yagüe y Martos de Marbella, no digamos aquel Gil y Gil de piscina? ¿Para que un sinfín de alcaldes desaprensivos los hayan hecho a costa de destrozar el litoral entero y numerosas ciu­dades, convertidas todas en empresas y “escenarios”, sin que sus habitantes impor­ten nada? ¿Para sufragar a una Iglesia inso­lidaria, quejica y metomentodo? ¿Para que promotores inmobiliarios y constructores sin escrúpulos edifiquen ilegalmente y lue­go sean indultados como los graves defraudadores del fisco? ¿Para las jubilaciones millonarias de los directivos de cajas y ban­cos que habrían quebrado de no ser por “nuestro” dinero?

Son tantos los casos de corrupción, a pequeña o gran escala, que es imposible recordarlos todos. Sí se cuentan con los dedos de las manos, en cambio, las condenas en firme de los corrupto­res o corrompidos, y con aún menos dedos las devoluciones efectivas de las cantidades robadas. A lo largo de años se ha com­probado que la corrupción no pasaba factura en las elecciones (notable lo de Valencia, por reiterativo), es decir, que a la ciuda­danía no le importaba. Quizá eso esté tocando a su fin, sería hora. Alguna vez lo he dicho: me juzgo tan normal que pienso que lo que a mí me ocurre le pasará a mucha más gente. Por primera vez pagar impuestos no me ha sobresaltado ni me ha irritado: me ha cabreado enormemente. Más les vale a nuestros políticos dar un giro (y asistir al Congreso, que está vacío), combatir la corrup­ción en serio y dar detalladas explicaciones, de Bankia y de lo demás. O puede estar cerca el día en que los españoles iniciemos masivamente una insumisión fiscal. ¿Y entonces qué, señorías, después de la ruina? ¿Nos amnistiarán a todos, como a los graves defraudadores, o nos tocará a nosotros indultarlos a ustedes?


El País Semanal, 17 de junio de 2012
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MensajePublicado: Dom Jun 17, 2012 7:13 pm    Asunto: Responder citando

‏@malapunta: @perezreverte Por cierto, su amigo Marias está últimamente stupendo. Lee Vd sus artículos? Se está poniendo Revertiano(en fino).

El de hoy estaba especialmente bien. Sí.
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MensajePublicado: Dom Jun 17, 2012 7:17 pm    Asunto: Responder citando

“Para qué trabajamos”
en
A veces un caballero
Y "Qué diablos se hace con nuestro dinero"
en
Harán de mí un criminal

(Si alguien los encuentra...)
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MensajePublicado: Dom Jun 17, 2012 7:23 pm    Asunto: Responder citando

Javier Marías escribió:
Por primera vez pagar impuestos no me ha sobresaltado ni me ha irritado: me ha cabreado enormemente.(...) O puede estar cerca el día en que los españoles iniciemos masivamente una insumisión fiscal


A veces me pasa por la cabeza que la única protesta que realmente haría recapacitar a los políticos sería la objeción fiscal.

Pero luego se me pasa.
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MensajePublicado: Dom Jun 24, 2012 6:27 pm    Asunto: Responder citando

Alegremente maniatados.

Tíldenme de ignorante, de anticuado y de bruto, pero cuanto más contacto voy teniendo con las nuevas tecno­logías -qué remedio-, más convencido estoy de que son utilísimas para algunas cosas, pero también de que suponen un tremendo engorro y una constante pérdida de tiempo, de que son un ídolo con pies de barro que a menudo nos deja impotentes y sin recursos y, por supuesto, un peligrosísimo ins­trumento de control y dominación de la gente. Esto último se me hizo patente hace un par de semanas. Viajaba por carretera de Amsterdam a Bruselas, con mi “telefonillo de viajes”. Cuando me preguntan mi móvil, siempre digo que no uso, y no falto en­teramente a la verdad. Compré uno hará siete años, a instancias de mis hermanos, cuando mi padre estaba ya muy enfermo. Me dijeron: “Procúrate uno, para avisarte si ocurre algo en mitad de la noche o cuando andes por ahí”. Me pareció razonable. Al mo­rir mi padre, mi impulso fue tirarlo, ya que no abrigaba intención de utilizarlo: nada me resultaría más odio­so y esclavizador que estar localizable siem­pre, ni veo motivo por el que lo deba estar para nadie, ni siquiera para mis próximos, menuda tabarra. Pero ya que el hoy ante­diluviano móvil obraba en mi poder, se me ocurrió que podría rendirme servicio en los viajes, dado que cada vez es más difícil en­contrar un teléfono público en el mundo.

Pues bien, en un momento determina­do de ese trayecto Amsterdam-Bruselas, sin que se hubiera producido parada, ni el más mínimo control policial o aduanero, el chófer me comunicó que acabábamos de entrar en Bélgica. Acto seguido, mi prehis­tórico celular empezó a emitir pitidos, y en su pantallita apare­cieron mensajes de texto, en los que se me daba la bienvenida a Bélgica y se me proponían tarifas para llamar desde allí. “Lo sa­ben al instante”, pensé, “que he cruzado una frontera, aunque esa frontera sea ya inexistente como tal y no haya debido cumplimentar ningún trámite para pasarla, ni nadie haya registrado mi ingreso en un nuevo país. Nadie debería estar al tanto, y sin embargo esa compañía telefónica controla mis movimientos con tanta eficacia como si llevara en el tobillo una de esas pulseras, vistas en las películas, mediante las cuales la policía sabe en el acto si alguien en arresto domiciliario ha traspasado el umbral de su casa y ha puesto pie en el exterior. Si fuera un fugitivo” (y pienso a menudo que cualquier día podría serlo; tal como se es­tán poniendo las cosas en todas partes), “lo primero que habría de hacer sería arrojar a la cuneta este maldito móvil delator”. Por otra parte, ¿quién nos asegura que las compañías no informan al instante de los pasos de cualquier ciudadano a la policía? ¿Quién nos puede jurar que ésta no está enterada no ya de cuándo atravesamos una frontera, sino de dónde nos encontramos en cada momento, aunque no nos movamos de nuestra ciudad?

Unos días antes de eso, aún en Madrid, había ido a unos gran­des almacenes a cambiar un DVD cuya carátula mentía, como es bastante habitual. Elegí otro y fui a caja. Un poco más caro, había de abonar 1,50 euros. Esta operación, que antes de las nuevas tecnologías habría sido de una sencillez y rapidez pasmosas, se con­virtió en un largo, alambicado y tedioso proceso que nos hizo per­der (a las dependientas y a mí) media hora de reloj. Había que registrar primero que se trataba de una devolución, con su corres­pondiente papelito y mi firma electrónica. El “sistema” era seminuevo y no acababa de funcionar, hubo que reiniciarlo varias veces. Luego -no me hagan caso, no seguí el galimatías con aten­ción-, había que modificar el recibo de mi primera compra, lo cual llevó también no poco rato. A continuación tocaba emitir otro con la segunda, cruzar los dos, hacer una complicada resta que yo ha­bía efectuado mentalmente en un santia­mén hacía siglos, archivar uno de los dos recibos, cerrar la caja registradora en plena operación porque así lo ordenaba ésta, reco­menzar entonces todo el procedimiento desde cero, volver a firmar con mi irrecono­cible firma sobre una pantalla, volver a las sumas y restas. Al cabo de treinta minutos, ya digo, me comunicaron lo que bien sabía. “Tiene usted que abonar 1,50 euros”. “Ah, nunca lo hubiera imaginado”, contesté a la amable dependienta, tan víctima como yo.

Añadan a este mínimo episodio las ingentes cantidades de tiempo que se pierden cada vez que uno llama a una empresa o a un organismo: hay que pasarse larguísimo rato pulsando botones y aguantando musiquillas antes de lograr hablar con alguien “real”, que por lo general es un latinoamericano no inmigrante, sino que está, de hecho, en Ecuador o en el Perú y que no tiene ni idea de lo que pasa aquí, o acaso un marroquí que se encuentra en Rabat y que también lo ignora todo de España. Añadan las numerosas ocasiones en que” se nos ha caído el sistema” y nada se puede hacer hasta que “vuelva”, como si todo el mundo fuera cie­go, sordo y manco y ya no existieran bolígrafos ni papel, no diga­mos iniciativa o espontaneidad. No me caben más ejemplos, pero hay decenas y ustedes los han padecido. Vivimos maniatados por las nuevas tecnologías, en todos los sentidos de la palabra “ma­niatado”. Aun a riesgo de parecer un ignorante, un anticuado y un bruto, el mundo me resulta más lento, ineficaz y pesado -y mu­cho menos libre- que cuando no dependíamos de ellas. No me extraña, a veces, que suframos esta crisis descomunal, cuando parte de la humanidad se ha condenado alegremente a sí misma a perder el tiempo y a la más desesperante improductividad.


El País Semanal, 24 de junio de 2012
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MensajePublicado: Mar Jun 26, 2012 10:10 am    Asunto: Responder citando

Javier Marías, Premio Terenci Moix

25Lunesjun 2012

Posted by javiermariasblog in Noticias, Premios

El director de cine Gonzalo Suárez recibirá el Premio Internacional Terenci Moix especial a su trayectoria según ha hecho público este lunes el jurado de los galardones, que preside Ana María Moix. Los premios Terenci Moix han galardonado este año también la escritora Maruja Torres Otros premiados son Javier Marías; las cantante Juliette Gréco y Silvia Pérez Cruz, el pintor Perejaume, y la primera bailarina Tamara Rojo.

Los premios, que se entregarán durante un acto el próximo día 27 de septiembre, están dotados simbólicamente con un euro, y este 2012 cuentan con nuevos apartados de poesía, músicas del año y trayectoria musical.

Gonzalo Suárez, a quien el jurado ha reconocido tanto su trayectoria cinematográfica como literaria ha recordado a su amigo Terenci Moix y ha celebrado que con este galardón se reconozca por primera vez internacionalmente su trayectoria literaria. “Será mi premio póstumo preferido”, ha ironizado. Y ha señalado que lo que más le gusta mucho la dotación de premio, que espera, ha indicado, que “sea en negro”.

Maruja Torres, premiada en el apartado de Literatura/Crónica, se ha felicitado por recibir el premio que lleva el nombre de su gran amigo Terenci Moix y se ha mostrado ilusionada por compartirlo con Gonzalo Suárez, de quien ha dicho que fue uno de los primeros personajes que entrevisto como periodista. Torres se felicitado que unir el Terenci Moix al premio Manuel Vázquez Montalbán que compartió en su primera edición con la periodista rusa asesinada Anna Politkovskaya.

Sami Naïr ha sido galardonado en el apartado de ensayo por su obra La lección tunecina; Laurent Binet, por HHhH, en ficción; Pagèsiques, la obra poética del pintor Perejaume, se ha hecho con el premio en el nuevo apartado de poesía; y Javier Marías, que recibirá el premio por su trayectoria literaria.

En el nuevo apartado de Músicas 2012, la distinguida es la cantante catalana Silvia Pérez Cruz, mientras que en el Trayectoria Músicas 2012, también nuevo, la premiada es la francesa Juliette Gréco. En Artes Escénicas 2012, se galardona al autor dramático y actor libanés Wajdi Mouawad, actualmente exiliado en Quebec, y el premio Trayectoria de Artes Escénicas será para Tamara Rojo, primera bailarina del London Royal Ballet.

El secretario del jurado, Juan Ramón Iborra, ha lamentado que el Institut de Cultura de Barcelona (ICUB) haya dejado de subvencionar este año los premios Terenci Moix alegando que el proyecto “no cumple suficientemente los criterios de selección”. Ha asegurado que pese a ello, los organizadore seguirán tirando adelante el el proyecto.

El jurado ha estado formado por una treintena de personas, entre otros Ana María Moix, Ana María Matute, Elisenda Nadal, Rosa Vergés, Josep Maria Castellet, Roman Gubern, Jesús Robles y Jordi Cervera.

CARLES GELI

El País, 25 de junio de 2012
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MensajePublicado: Mar Jun 26, 2012 1:41 pm    Asunto: Responder citando

JM escribió:
El sistema era seminuevo y no acababa de funcionar, hubo que reiniciarlo varias veces. (...) Añadan las numerosas ocasiones en que se nos ha caído el sistema(...) No me caben más ejemplos, pero hay decenas y ustedes los han padecido.(...) No me extraña, a veces, que suframos esta crisis descomunal, cuando parte de la humanidad se ha condenado alegremente a sí misma a perder el tiempo y a la más desesperante improductividad.

El General Tat, Artur Mas, Boi Ruiz y sus secuaces, han intaurado el 'euro por receta'. Claro, no es bastante que te jodan un euro; el 'sistema' 'cayó'.
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MensajePublicado: Dom Jul 01, 2012 10:54 am    Asunto: Responder citando

Historia de M
01.07.2012

Como casi todo el mundo, he tenido amigos calamito­sos. Quizá el mayor de todos fue M (prefiero no dar su nombre, ya que no fue enteramente desconocido y ha muerto), porque añadía a sus desastres el don de irritar y poner a prueba la paciencia de quienes lo ayudaban sin condi­ciones y sin esperar nada a cambio, ni siquiera su agradecimiento. De hecho M era incapaz de esto último, no tenía arreglo posible, y si varias de sus amistades siguieron echándole una mano hasta el final, pese al mal trato que de él recibían, fue porque había sido simpático y gracioso en su juventud -es decir, por mor de los vie­jos tiempos- y porque les daba lástima en su insolente penuria. A veces, cuando mayor era su apuro, pedía sin disimulo favores, procuraba dar pena (y lo conseguía con las almas más bondado­sas), se presentaba a sí mismo como alguien a punto de quedarse en la calle pese al irrisorio alquiler de renta antigua que le tocaba pagar mensualmente. Entonces se le daba dinero para que con­tinuara pagándolo y no perdiera el piso en el que había habitado gran parte de su vida, desde la infancia, además de una “asigna­ción” que reuníamos entre unos cuantos, para su sustento. A las pocas fechas ese di­nero se había esfumado sin que el piso hubiera sido pagado. Lejos de administrárselo hasta la siguiente “asignación”, M salía a la calle sintiéndose momentáneamente rico, se compraba un foulard caro y otros antojos y se ponía ciego de ostras, de modo que a la semana volvía a estar en la situación extrema que se había intentado paliarle.

No hubo manera, al final lo desahuciaron de su vivienda que tan fácil le habría resultado conservar (con el dinero ajeno). En­tonces pidió que se le pagara un aparthotel o como se llamen, y así se hizo (bueno, lo hicieron un par de ex-novias suyas de gran co­razón e infinito aguante). Protestó porque había otros mejores que aquel en el que se le había metido, y nos tildó de tacaños a cuantos aportábamos algo al “fondo de mantenimiento de M” (fondo perdido, desde luego). No sé por qué extraño mecanismo psicológico que se da a menudo entre españoles, consideraba que todo le era debido y que no tenía ni que dar las gracias. Lejos de eso, no era raro que pusiera verdes a quienes lo ayudaban, o que les fuera con exigencias. Y, por supuesto, contaba la historia a su manera, que en resumen venía a ser “A Fulano, a Mengana y a Zutana les he permitido, les he hecho el favor de dejar que me mantengan, aunque son una partida de roñosos que no me dan suficiente para mis gastos”. La irritación de los amigos iba siempre en aumento, como es natural, y si seguimos haciendo el primo fue por deliberada caridad y a sabiendas. Eso sí, a partir de un cierto punto yo no quise saber más de él, tramité mi leve apoyo econó­mico a través de sus abnegadas ex-novias y les rogué que le ocul­taran a M mi contribución a la “colecta”. No deseaba que se muriera de hambre ni que hubiera de pedir limosna, pero tampoco tener con él el más mínimo trato. No hace falta decir que M era un enorme idiota, como lo es siempre quien está necesitado y va en contra de sus intereses y se chulea ante quienes lo salvan.

Hace tres domingos Rajoy me recordó sobremanera a M, cuando anunció como un triunfo que a España la hubieran resca­tado con hasta cien mil millones de euros, cifra inconcebible para cualquier ciudadano. Lo que todo Gobierno trata de evitar al máximo, y el de Zapatero logró evitar pese a sus numerosas torpezas, el suyo ha sido incapaz de esquivarlo tras tan sólo seis meses de ejercer un poder absoluto, y cuando él había anunciado que todo mejoraría nada más posar su lindo pie en La Moncloa. Desde que Rajoy ocupa ese palacio, todo ha ido a peor vertiginosamente, y ni siquiera ese rescate brutal parece haber servido de nada -como si Rajoy, su partido y los bancos se hubieran gastado la ayuda en comprarse foulards ca­ros y ponerse ciegos de ostras, y volviéra­mos a estar en las mismas, necesitados de otra “asignación” urgente para no ser desahuciados-. Pero en lo que más me ha recordado a M ha sido en su actitud hacia quienes le han salvado el pellejo. ¿Presio­narme ellos a mí? Quiá, soy yo quien les ha apretado bien a ellos. ¿Echarle un capote a España? Qué dicen, soy yo quien se lo ha echado a Europa. ¿Condiciones para el préstamo de esa bagatela de euros? Qué va, se los he sacado a cambio de nada, listo que soy, y astuto. ¿ Grava­men para la población? Nada, serán los bancos los que devuelvan la pasta (como si los españoles no estuviéramos ya manteniendo a flote a más de un banco y varias cajas). Esto está tan resuelto que me largo a ver un partido en Polonia. Y allí lo vimos: el día en que España fue rescatada, con la preocupación, onerosidad y hasta humillación que eso supone (el Rey le dio incomprensiblemente la “enhorabuena”), Rajoy, en vez de ofrecer explicaciones solem­nes y apesadumbradas y de buscar la compañía de los demás partidos, se mostró exultante, ufano, chulesco, abofeteó e irritó a toda Europa con sus embustes y se lo pasó de miedo en el fútbol. Mi amigo M era un enorme idiota, abofeteaba e irritaba a los que lo ayudábamos. Pero al menos era simpático y gracioso, lo conocía­mos de la juventud y nadie más dependía de su comportamiento, se perjudicaba sólo a sí mismo. Rajoy no: arrastra a un país entero y no puede exponerse a la burla y el cabreo de quienes pueden ahogarnos a todos. M acabó malmuriendo, pese a los esfuerzos de sus apaleados amigos. Rajoy ni siquiera es amigo de nadie, tan sólo un recién llegado que causa estupor y vergüenza entre sus pares. Ni tampoco simpático o gra­cioso. ¿O ustedes le ven alguna gracia?
_________________
Yo he visto cosas que vosotros no creeríais. Atacar naves en llamas más allá de Orión. He visto Rayos-C brillar en la oscuridad cerca de la Puerta de Tannhäuser. Todos esos momentos se perderán en el tiempo como lágrimas en la lluvia.Es hora de morir
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Ada
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MensajePublicado: Dom Jul 01, 2012 11:45 am    Asunto: Responder citando

Gracias Nexus. Rajoy, al contrario que M, nos dejará rodeado de pasta LLorando o Muy Triste
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MensajePublicado: Dom Jul 08, 2012 10:01 pm    Asunto: Responder citando

Maravillas de la crisis
08.07.2012

Si queremos combatir un poco la depresión diaria que producen las noticias, la actitud entre despreciativa, acobardada e inepta de Rajoy y las tonterías infinitas de sus ministros sin excepción, no cabe sino empezar a mirar las posibles ventajas, y aun maravillas, que la crisis y la recesión pueden traer. Son escasas, no nos engañemos, y en modo alguno compensarán las penurias, tribulaciones y padecimientos de los más desfavorecidos, que cada día serán más, ni el meticuloso desmantelamien­to de la sanidad y la educación públicas. No me tomen por frívolo. Es sólo que el panorama se ve tan lúgubre que con algo hay que animarse, por tenues que sean los ánimos. Así que pongámonos en lo peor, en el momento en que la gente tenga lo justo -como mucho- y no pueda gastar más que en lo funda­mental Con ser eso un desastre personal y colectivo, alguna bendición acarreará consigo.

Por ejemplo, ¿se imaginan un país en el que, en vez de haber más de un móvil por habitante, sean poquísimos los que se lo puedan permitir? Uno no tendría que via­jar en tren o en autobús en medio de un guirigay de conversaciones cretinas a voz en cuello (casi todo el mundo chilla a sus móviles, como si éstos fueran extranjeros o sordos); ni que enterarse de las supuestas hazañas de nego­cios llevadas a cabo por los adictos, quizá hayan observado la frecuencia con que la gente llama para presumir de sus logros o de sus viajes o de sus coches o de sus hijos o de cómo se la ha jugado a algún pardillo, es decir, de cómo se ha aprovecha­do o ha engañado, el gran mérito nacional. Los individuos no irían por las calles ensimismados y abducidos por sus iPho­nes, y contaríamos con una población más alerta, más vivaz, más al tanto de lo que sucede a su alrededor y por tanto más considerada con los demás. Ah, qué delicia no escuchar más sandeces impuestas, ni verse interrumpido por musiquillas y rugidos imbéciles en los restaurantes ni en los cines, todos sin dinero para pagar las facturas.

¿Se imaginan también un país en el que la corrupción y el robo no estuvieran ya bien vistos? Hasta hace cuatro días, lo único que gran parte de la ciudadanía lamentaba al respecto era no estar en posición de corromper ni de ser corrompida, de robar directamente o al menos sacar tajada de los latroci­nios ajenos. Las incontables operaciones fraudulentas le me­recían mucha más admiración que condena, y los estafadores, en consecuencia, pretendían no someterse a la acción de la justicia merced a los reiterados votos con que los obsequia­ban los electores: ¿cuántas veces hemos oído, sobre todo en boca de políticos del PP, “Las urnas me absolverán” o incluso “… me han absuelto”? Es triste que sólo ahora, por las precarie­dades particulares de los votantes, éstos empiecen a rebelarse contra los abusos, los despilfarros, las comisiones sin cuento, las financiaciones ilegales y los gastos privados cargados al erario público. Pero cualquier tipo de reprobación -aunque provenga de los más bajos instintos- es mejor que la compla­cencia con los bribones y la aspiración a engrosar sus filas. ¿Se imaginan un país en el que se pidieran cuentas de las obras y construcciones arbitrarias y superfluas, en el que se forzara a explicar a un alcalde -a los tres últimos de Madrid, por ejem­plo- por qué tapiza su ciudad de un espantoso, árido, sucio y caluroso granito, si no es por favorecer a empresas, tal vez de amigos, especializadas en él? Y así mil casos más.

¿Se imaginan un mundo en el que los niños no fueran pijos casi desde su nacimiento? Indepen­dientemente del medio del que procedan y de la fortuna de sus progenitores, casi todos son hoy “pijos de espíritu”. Sin dinero ni créditos, dejarían de ser mimados a toda costa, caprichosos y queji­cas, presumidos por mandato, no se “frustrarían” tan fácilmente porque tendrían la piel más curtida, no exigirían como si fuera un derecho el último modelo de PlayStation o de Nintendo o de lo que sea con lo que jueguen (lo ignoro), ni las zapatillas deportivas tal o cual, ni las siete zamarras de colores distintos que lucen de vez en cuando Messi o Cristiano. ¿Se imaginan un lugar en el que los niños, además de niños, fueran también proyectos de adultos y como a tales se los tratara, aunque fuera a ratos?

¿Y una prensa sin periodistas envenenadores y sobornados, a los que ya no podría comprarse? ¿Unas televisiones sin len­guas estúpidas y viperinas porque no habría con qué pagarles y además la gente, afanada en llegar a fin de mes y de semana y de día, carecería de tiempo para ver cómo unos gañanes despellejan a otros que casi nadie conoce y que de hecho a nadie le importan? ¿Un país en el que las personas desearan apren­der porque eso redundaría en su beneficio económico o las ayudaría a hallar empleo, o simplemente las haría sentirse me­nos burras? Sentirse menos burro equivale a sentirse menos indefenso ante las adversidades, y el que aún no se haya dado cuenta de eso es porque es burro con deliberación. No me digan que un país así no tendría sus ventajas. Es más, yo creo que acabaría por prosperar. Claro que entonces volvería el peligro de la abundancia y la necedad…
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Yo he visto cosas que vosotros no creeríais. Atacar naves en llamas más allá de Orión. He visto Rayos-C brillar en la oscuridad cerca de la Puerta de Tannhäuser. Todos esos momentos se perderán en el tiempo como lágrimas en la lluvia.Es hora de morir
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bowman
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MensajePublicado: Lun Jul 09, 2012 2:57 am    Asunto: Responder citando

Marías escribió:
el meticuloso desmantelamien­to de la sanidad y la educación públicas

Y de la tele
Como RTVE es poco objetiva (dicen, sin que nadie los llame 'hijoputas'), meten a un conocido chupaculos de TeleMadrid -cadena famosa, precisamente, por su objetividad acrisolada- para arreglarla.
Tiene cojones la cosa.
De momento, nos cuelan reposiciones de Ana y los Siete, una (ridícula) serie de hace veinte años, y de Curro Jiménez, nada menos, que ya tiene cuarenta. O sea, de los tiempos del Caudillo o por ahí. De cuando Reverte hacía listas de farmacias de guardia en 'La Verdad', de Murcia y el periódico no era de Vocento sino del cardenal Herrera Oria.
Si yo pretendiera hundir RTVE no haría otra cosa.
Que Dios nos pille confesados.
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vetinari
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MensajePublicado: Lun Jul 09, 2012 10:37 am    Asunto: Responder citando

Marías escribió:
Sentirse menos burro equivale a sentirse menos indefenso ante las adversidades, y el que aún no se haya dado cuenta de eso es porque es burro con deliberación.


No precisa comentario. Al final va a acabar por gustarme el Marías este.
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Victoria
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MensajePublicado: Lun Jul 09, 2012 11:59 am    Asunto: Responder citando

vetinari escribió:
Marías escribió:
Sentirse menos burro equivale a sentirse menos indefenso ante las adversidades, y el que aún no se haya dado cuenta de eso es porque es burro con deliberación.


No precisa comentario. Al final va a acabar por gustarme el Marías este.


A mi hace ya tiempo que me gusta más por cada artículo suyo que leo. Guiño
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