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Rogorn
Capitán


Registrado: Feb 01, 2007
Mensajes: 13374

MensajePublicado: Mie Ene 11, 2017 11:09 am    Asunto: Responder citando

¿Por qué me cae tan bien Arturo Pérez-Reverte? Porque da en el clavo
Carlos Salas - lainformacion.com - 11/01/2017

Me cae bien Arturo Pérez-Reverte desde que en 1993 leí su libro 'Territorio Comanche'. Me gustaba su estilo gritón y desgarrado para explicar la vida de los corresponsales de guerra. Nada de heroísmo. Solo una misión: contar lo que pasa y tratar de que no te peguen un tiro. Leí también algunos de sus primeros libros y los más tardíos. Uno de los más impresionantes es 'Corsarios de Levante', cuya información utilicé para ilustrar un capítulo de mi libro sobre Cervantes, en concreto, el de los galeotes y los corsarios.

Pero lo que más me gusta es lo que dice porque estoy de acuerdo en casi todo. Dice que los yihadistas están ganando esta guerra porque nos hemos convertido en una sociedad de débiles. “Van a triunfar, porque son jóvenes, tienen hambre, un rencor histórico acumulado y absolutamente comprensible, cuentas que ajustar, desesperación, cojones, fuerza demográfica… Occidente y Europa en cambio son viejos, cobardes, caducos y no se atreven a defenderse”, dice en una reciente entrevista en la revista 'Papel' de 'El Mundo'.

Pérez-Reverte no es políticamente correcto. ¿Por qué? Porque creo que vivimos en una época en que ya no se pueden llamar a las cosas por su nombre. Tenemos miedo de herir la sensibilidad de algún grupo de población, y solo los que son económicamente independientes como Pérez-Reverte, pueden decir lo que les da la gana. “Yo no tengo esas limitaciones, no he de plegarme, mi libertad me la dan mis lectores”, dijo en esa entrevista. Critica la superficialidad de los análisis políticos. “Los americanos tienen a Trump porque quieren tenerlo, igual que nuestra clase política es el resultado de nosotros mismos. No han venido unos marcianos en un platillo para adueñarse del poder. Han salido de nuestras casas, de nuestros dormitorios. Somos tan culpables de lo que hace un político español como el propio político”.

A veces, Pérez Reverte es un poco amargo. Cuando habla de España, pone a parir a los políticos y a los partidos. Yo no soy tan radical. Pero cuando habla de la Guerra Civil, por ejemplo, dice cosas que yo pienso. Hubo mucho malvado en esa contienda en los dos bandos. Salió a relucir lo peor de los españoles. “Cuidado con los abuelos, porque muchos estuvieron matando gente, porque no todos fueron héroes”. Pues sí. Alguno debe andar suelto todavía. Critica el infantilismo de hoy, sobre todo, la soberbia de muchos jóvenes que piensan que la historia comenzó cuando hicieron la primera comunión. ”Tanta importancia tiene lo que diga un historiador serio que un niñato sin conocimiento”. Cuando uno es joven es soberbio y engreído, pero de ahí a creerse que puede dar lecciones a los veteranos, es como si un pinche de cocina pudiera dar lecciones a Ferra Adriá. Patético.

Pérez Reverte me recuerda esos actores como Clint Eatswood y Charles Bronson, que encarnaban personajes duros que se tomaban la justicia por su mano cuando las leyes empiezan a ser políticamente correctas. Muy bonita la convivencia, pero cuando hay abusos, alguien tiene que poner orden y llamar a las cosas por su nombre. Pero sobre todo admiro su capacidad de contar historias. Creo que en España hay muchos novelistas que tienen un estilo enorme y cuidado, pero no saben contar historias. Pérez-Reverte quizá no tenga ese estilo (aunque ha mejorado mucho), pero como los buenos guionistas de Hollywood, es un magnífico contador de historias.
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Rogorn
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Registrado: Feb 01, 2007
Mensajes: 13374

MensajePublicado: Vie Ene 20, 2017 6:29 pm    Asunto: Responder citando

Vila-Sanjuán fabula con "cinismo culto" sobre la burguesía catalana
Concha Barrigós - Efe - 19/01/2017

Sergio Vila-Sanjuán lleva 30 años dedicado al periodismo cultural y con su tercer libro, 'El informe Casabona', "ya puede decir" que es novelista. Su "reválida" es una indagación "en las cloacas del poder y el dinero", realizada, según Arturo Pérez-Reverte, con una "naturalidad pasmosa" y "un cinismo culto". "Sergio quiere ser novelista y ya lo es, pero va haciéndolo sin prisas y nos depara libros muy interesantes. En este desgrana un mundo que ni critica ni condena, sino que describe con precisión de entomólogo. Es la Vieja Europa encarnada en una Cataluña brillante, pero con una burguesía algo agusanadilla", ha descrito Pérez-Reverte en la presentación del libro de su amigo. Está escrito, ha afirmado, desde la más absoluta "naturalidad": "Ni se asombra, ni se indigna ni se sorprende ante las cosas que cuenta. Es una mirada lúcida, baqueteada, experimentada...", ha precisado.

Un periodista, Víctor Balmoral, uno de los seudónimos que usó Vila-Sanjuán cuando comenzaba su carrera, recibe el encargo de escribir para un "instituto dedicado a fomentar la ética en la empresa" un informe sobre un gran empresario, mecenas y político que acaba de fallecer, Alejandro Casabona, y que les ha legado diez millones de euros. A partir de ahí, Balmoral hará una investigación hablando con los familiares e íntimos del empresario para descubrir si hay "asuntos oscuros" que pudieran aconsejar al instituto no recibir la herencia.

"Cuenta cómo la corrupción, el lado turbio de la vida, están tan vinculados a la normalidad que no es de recibo escandalizarse. Es lo que hay, el mundo es este", ha señalado el creador de Alatriste. Vila-Sanjuán, según Pérez-Reverte, ha escrito 'El informe Casabona' con la "familiaridad y mirada educada" de quien conoce bien "eso de 'vamos a llevarnos bien'. Es cínico, pero no de manera agresiva, sino dulce, casi amable, Es una novela para comprender los mecanismos de una casta y en su realización ha corrido el riesgo de construirla como un rompecabezas", ha detallado. En opinión del académico, "lo mejor" de la novela es "la mininovela" que protagoniza el personaje de la tía Mery durante la Guerra Civil: "Es una obra maestra, una joya. Tienes que escribir ese libro", le ha animado.

Vila-Sanjuán (Barcelona, 1957), coordinador del suplemento cultural de La Vanguardia, escribió en 2010 su primera novela, 'Una heredera de Barcelona', sin idea, en un principio, de que fuera un relato de ficción; con la segunda, "Estaba en el aire", ganó el premio Nadal, y esta, ha explicado hoy, la ha escrito "ya con toda la intención". Es una novela, como las dos anteriores, "con moraleja" y "premoderna", es decir, "una historia con suficiente simbolismo" como para que "le salga a cuenta" dedicarle dos años. "La novela posmoderna es la que dice que el mundo es incomprensible, y la mía es un intento de fábula moral". El autor ha precisado que en este libro quiso fijarse "en un capitán de empresa" porque conoció a varios en los años 70 y 80 y siempre le ha parecido "gente fascinante". Ha sido, ha dicho, "el pretexto" para un relato que "se aproxima" a la novela negra sin serlo y en el que le ha divertido mucho contar "historias de pequeños timadores" que conocía hace tiempo.

Vila-Sanjuán ha decidido ser en ella "un observador de un mundo con sus buenos y sus malos" y ha hecho "un balance ambivalente" de "un juego de espejos" en el que ha incluido muchos de sus "intereses", tales como sus conocimientos en la pintura realista y figurativa, o las terapias de las llamadas "constelaciones familiares". Le habría gustado no mencionar la Guerra Civil pero tuvo que rendirse a la evidencia de que "las grandes fortunas en España se construyeron en aquella época" y "la burguesía catalana se hizo franquista a la fuerza".

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Vila-Sanjuán relata la moral ambivalente de un empresario
FB - elpais.com - 20/01/2017

“¿Qué harías con 1.500 trabajadores que dependen de ti y de la concesión de una obra pública y para conseguirla tienes que dar una mordida?”. El periodista y escritor Sergio Vila-Sanjuán formuló ayer esta cuestión para abordar el dilema moral que plantea en las páginas de su última novela, 'El informe Casabona' (editorial Destino). “No sé... Por eso me he hecho periodista para no tomar esas decisiones”, se contestó irónicamente el autor catalán de 60 años, que ganó el Premio Nadal en 2013 con 'Estaba en el aire'. En lo que no dudaba Vila-Sanjuán es que el relato de la vida del personaje protagonista, Alejandro Casabona —primero, joven militante, luego líder político de la Transición y por último, empresario de éxito y mecenas salpicado de corruptelas—, no podía ser una historia en blanco y negro. Debía reflejar las múltiples gradaciones del gris en el comportamiento de “unos capitanes de empresa” característicos en la Barcelona de los setenta y ochenta y que fijaron su modelo estético en los empresarios italianos, cultos y elegantes, de los sesenta. “El balance es ambivalente”, sentenció el responsable del suplemento 'Cultura/s' del periódico 'La Vanguardia'.

En este sentido, tampoco se debería juzgar moralmente al expresidente catalán Jordi Pujol, por ejemplo, solo por su cuestionada actuación de los últimos años, que está siendo siendo investigada por los tribunales, sin tener presente cómo se jugó el tipo en su juventud durante la dictadura franquista, apuntó. Al poco, el escritor añadió que no es “pujolista”, pero reiteró que no es justo analizar la dilatada trayectoria de una persona pública focalizando la atención únicamente en una parte de su vida.

La acción de la novela se desencadena cuando Casabona fallece y deja un sustancioso legado a un instituto de fomento de la ética en la empresa, cuya directora decide investigar al empresario antes de aceptarlo. Una novela que Vila-Sanjuán definió como “premoderna” por ser una fábula con moraleja, aunque reconoció que el relativismo moral que impregna su discurso es más bien posmoderno. No en vano, es la época que mejor conoce por haberla vivido, concedió.

El escritor Arturo Pérez-Reverte destacó de la novela su “cinismo culto” y su naturalidad, pero, sobre todo, el pequeño relato incluido sobre las vivencias de los empresarios en Barcelona en la Guerra Civil.

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El lúcido y culto cinismo de Sergio Vila-Sanjuán
ML - larioja.com - 21/01/2017

Alejandro Casabona, «capitán de empresa» de enorme prestigio y difuso pasado, se desploma sin vida sobre un plato de sopa de guisantes con menta en presencia de los Reyes, que agasajan al mundo de la cultura en un almuerzo en el Palacio Real. Así comienza 'El informe Casabona' (Destino), tercera novela de Sergio Vila-Sanjuán (Barcelona, 1957), un pope del periodismo cultural con tres décadas de profesión y ganador del premio Nadal en 2013. Cabalgando entre los brillos y las miserias de la élite, nos muestra sus luces y sombras. Lo hace en una indagación en las cloacas y la atalaya del poder y el dinero «realizada con pasmosa naturalidad y un cinismo lucido y culto», según Arturo Pérez-Reverte, padrino de la novela que confirma el talento narrativo de su colega y amigo.

Cultura, alta sociedad y dinero van de la mano en este relato con apariencia de novela negra pero con mucho de crónica e irónico análisis sociológico, y que se mira en el 'Mr. Arkadin' de Orson Welles. «Hago novelas con moraleja, premodernas, cabría decir», reconoce el autor. «Nos cuenta -precisa Pérez-Reverte- cómo la corrupción, el lado oscuro de la vida, es tan normal que no debemos escandalizarnos». «Es lo que hay, nos dice. Ni critica ni condena un mundo que describe con precisión de entomólogo», asegura Pérez-Reverte, para quien este relato es «la reválida narrativa» de Vila-Sanjuán. «Sergio se ha hecho novelista sin prisas y nos depara libros como este, en los que la Vieja Europa se encarna en una Cataluña brillante, pero con una burguesía algo agusanada», describe Pérez-Reverte una novela «escrita desde la más absoluta naturalidad y cuyo autor ni se asombra, ni se indigna, ni se sorprende ante las cosas que cuenta».

El propio Vila-Sanjuán se trasmuta en Víctor Balmoral, el otro protagonista del relato. Es un periodista atípico encargado de investigar el pasado del magnate, mecenas y político en la Transición, para constatar la procedencia ética y lícita de su fortuna. Y es que para sorpresa de todos, Casabona lega parte de sus bienes, diez millones de euros, a una entidad que vela por el fomento de la ética en la empresa. Su apasionado viaje al pasado le conducirá a los días más oscuros de la Guerra Civil y sus más siniestras trapisondas, Balmoral -seudónimo de Vila-Sanjuán en sus inicios como periodista- contactará con familiares, amigos y colegas del empresario. Buscará «zonas oscuras y asuntos sucios» que aconsejarían rechazar una herencia quizá envenenada.
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Rogorn
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MensajePublicado: Mar Ene 31, 2017 5:19 pm    Asunto: Responder citando

La mirada ambivalente de las cloacas del poder
P Unamuno - elmundo.es - 31/01/2017

Si es preceptivo que un autor escriba sobre lo que mejor conoce, no hay duda de que Sergio Vila-Sanjuán ha acertado con los mimbres de su última novela, 'El informe Casabona' (Destino), protagonizada por un periodista cultural como él y ambientada en la Barcelona de la zona alta, con la que también está muy familiarizado. Vila-Sanjuán, responsable del suplemento 'Cultura/s' de 'La Vanguardia', ha armado en su tercera obra de ficción un thriller periodístico que pone al descubierto "las ambigüedades o claroscuros" de las élites, encarnadas aquí en un capitán de empresa "educado, demócrata, muy europeo, pero con una cara oscura" que Víctor Balmoral, el periodista metido a investigador, se verá en la obligación de desvelar.

Arturo Pérez-Reverte, maestro de ceremonias en la presentación del libro en Madrid, opina que la virtud primera de 'El informe Casabona' reside en "la naturalidad pasmosa con que se describen las cloacas del poder», en un ejercicio de "cinismo discreto, no agresivo". "Vila-Sanjuán nos dice que no cabe escandalizarse: "Así es el mundo, de modo que vamos a llevarnos bien, parecen decirse las partes". El autor de 'Falcó' cree que su colega está edificando "sin prisa ni estridencias" una sólida carrera de escritor. De esta "novela rompecabezas" se queda con el relato intercalado -al modo de los de 'El Quijote' o los de 'Las mil y una noches' que devoraba de niño el propio Vila-Sanjuán- sobre la Guerra Civil, "una joya a la altura del mejor Chaves Nogales".

El novelista barcelonés disiente amablemente de Pérez-Reverte al reflexionar que el punto de vista de su narrador es el de un observador "no cínico, sino ambivalente", que contempla cómo "los empresarios pactan con la realidad" y con mucha frecuencia "se ven enfrentados a dilemas morales". Vila-Sanjuán admite que la suya es "una novela premoderna, con moraleja", como a él le gusta. Tampoco tiene empacho en anunciar que habrá más entregas de Balmoral sólo si encuentra "chicha" para ellas.
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Rogorn
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MensajePublicado: Jue Feb 02, 2017 9:08 pm    Asunto: Responder citando

Dalmau-Ferrer. Marinas en la historia
Javier Noriega - abc.es - 02/02/2017

«Es nuestro mejor pintor de batallas desde el siglo XIX. Nadie había pintado con tanto talento y tanta hermosa eficacia la historia de España». -Arturo Pérez-Reverte.

“Su camino independiente y solitario, tanto por su temática como por su praxis y su modus operandi, se caracteriza por ser una labor sin complejos ni subterfugios: pinta la Historia de España. Posee la grandeza épica de los antiguos pintores de batallas, pero también la hondura de aquellos románticos del siglo XIX de la gran pintura de historia que nos dejaron aquellos cuadros que siguen en nuestras retinas, como posiblemente lo estarán para las futuras generaciones los cuadros de Ferrer-Dalmau”. -María Fidalgo Casares.

«Me he tirado muchas horas sufriendo con estos cuadros. Son los que más me cuestan, porque te hacen jugar con retos técnicos tan complejos como las mareas y los vientos». -Ferrer-Dalmau

No podía ser de otro modo. Para un talento tan singular y brillante, una pintura tan minuciosa, espectacular y detallista como la de Augusto, pintar marinas, pintar cuadros de batallas en la mar, es todo un reto. Una marina de calidad siempre ha sido y será un reto para cualquier pintor. La mar, siempre te pone un punto de dificultad, para los óleos, como para sus barcos y marinos, es toda una aventura. Recrear fielmente ese pasado de olas, cubiertas, arquitecturas navales de la época, vientos, espejos de popa ,velámenes, ceñidas y enfiladas…Como ocurre con la arqueología de un pecio sumergido, que es la huella de esas naves históricas, nos encontramos con un microcosmos de objetos, imágenes, historias, realidades. Estamos ante las marinas históricas, un episodio de nuestro arte que gracias al genio del pintor barcelones y a la maestría del académico, escritor y navegante Pérez-Reverte, están consiguiendo, afortunadamente, volver atractiva la mar y sus relatos, disponiendo en el imaginario colectivo de una sociedad urbana, ese mar y estas historias a la que dimos la espalda durante demasiado tiempo. La puesta en valor de esta “mirada al mar” ya nos permite ver a chavales comentado episodios históricos, como el de Blas de Lezo de Cartagena de Indias en el metro o escolares apiñados, sentados en el suelo de la sala de Trafalgar del Museo Naval de Madrid, atendiendo sorprendidos e interesados por la infame “virada hacia el noroeste” en el momento de encontrarse cara a cara con la flota de Nelson. Y todo por esta nueva mirada, que es pincelada, y que es tecleada con un ritmo y un son actual. Directos. Sin complejos, sino al contrario, con pasión y vocación. Gracias a este tandem “histórico” entre escritor y pintor. Una y otra, la visión de Arturo o la idea de Dalmau, se complementan como en Baudelaire o en Strawinsky, inspiración y esfuerzo como caras del arte. Entre experiencia y “pathé” la pintura y las historias, narran, impresionan, emocionan y evocan. Jesus Calero, pionero en descubrir y tratar los cuadros de Dalmau, también a la hora de narrar lo marítimo, toca también esos mismos acordes y con ese mismo son. Tres ensambles derivados de “los mejores episodios que podemos recordar y contar”. Tres opciones, quizás voz, piano y contrabajo. Su repertorio, la mar y de la historia. Dos grandes clásicos, que en la época que vivimos han sido relegadas al olvido. Su redescubrimiento, toda una ventana abierta al futuro gracias a nuestro pasado. Lo que importa es contar la historia.

“Cuando no estemos aquí, los libros te estudiarán”. Lo tenía claro y así se lo solté nada mas verle. Fue en la biblioteca Nacional, precisamente por estas fechas, hace un año, en un Madrid frío que nos acogía después de la vuelta de un viaje de un país con 20 grados más de temperatura. Augusto hacia no mucho había estado pintando los bocetos en Afganistán. Cuadros repletoss de realismo y viveza que reflejan con maestría la cotidianeidad de nuestros soldados en aquel lejano escenario bélico. “Contar historias con pinceladas de actualidad”, me confirma al otro lado del teléfono hoy mismo, con la viveza que caracteriza a Dalmau. El concepto del que hemos hablado en diferentes ocasiones. Narrar. Narrar y narrar.

El renacentista Alberti, en su obra 'De pictura', señalaba que «la relevancia de un cuadro no se mide por su tamaño, sino por lo que cuenta, por su historia». Ya han sido varias las conversaciones, la oportunidad de charlar con Augusto en persona tranquilamente, ante un café y con amigos, para desmenuzar esas claves que revisten sus pinturas. No se puede describir mejor, que esa “hermosa eficacia” que puntualiza Arturo. Una hermosa eficacia que fascina a mucha gente cuando ven por primera vez sus pinturas y que siguen asombrándose al descubrir un cuadro nuevo. Es lo que ocurre con los genios. Pérez-Reverte le tituló como “el pintor de batallas”, precisamente de alguien que bien las conoce y que sabe reconocer, tanto el campo de batalla, como el talento y la sutileza de una obra maestra en este campo. “Gracias a Arturo, en palabras de augusto, me introduje en las marinas históricas, en esta aventura de dibujar y pintar barcos, con sus vientos, sus cañonazos, sus velas y sus historias. Siempre gracias a él”.

En estos últimos 30 años, en lo referente a la expresión artística hemos asistido a un apasionante proceso de redefinición por parte de uno de los más plurales, ricos y contemporáneos lenguajes artísticos. En un mundo cambiante, las artes por supuesto también se transforman. El vídeo, el dibujo, las instalaciones o la foto, todo ello posiblemente de un lado ha contribuido a hacerla más híbrida, globalizada, a ampliar y completar su discurso, a expandirse. Sin embargo uno de los estilos pictóricos por excelencia, el de la historia, estaba prácticamente en el olvido. En ocasiones, incluso repudiado. Corriendo apresuradamente por las vanguardias, se han, nos hemos olvidado de los clásicos. Incluso las marinas históricas, hasta bien entrado en el siglo XIX, a pesar de ser un país cuyas hazañas y descubrimientos de ultramar, para ir empezando el propio descubrimiento de América , no teníamos una tradición en marinas pictóricas. Una mirada a la mar artística que ya los venecianos con Vittore Carpaccio tenían en el siglo XV o el imperio flamenco del paisaje y la marina de Hendrik Cornelisz y Vroom, nos hacía maravillar en el el XVII y el XVIII. Una tradición de barcos y mares que facilitaría el testigo a los pintores románticos, especialmente los ingleses y alemanes. Antoine Roux cultivaban el retrato minucioso de los más bellos navíos, de la mano de grandes artistas como Theodore Gericault o el eterno Turner. Todos ellos sintieron de alguna manera el canto de las sirenas, aquel que volvió furibundo a Ulises y recogieron la antorcha del mar como espacio bélico, de confrontación, de idas y venidas, de tantas y tanas cosas… Posiblemente lo mismo que esté ocurriendo en España en la actualidad gracias al talento de Dalmau Ferrer y a la concienzuda mirada de un Reverte, combinación que gracias a su afinidad y amistad, gracias a su pasión nos hacen redescubrir un pasado con tremenda viveza.

Quizás era el momento de navegar contracorriente. En 1667, André Félibien ,-historiógrafo, arquitecto y teórico del clasicismo francés, jerarquizó los géneros pictóricos, reservando el primer lugar a la pintura de historia, a la que considera el grand genre. Como pasan los tiempos. Se otorga ese concepto de “gran género” a la pintura narrativa, que en esencia lo que hace es contar una historia. Una historia que da importancia al cuidado en los accesorios, en los detalles de las vestimentas o los objetos relacionados con el tema a tratar. Fue precisamente hace muy poco, en la casa del Lector, a la hora del café y ante un más que concurrido auditorio, donde Augusto y Jesús Calero se sentaban para hacer algo que hacemos demasiado poco. Hoy 2 de Febrero lo harán Arturo y Dalmau. Charlar por placer y para compartir con los demás. Y lo hacían con vocación de compartir con los oyentes y de paso dar un repaso a la obra marina y pictórica del pintor catalán Cuadro a cuadro. Desde la perspectiva, al contenido. De los porqués a los detalles. Se sentaban a “charlar”, con una idea que Calero viene tallando desde hace algún tiempo; “La de contar sin tapujos, nuestra mejor historia”. Aquella que hizo descubrir el nuevo mundo. Revolucionar las ciencias, la cartografía, incluso las artes, ante los acontecimientos que España lideró en época moderna. Si, en ese “siglo de oro” y sus ramalazos, que nos lo han hecho aburrido por lo general en la docencia sin serlo, y que estas mentes brillantes, quizás por justicia poética, también por diversión o por contar la verdad, o incluso como desafío, están consiguiendo acercar a la sociedad actual. Pueden ser una o alguna de estas, o incluso una mezcla de cuestiones. El señor Reverte lo explica meridianamente en una de sus declaraciones. Merece la pena poner el fin de la cita con él, especialmente por su significado; «La memoria no es patriótica ni es ideológica: es explicativa. Conocer lo que fuimos ayuda a saber lo que somos, “hablemos de lecciones morales, con dimensiones mucho más ricas para nosotros hoy. Es útil para todos».

Conversando con Jesus Calero, en estas sesiones de historia y pedagogia, también lo describe de una manera muy sencilla; “Lo que ha logrado Dalmau, es una mirada cotemporánea a nuestra historia. España tiene problemas para asumir su historia y a menudo andamos arrojándonos una u otra visión, ideológica y prejuiciosa, olvidando lo más importante, lo que Ferrer Dalmau hace aparecer en sus pinturas: los hechos y la escala humana de quienes los realizaron. Los españoles no han podido disfrutar durante las últimas décadas, en las que se ha desarrollado una España democrática, de los elementos para esa reconciliación con la historia propia, que está llena de logros y de hechos memorables, no solo de episodios oscuros y críticos. Los cuadros de Dalmau abren ventanas para adentrarnos en ese diálogo con nuestro pasado, por primera vez en mucho tiempo, desde una perspectiva desacomplejada”.

Si alguna vez se te ha ocurrido pintar el mar, habrás visto la complejidad que ostenta. Se trata de un tema realmente inmenso y variado. Cada una de sus posibilidades se relaciona más o menos con una expresión, como fondo, horizonte o incluso protagonista de sus composiciones. Ya sabemos en el caso de Ferrer-Dalmau, que siempre empieza a pintar el cielo, luego la tierra o el mar, para dar luego iluminación y profundidad a sus personajes o a sus barcos en el caso de las marinas. Desde las más clásicas de Fitz Hugh Lane hasta las visiones contemporáneas de Richard Diebenkorn, pasando por la audaz pintura japonesa, sin olvidar al incomparable Turner. En todo este universo azul, también tenemos ahora a Dalmau Ferrer. Cómo también tuvimos y nos lo recordaba precisamente esta mañana el museo naval de Madrid, a un Rafael Monleón, detallista y exhaustivo a la hora de tratar a la mar y sus historias. “Ya tenía experiencias pintando marinas en Cadaqués o en el puerto de Barcelona”. Esa fue en su anterior etapa, y de ahí aprendió a dotar a las marinas de luz y profundidad…

La nostalgia del puerto de Barcelona es un viejo conocido de Dalmau, como lo era la preciosa costa catalana. Lo ha pintado en diferentes ocasiones y su urbanismo, el cual conoce tan bien, lo borda. Y es curioso y atractivo observar esos caballos y esos jinetes, elementos muy habituales en su obra, que se suman a la orquesta portuaria, elemento marino por excelencia. Y así de la actualidad, de un puerto que sigue otorgándole identidad a la actual ciudad cosmopolita de Barcelona, podemos retroceder en el tiempo, gracias a su pincel, para adentrarnos en una sociedad liberal, la catalana, en donde la burguesía fleta naves, van y vienen por las rutas azules del mundo. En sus muelles el regreso de indianos enriquecidos en América y el impulso de la revolución industrial ilustran el desarrollo del puerto catalán. Un telégrafo naciente o la apertura del Canal de Suez en 1869 comportaron ciertos cambios del Mediterráneo que adornarán los diques y dársenas de su puerto: escala para las naves procedentes del Extremo Oriente y escala como puerta del Mediterráneo . Y ahí esta el puerto de Barcelona pintado por Ferrer-Dalmau, como siempre, con sus arquitecturas efímeras, que nos narran una historia.

Y siguiendo con las marinas. De los puertos a alta mar. Cualquier escena naval, aunque sea sencilla, en comparación con las grandes gestas de las batallas, narra una realidad. Un detalle de la época. Cuántas veces hemos encontrado en archivos históricos, legajos que nos hablan sobre la actividad del corso marítimo o del combate y la presa de un bergantín en tal o cual aguas. Cuantas veces en esta nación, muchos de esos datos históricos se condensa perfectamente en esta escena pintada por Dalmau. Un siglo XVII y XVII repleto de pequeñas escaramuzas, de combates y de rendiciones de naves. De un lado para poder contrarrestar a las marinas corsarias de la costa Bereber. De otro, para enfrentarse allí donde fuese a la pujanza de la marina británica, como nos relata la obra “presa frente a Gibraltar”. La costa catalana, Balear, Canarias y Galicia, famosa por sus corsarios de la “Costa da Morte” gallega, ilustra perfectamente una época en la que la mar era un constante damero de confrontación naval. Reverte, conocedor de la materia ilustra al pintor como enfrentarse a esta escena cotidiana de nuestro pasado naval. Es una constante en la conversación con Dalmau. “Me involucro en estas marinas históricas gracias a Arturo. El conoce perfectamente estos episodios históricos y con el afrontamos cada una de las escenas a la hora de pintar”... Y ya que el pintor las ilustra, para leer la descripción de las mismas, posiblemente no exista mejor manera que describirla cómo realiza el escritor que inspiró la obra a Dalmau.

Nos dice Reverte en relación a la escena arriba pintada: “En la noche del 2 al 3 de noviembre de 1805, la goleta mercante española Alejandra (186 toneladas y diez cañones de 4 libras), tras largo y duro viaje de 81 días desde Veracruz, cruzando el Atlántico con carga de grana, azúcar, tabaco y palo de tinte, intenta entrar en la ría de Pontevedra aprovechando la oscuridad para burlar el bloqueo de la escuadra británica que patrulla la costa. Retrasada por encalmadas y vientos contrarios, la primera luz del día alcanza a la embarcación aún fuera de la ría, siendo avistada por dos fragatas enemigas que de inmediato emprenden la caza. Amurada la goleta a babor y con todo el trapo arriba, mientras el enemigo dispara contra su arboladura intentando dejarla sin maniobra y detenerla, la tripulación de la Alejandra se juega el todo por el todo y fuerza vela: la roda machetea con violencia la marejada, ciñendo a rabiar el viento nornordeste con la lona tensa al límite y crujiendo palos, gavias y jarcia, a fin de dejar atrás la punta de la Galera e internarse en la ría antes de que las fragatas la alcancen. Cinco horas después, tras larga y azarosa persecución, la goleta fondeará a salvo, bajo la protección de las baterías de los fuertes españoles”.

Y de las rías de Pontevedra, nos trasladamos a las postrimerías de la roca de Gibraltar. En sus aguas, otra de las trepidantes escenas que jalonaban la costa en su momento. Entre la descripción del escritor, una basada en el conocimiento de la época, ya sea por detalles como el de los colores de la bandera de la marina mercante en la cangreja, o la velas parcheadas de sus frecuentes idas y venidas por la mar y sus golpes de viento en cientos de costas. De nuevo es la pluma de Reverte la que parece traernos del pasado la escena…

“El amanecer del 6 de octubre de 1807, diez millas al sur de Punta Paloma, con viento de poniente y marejada, la goleta corsaria española de ocho cañones Virgen del Carmen, con base en Algeciras y bajo el mando del capitán mallorquín Simonet Rebull, avista al bergantín inglés Mary Wilson, que se adentra en el Estrecho con carga de bacalao, manteca holandesa, alquitrán y hierro, rumbo a Malta. Emprendida la caza por el corsario, el bergantín inglés intenta buscar refugio en Gibraltar hasta que hacia el mediodía y a la vista del Peñón, tras varias maniobras y un breve pero intenso intercambio de fuego, pierde el bauprés y los foques y acaba por arriar bandera con dos muertos y tres heridos a bordo. Conducido el bergantín a tierra, el Juzgado de Marina lo declarará buena presa, siendo subastados el barco y su carga en beneficio del armador, el capitán y la tripulación por un total de 152.000 reales”.

Francisco Arias de Bobadilla, se las vio y deseó en las tierras de Flandes, donde el Imperio disponía una pica. También Dalmau ha pintado sobre esto, además posiblemente una de sus obras más señeras y conocidas junto al famoso de los Tercios. De acuerdo con las crónicas, el 7 de diciembre de 1585, el tal Bobadilla se enfrentaba a un dilema de lo buenos. Junto a sus 5000 hombres de armas, se encontró combatiendo entre los ríos Mosa y Waal, en la famosa isla de Bommel, contra las naves del almirante Hohenlole que les rodeaba. La situación, desesperada para los Tercios, además del estrechamiento del cerco por los miles, había que sumarle la escasez de víveres y ropas secas. Ante la petición de rendición, la contestación fue clara «Los infantes españoles prefieren la muerte a la deshonra. Ya hablaremos de capitulación después de muertos». Épico. Histórico y literario. ¿Porque no igualmente pictórico?. Pues bien, del episodio incluso se ven emerger los palos mayores de las naves del cerco. Todo un detalle que fue objeto de debate entre el pintor y el redactor jefe de cultura de ABC. “Hasta ahí llegan los detalles de las pinturas de Dalmau. Los palos de barcos holandeses, en la esquina superior derecha, detallan, hacen vislumbrar la existencia de esas naves que amenazaban a los tercios Españoles”. Cuestión de detalles.

Como es cuestión de detalles iluminar la escena en la que Blas de Lezo, victorioso y mostrando sus cicatrices de guerra y de vida, -no podía ser de otro modo-, en retrato ecuestre junto a la playa, a las afueras del fortín de San Felipe de Barajas, en la que se celebró una de las batallas más épicas de la historia de España. Una playa repleta de mutilados y casacas rojas, nada más y nada menos que los soldados de infantería al mando del general Thomas Wentworth, que se estrellaron contra el talento y la inteligencia del guipuzcúano en aquella playa de ultramar en columna de a tres. Buena parte de los granaderos británicos que ya daban por sentada la victoria, quedaron para siempre, y en la derrota, en aquella explanada hispana de cuyo nombre no quieren ni acordarse Junto a las lanchas de desembarco, el detalle del casaca roja abatido nos habla del momento de la acción, de la contienda, ocurrida el 20 de Abril. Tras este episodio, Vernon no tuvo más remedio que retirarse a los barcos que Dalmau dibuja en el horizonte. El alto mando británico ordena la retirada y las últimas naves partieron el 20 de mayo. Tuvieron que incendiar cinco de ellas por falta de tripulación. Una de las derrotas más sonadas del Imperio Británico ya tiene cuadro. Hasta hace poco, esta batalla quedaba en el silencio. Prácticamente en el el olvido. La mirada de Blas de Lezo perdida en el horizonte deja las cosas en su sitio. La venganza serena del retado en la actualidad.

Y de Cartagena de Indias a Gibraltar de nuevo. Con el mar como único testigo, en esta ocasión con un cuadro de una factura muy similar al de Blas de Lezo ecuestre. Es de señalar en ambos cuadros, el tono, en relación a la vestimenta, y a la documentación histórica de los mismos. Una constante en su obra, como nos recuerda la doctora María Fidalgo, que otorga a sus óleos no solo una recreación histórica fidedigna, sino la posibilidad de disfrutar de los mismos en la actualidad. La recreación exacta de la casaca de Blas de Lezo es un ejemplo. En la reciente y exitosa exposición de Blas de Lezo en el Museo naval de Madrid, en una de sus vitrinas descansaba la casaca del general. Observarla y compararla con el cuadro de Dalmau es prácticamente hacer un juego de comparaciones. Juzguen por ustedes mismos.

En el cuarto centenario de Miguel de Cervantes Saavedra, sin duda, una de las figuras más conocidas y de mayor fama de las letras de nuestro Siglo de Oro, también es objeto de conmemoración y de recuerdo por parte de Dalmau Y como no, se trata de otro episodio naval histórico señero en nuestra historia. De nuevo la mar y sus naves. Fue en el golfo de Corinto, y con el soldado, Cervantes. ”Ha sido un cuadro que me ha gustado mucho pintar y evocar, recuerda Dalmau”. El pintor tuvo que reconstruir, como en tantas otras ocasiones, la escena. Y fue con ayuda de David Nievas y aquí realiza el escritor un alto, cuando hablamos sobre la confección de los óleos. Una obligatoria parada para reconocer el valor de asesoramiento de los historiadores y en este caso del riguroso Nievas en su obra. Si Reverte le otorga el impulso y la confianza de trabajar sus marinas históricas, Nievas certifica en esta ocasión un importante esfuerzo en muchas de sus obras y cuyo resultado aprecia tanto el observador: “así, Cervantes se nos presenta casi sin armadura, con el jubón abierto debido a que venía directo de la enfermería, la tez lívida debido a las calenturas. Es posible que el papel de Cervantes en el esquife fuera el de ayudar a los arcabuceros a recargar, o que estuviera tirando de allí “piñas de fuego” (unos tarros de cerámica llenos de material combustible que se tiraban al enemigo con una mecha o trapo encendido a modo de coctel molotov,” retrata Nievas en el ejercicio de ilustrar el hecho histórico del personaje. Y luego llega Dalmau y moja el pincel en pintura, para así retratar a Cervantes en su justo homenaje. En acción. Y sobre la mar de Lepanto.

La bandera de la Royal Navy con escuadrón rojo languidece, derrotada, en las astilladas y cristalinas aguas de la batalla, en la esquina izquierda del cuadro, junto al espejo de popa de una fragata de guerra hispana. Me recuerda irremediablemente a la bandera, que en similar porte naufragaba en el cuadro de Turner, y que hizo que el cuadro del pintor Londinense acabase en el olvido, ya que a Jorge V ”no gustaba” que aquella bandera inglesa estuviese justamente como la pintó Dalmau, entre maderas y hundida en el mar. En esta ocasión otro rey, Felipe VI , en el Museo Naval de Madrid formó parte de la inauguración, en la que el pintor Augusto Ferrer Dalmau, hacia entrega del mismo al Museo del mismo, no podemos olvidar que gracias a la donación de la activa Asociación de amigos del Museo Naval de Madrid. Una impresionante marina, con la que concluiremos este breve repaso, que quizás sea el culmen de su guiño a la mar y sus historias. Pintada en un gran formato de 170 por 190 centímetros, nos narra, uno de los episodios más épicos de la historia de nuestra Armada.

Fue el cuadro más debatido y comentado en la conversación con el periodista de ABC, Jesús Calero en las jornadas de la casa del lector. Especialmente esa recreación, erudita, vocacional, apasionada, que junto al escritor Arturo Pérez Reverte y Dalmau protagonizaron. Encantó, como encandilará a todos los presentes esta tarde, 2 de Febrero y que llenarán el auditorio del Museo Reina Sofía de Madrid, la reunión de estos dos personajes ilustres para recrear el pasado y debatirlo de cara al futuro. Es innegable la originalidad y la pasión, que inspira, a la hora de inmortalizar un cuadro. Una cita, la pintura que sirve y sirve para “congelar en el tiempo” un momento. En esta ocasión el combate del Glorioso. El palo de mesana, acaba de ser derribado por una andanada del buque Español. “Ese es mi momento del cuadro relata Dalmau”. “El Glorioso, desarbolado y moribundo, plantando cara a la jauría de navíos ingleses”. Altivo y solo. Plantando cara a doce barcos, hundiendo a dos y disponiendo en fuga a otros tantos antes de ser capturado. Y si la historia que narra el cuadro, parece que más aún cautivo el cómo se hizo, su particular “making off”. La forma de crear de la nada este episodio y transformarlo en cuadro.

Entre fogonazos y gritos de los oficiales, sonaba el taladro de Arturo, que simulaba, uno por uno, los cañonazos sobre el casco del navío hispano. «Disfrutamos como dos críos. Me imaginé cómo habría disparado el capitán inglés. En el XVIII se tiraba al casco para desmontar los cañones y matar gente, y a las jarcias con palanqueta o bolas encadenadas, con el fin de romperlas y desarbolarlo” comentaba el escritor en una reciente entrevista acerca del óleo. Y en el debate, los apuntes acerca de como todo aquello ayudaba a la mente del pintor a recrear el momento. “Las velas caían y podían incendiarse, las vergas golpeaban las bordas y los marinos se afanaban con el hacha para cortarlas y tirar todo al agua. Del «juego» con la maqueta, Ferrer-Damau sacaba brilantes conclusiones pictóricas, que le sirvieron de guía para pintar el cuadro. No hay mejor pedagogía posible respecto al asunto.

Los cuadros de la mar a debate con el cronista de la mar. Los cuadros de técnica magnífica los de Dalmau, capaces de representar el ambiente, la grandeza y las dificultades de aquellos españoles cuyos hechos nos hicieron como somos. En las jornadas de la Casa del Lector pudimos recorrer sus obras de tema marino e histórico, para así asistir y observar que esa técnica es el resultado y la explicación al mismo tiempo de un trabajo de gran calidad, serio y respetuoso con la historia, en el que se busca la perfección de la escena, para que represente exactamente cómo pudo ser. Con estas imágenes de la historia, todos podemos viajar hacia el pasado, pensar en el pasado y regresar con muchas horas de aprendizaje sobre quiénes somos y cómo podemos explicar nuestras propias contradicciones. Una de las mejores lecciones que siempre generosamente nos ofrecen estos hombres de letras y del que tanto pueden aportar a reflexionar en una sociedad, la hispana, desvertebrada, manipulada y desmemoriada. Una pincelada de verdad, asesorada mediante la palabra. Y como tal describe, para terminar, porque no se podría hacer mejor, el punto y final sobre la pintura de Dalmau-Ferrer. Las marinas en la historia, que el gran Reverte resume con las siguientes letras;

“Nadie —que yo conozca— pinta en España como Augusto Ferrer-Dalmau. Con tanta honradez y con tan admirable ausencia de complejos a la hora de recuperar las imágenes de nuestro largo pasado militar. Lo que en otros países es natural, pintores de batallas que fijan en sus lienzos la historia y la memoria de sus respectivas naciones, aquí resulta doblemente asombroso: por lo insólito del empeño y por la espléndida belleza del resultado. Eso convierte a Ferrer-Dalmau y su obra singular, extraordinaria, en algo especialmente raro. Y, como tal, precioso. Sus cuadros son escenas, retratos, claves necesarias para ilustrar nuestro pasado. Para recordar y reflexionar. Para comprender mejor, así, nuestras miserias, nuestras tragedias y nuestra grandeza”.
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Ada
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MensajePublicado: Mie Abr 19, 2017 2:54 pm    Asunto: Responder citando

Entrevista a Joaquín Sabina – Elle – 03/2017

-Arturo Pérez-Reverte, que es un miura, dice...
-(Interrumpe). Es verdad, Reverte es un miura (sonríe). Pero es muy cariñoso también. Es una persona muy tierna.

-Y valora tanto como tú la complicidad. Eso fue lo que me dijo en una entrevista sobre las mujeres de sus novelas y su vida.
-Claro, es que tú puedes tener un amor pasional, arrebatador por alguien, y luego no encontrar la manera de conseguir la cotidianeidad. Y de eso, en otras épocas, algo he sabido yo (ríe). Por eso, la Jime es una magnífica compañera de viaje. Por cierto, Reverte me ha hecho una putada desde la sincera amistad...

-¿Se puede saber cuál?
-Me ha propuesto para la Real Academia Española. Y a mí me da un corte que te mueres.

-Enhorabuena. ¿Qué le has contestado tú?
-Que haga lo que quiera. En realidad, lo que le he dicho es que, para que entre un cantante en la Academia, el primero tiene que ser Serrat; él es de verdad quien lo ha sido y lo es todo. Se inventó un oficio que no existía. A Serrat lo ves desde en la folclórica hasta en lo que estamos haciendo los demás. Y nos abrió los caminos de América.
_________________
Consuela saber que nadie a quien amas se quema en lo que arde. http://adacaramelada.blogspot.com.es
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Rogorn
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MensajePublicado: Jue May 04, 2017 9:03 am    Asunto: Responder citando

Cyrano, o el poder de la palabra. José Luis Gil abre el ‘Siglo de Oro’ con el clásico francés
Marta Rodríguez - lavozdealmeria.es - 04/05/2017

El auténtico Cyrano fue coe­táneo de Molière -vivió en el siglo XVII- y está considerado uno de los precursores de la ciencia ficción por su obra ‘Viaje a la luna’. Aunque ha pasado a la posteridad por la obra de Edmond Rostand, este hombre -o personaje- valiente hasta el infinito pero acobardado por el amor es el emblema nacional galo. Soldado y poeta, Cyrano es la fuerza de su verso, el poder de la palabra.

Conocido y querido por su papel del señor Cuesta -el delirante presidente de la comunidad de la popular serie de televisión ‘Aquí no hay quien viva’-, José Luis Gil (Zaragoza, 1957) posee una amplia experiencia como actor de doblaje y de teatro y siempre ha sentido fascinación por el personaje de Cyrano. No en vano, es mucho más que el intérprete que le da vida, es el alma máter de la versión del clásico francés que, dirigida por Alberto Castrillo-Ferrer, se representa mañana viernes 5 de mayo, a las 21 horas, en el Auditorio Maestro Padilla de Almería como el primer gran espectáculo de las XXXIV Jornadas de Tea­tro del Siglo de Oro.

“En la vida todo son casualidades y proponérselo. Llevo haciendo teatro desde Juan Cuesta y me apetecía dar un salto, buscar un proyecto que me hiciese ir al teatro con ilusión y estar entregado a algo y este personaje en sí mismo ya es tremendamente atractivo para un actor; a mí me acompaña desde que era un crío y estudiaba Arte Dramático”, explicaba José Luis Gil ayer en SER Almería.

Consciente de que este Quijote del teatro requería un “gran ejercicio de interpretación” que podía hacer ahora pero quizá no en unos años, el actor zaragozano se dedicó a contagiar su ilusión por el proyecto. El resultado es toda una compañía -en la que se integran nombres como Ana Ruiz (‘Amar en tiempos revueltos’) y Álex Gadea (‘Seis hermanas’)- que termina cada función exhausta por la enorme entrega y al mismo tiempo feliz. Escenificar este ‘Cyrano de Bergerac’, estrenado el pasado 21 de abril, “supone un reto apasionante”. “Estamos deseando hacerlo una y otra vez, que el regidor nos dé la entrada para salir a escena y que se abra este mundo lleno de música, coreografías, espadas, versos, palabra, mucha palabra, y mucho mundo interior. La respuesta del público ha sido fantástica y encima inauguramos las Jornadas del Siglo de Oro de Almería”, expresaba en la radio.

Un duelo de esgrima en el primer acto da la medida de la exigencia con la que se ha afrontado la adaptación. “Hay ciertas cosas de Cyrano que no se pueden obviar como ese duelo del principio. Si había que hacer esgrima la hacíamos, así que participamos en un curso de dos meses aunque la escena apenas dure unos minutos. Se debía ver cómo movemos las espadas con cierta soltura y recurrimos al mejor: Jesús Esperanza”, dice.

La caracterización que lleva consigo el personaje con la peluca y la prótesis de nariz en un principio se antojaron un lastre para José Luis Gil, distorsionaban su tranquilidad. Pero superado el desconcierto inicial, ahora le ayudan a meterse en el personaje, en el mundo de Cyrano, en el mundo del verso. “Eso ayuda bastante, estoy metido en situación desde la primera palabra”, asegura. “Aventura, pasión, tensión, humor, belleza, amor y desamor. ‘Cyrano de Bergerac’ lo tiene todo. El referente para el público español es Gérard Depardieu en el mejor trabajo de su vida”, señala el director Alberto Castrillo-Ferrer, coautor de la vesión junto a Carlota Pérez-Reverte.

Las entradas para ver el espectáculo están a la venta en la Taquilla Municipal, en el Teatro Apolo, y en www.almeriaculturaentradas.es al precio de 18 y 15 euros.
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Rogorn
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MensajePublicado: Vie May 05, 2017 9:17 am    Asunto: Responder citando

Jorge Fernández Díaz asumió en la Academia Argentina de Letras
perfil.com - 04/05/2017

Jorge Fernández Díaz asumió hoy como académico de número de la Academia Argentina de Letras, durante un acto realizado en la sede porteña del Palacio Errázuriz, ubicado en avenida del Libertador 1902, en el barrio porteño de Palermo. El escritor y periodista, que trabajó en el Diario 'Perfil' y la Revista 'Noticias'. reivindicó el rol del periodismo actual en un su discurso de aceptación, sobre "el articulismo como una de las bellas artes". En su alocución, cual aseveró que "lo mejor de la literatura moderna se está escribiendo en los diarios".

Fernández Díaz destacó "un verdadero suceso de las letras que en la actualidad es protagonizado por las grandes plumas del idioma", como Javier Marías, Javier Cercas, Rosa Montero o Almúdena Grandes en Europa y Beatriz Sarlo, Leila Guerriero, Fabián Casas o Martín Caparrós en Latinoamérica. Escritores que, afirmó, "ennoblecen el género con textos agudos, bellos o memorables que en algunos casos resultan imperecederos, terminan compilados en libros y pueden ser leídos como lo que son: capítulos mayores del análisis y la observación".

En el acto estuvieron presentes el ministro de Cultura de la Nación, Pablo Avelluto; el escritor español Arturo Pérez-Reverte; el secretario de Medios Públicos, Jorge Sigal y el ministro de Educación Nacional, Esteban Bullrich, entre otros, según informó la agencia Télam.

A continuación, el discurso completo de Jorge Fernández Díaz ante la Academia Argentina de Letras:

Ciertos críticos ya lo han advertido, aunque con sospechosa timidez: lo mejor de la literatura moderna se está escribiendo en los diarios. Esta aseveración polémica pero verosímil ha sido, sin embargo, poco analizada, y suele quedar asociada al fenómeno de la crónica o el reportaje novelado, que el Nuevo Periodismo de Tom Wolfe ya había canonizado, que las grandes publicaciones buscan una y otra vez resucitar con suerte diversa y que algunos suplementos quieren convertir de un modo erróneo y forzado en el "nuevo boom latinoamericano". Desde Truman Capote, Gay Talese y Norman Mailer está claro que la no ficción, cuando es tratada de una manera excelsa, constituye una forma artística tan portentosa como la novela o el cuento. Pero existe otra intervención literaria fundamental en el periódico, y es el articulismo de costumbres y de opinión, verdadero suceso de las letras que en la actualidad es protagonizado por las grandes plumas del idioma. Escritores prestigiosos practican esa forma breve e impresionista: Javier Marías, Arturo Pérez-Reverte, Manuel Vicent, Javier Cercas, Rosa Montero, Almudena Grandes y Fernando Savater en España han retomado la larga y rica tradición de Mariano Larra, Julio Camba, Azorín, Pío Baroja y Miguel de Unamuno. Lo propio ha ocurrido, aunque con características algo diferenciadas, en América latina, y especialmente en nuestro país, donde Tomás Abraham, Beatriz Sarlo, Martín Caparrós, Santiago Kovadloff, Luis Alberto Romero, Jorge Fontevecchia, Marcelo Birmajer, Leila Guerriero, Daniel Guebel y Fabián Casas, por solo nombrar a diez de los muchos, ennoblecen el género con textos agudos, bellos o memorables que en algunos casos resultan imperecederos, terminan compilados en libros y pueden ser leídos como lo que son: capítulos mayores del análisis y la observación. Tal vez la sospechosa timidez de aquellos críticos tenga que ver con esta paradoja: los libros de artículos de ciertos novelistas, sociólogos, poetas, investigadores o filósofos serán más valiosos en el futuro que sus propias novelas, poemarios y tratados. Esta ironía del destino hace pensar un poco en Discépolo, que dijo: "Me pasé la vida haciendo mis tanguitos mientras intentaba escribir mi gran obra. Hasta que por fin me di cuenta de que mi gran obra eran los tanguitos".

La reflexión, traída al campo del articulismo, alude al equívoco sesgo marginal que tienen esas piezas en la caudalosa producción de todo escritor que se precie. Sus autores consiguen con esas notas periódicas estipendio y popularidad, pero en el fondo sólo las consideran un subproducto, puente o remolcador hacia su "obra mayor", sin entender que al atarse semanalmente a una columna se han transformado sin quererlo en ensayistas de hecho y derecho; se han consagrado a dar a conocer una suerte de diario íntimo de viaje por la vida, la política, la cultura, la sociedad de sus tiempos, y también a elaborar una prosa con estilo específico y depurado que lo haga legible. Existen, por supuesto, escritores que tienen más claro esto. Tomás Abraham denominó a su producción de prensa "pensamiento rápido", y siguiendo a los grandes popes de la filosofía la ha ido incorporado de un modo regular y corriente a sus libros centrales. No hace otra cosa que lo que se ha hecho desde la génesis del articulismo, que por cierto se confunde con la historia misma del ensayo.

Vale la pena detenernos en esa génesis y luego en su fascinante evolución para comprender por qué el artículo creativo tiene más que ver con la literatura que con el periodismo profesional.

En su magnífico libro Pensar por ensayos, Jordi Gracia y Domingo Ródenas de Moya señalan con precisión al padre de todos los articulistas: Michel de Montaigne, intelectual cuyo propósito explícito consiste en producir una prosa que mixtura la subjetividad con la lucidez, que funda de hecho toda una literatura ensayística ligada a los periódicos y las revistas, y que hoy sigue definiendo el modus operandi de los articulistas de primer orden. Montaigne crea la idea de un dispositivo literario de "experiencias" y de un cruce (cito) "entre el pensamiento heterodoxo y la escritura confesional exonerada de culpa". Esta escritura pensante y personal fue asimilada por Francis Bacon y contrapuesta más adelante por John Locke, que se inclinaba por un ensayo más sistemático y extenso: la llamada línea tratadista. Según Gracia y Ródenas de Moya, la prosa de ideas privilegió en Francia "el espíritu racionalmente didáctico, mientras que la enseñanza de Montaigne, aquella dicción familiar y cálida, marcada intensamente por el yo del autor, la curiosidad inespecífica y la suave ironía, la flexibilidad de una escritura que se desvía de lo especulativo a lo narrativo, de lo concreto a lo abstracto y viceversa, fue recogida en Inglaterra y se diría que fue convertida en patrimonio de los escritores ingleses".

Hacia 1711 esa prosa amena y cívica, "destinada a una clase media en formación, volcada a la construcción de una sociabilidad del conocimiento" se encontraba en la prensa. Hay muchas publicaciones de la época que así lo testimonian, pero entre todas destaca por supuesto la inteligencia de Samuel Johnson, que escribió cien ensayos en Universal Chronicle. La alianza entre la prensa y el ensayo informal, dicen los autores, se había sellado. Y el artículo quedó definido así: "Comentario o meditación personal sobre cualquier asunto, sin importar su alcurnia o su banalidad, escrito en un estilo conversacional pero elegante, desenfadado y antidogmático". Lo que no excluía furiosas diatribas contra la injusticia social ni la sátira, elemento donde brilló Johnathan Swift. El propio Samuel Johnson escribió sobre el articulista en ciernes. Lo cito:

Rehúye los impedimentos a los que se expondría una obra extensa; rara vez fatiga su razón en largas series de consecuencias o empeña sus ojos en minuciosas lecturas de libros antiguos o carga su memoria con inmensas acumulaciones de conocimiento preparatorio. Un vistazo descuidado a un autor favorito, un breve sondeo a las variedades de la vida son suficientes para proporcionar la primera vislumbre o idea seminal que, acrecentada gradualmente por la materia almacenada en la mente, crece al calor de la imaginación hasta florecer e incluso, a veces, hasta producir frutos.

Damas y caballeros, el artículo popular moderno sigue todavía en la actualidad aquel añejo mandato.

Más adelante David Hume haría la distinción entre los "ilustradores", pensadores de largo aliento, y los "conversadores", aquellos que se permitían pensar en público. Nacía el término "ensayista". Aunque como una suerte de sinónimo anticipado del vocablo "articulista", puesto que el ensayista de aquellas épocas solo lo era en tanto y en cuanto divulgaba sus escritos en los medios. Borges, que fue un excepcional articulista y que nunca tuvo reparos en incluir sus colaboraciones dentro de sus libros de ensayo, admiraba a los escritores que incursionaban en la materia: Coleridge, De Quincey, Carlyle, Stevenson, Wilde y Chesterton. Y también fueron de la partida Rouseau, Stendhal, Baudelaire, Mallarmé, Valéry y Gide.

Tardíamente, los españoles se sumaron a la tendencia, pero cuando lo hicieron generaron una tradición fuerte, rica, perenne y mutante. A ese fenómeno debemos grandes libros que recogerían intensas colaboraciones periodísticas, como Del sentimiento trágico de la vida, de Unamuno o La rebelión de las masas, de Ortega y Gasset. Recuerda Mario Vargas Llosa aquel tiempo en que el periodismo y la literatura se confundían, y cómo había fracasado en leer la gran obra de Cervantes hasta que se topó con un pequeño libro, que para él resultó una obra maestra y que también constituía una compilación de artículos de prensa. Su autor es Azorín y ese libro se llamaba La ruta de Don Quijote. Vargas Llosa, uno de los grandes articulistas de los últimos cincuenta años, recuerda que esas notas de Azorín le produjeron tanto entusiasmo que ya no pudo sino leer finalmente "El Quijote".

Pero el patriarca de todas esas figuras fue sin duda Mariano José de Larra, muy apreciado en su momento por Sarmiento, Alberdi y Mansilla, y más tarde por Arlt y por Borges. Hoy es un clásico indiscutido de las letras en español. Resulta interesante ver cómo en sus "artículos de costumbres", ese genial observador puntualiza no sin irónica modestia cómo proceden los miembros de ese nuevo club de "escritores del día". Lo cito:

No seguimos método, ni observamos orden, ni hacemos sino saltar de una materia en otra, como aquel que no entiende ninguna (.) ya denunciando a la pública indignación necios y viciosos, ya afectando conocimientos del mundo en aplicaciones generales frías e insípidas. Efectivamente, tal es nuestro plan, en parte hijo de nuestro conocimiento del público, en parte hijo de nuestra nulidad.

La influencia de Montaigne, de Russeau, de Burke, del propio Larra, cada uno en su tiempo y a su manera, sería también crucial en el Río de la Plata. Entre los patriotas de la Revolución de Mayo, Moreno propicia la traducción de El contrato social; Monteagudo lee las críticas de Burke a la Revolución Francesa; Belgrano estudia a Voltaire y a Montesquieu. San Martín, ya en plena guerra de la independencia, es devoto de los articulistas de la Ilustración, y sucesivamente Rivadavia y Rosas utilizan los servicios de un polemista y polígrafo napolitano afincado en nuestras pampas: el articulista Pedro de Angelis, que protagonizó una encarnizada batalla cultural por las ideas rosistas y que hasta Mitre indultó por su admirable inteligencia.

De Angelis es citado por Horacio González en su extraordinaria y controvertida Historia conjetural del periodismo, obra que vincula el origen de ese oficio con los partes de guerra, y que para deslegitimar la condición objetiva sugiere la posibilidad de que nunca haya abandonado del todo esa característica fundida a fuego en su matriz. El vínculo entre guerra y política conduce al periodismo de combate, en tiempo de paz y en tiempo de conflagraciones internas, en esos interregnos definidos por Altamirano como "las guerras civiles del espíritu", algo de candente actualidad gracias al nuevo apogeo populista y sus antagonismos binarios. Es obvio que las pulseadas ideológicas relevantes fueron llevadas a cabo por articulistas con fuerte toma de posición, y todo el siglo XIX parece darle en ese sentido la razón a González. Allí están, para empezar, las feroces polémicas entre Alberdi y Sarmiento, dos escritores fundamentales. Alberdi estrena su articulismo con un seudónimo que alude a Larra: Figarillo, un diminutivo del nombre de fantasía de su maestro, que firmaba como Fígaro. Gesto que buscaba reconocerse en aquel linaje. El eco de Larra es inconfundible en Juan Bautista Alberdi, quien en 1830 describía algunos personajes de Buenos Aires de esta manera:

Hormiga de ese hormiguero es el Hombre Hormiga (que) muestra desde pequeño lo que ha de ser cuando maduro (.) entra a la escuela y allí se distingue por su espíritu mercantil (.) Es el Hombre Hormiga y es el Hombre- azogue en el perseguir la plata (.) ¿cómo ha de manejar el torno o la lima, él que es delicadito, tan endeble? Tampoco estudia porque no tiene vocación ni le gustan los libros. Para el Hombre Hormiga no hay invierno: se levanta con el sol, y a la changa. Recorre los almacenes y las tiendas y mercadería: pide muestras, los últimos precios y empieza su peregrinación. ¿Necesita usted guantes? Èl se los proporciona buenos y baratos. ¿No le han conseguido a usted los habanos? Él sabe dónde los hay superiores. El Hombre Hormiga no tiene opinión política ni sigue más bandera que la de remate. No tiene amigos, su amigo es el peso, sus enemigos son sus semejantes, los otros hombres hormigas que no tienen conciencia ni moral, ni patriotismo.

Este artículo de la vida cotidiana con fuerte crítica social preanuncia al otro Alberdi, el jurisconsulto, el duro fustigador de Rosas, el ensayista que defendió a Urquiza, el ironista que desató las injurias furibundas de Sarmiento y el razonador que puso en jaque algunas concepciones políticas y militares de Mitre. Aquel que fue capaz de escribir en pocas semanas Bases, utilizando sus tratados jurídicos pero también enhebrando los conceptos de fondo que ya había desarrollado en sus artículos publicados en periódicos de Uruguay y de Chile. Ese corpus periodístico fue su verdadero laboratorio intelectual. Los primeros constitucionalistas tomaron Bases como el cimiento sobre el que edificar nuestra Carta Magna, y podríamos entonces extremar con entusiasmo el concepto y conjeturar por fin que la mismísima Constitución nacional es también hija del articulismo.

Es cierto que para Sarmiento la prensa y la literatura eran otras formas de la guerra. Y que este periodismo bélico, que por momentos contradecía el precepto antidogmático de Johnson, caracterizó a las principales figuras del periodismo de ese siglo fundante. No menos cierto es que esa clase de ensayista de diarios y revistas sigue teniendo una vigencia completa. Sólo basta revisar cada día los diarios del mundo, detectar en sus páginas a los más destacados intelectuales de la actualidad, y leer por ejemplo La puerta de los asesinos, el libro con el que George Packer ganó el National Book Award y donde describe con minuciosidad espeluznante cómo la guerra de Irak fue producto de intensas escaramuzas entre articulistas ideológicos que intentaban cambiar la historia de los Estados Unidos y de Medio Oriente. El articulismo, para bien y para mal, sigue siendo un factor decisivo de la historia. Y esto produce acaso el mismo escozor que le causaba a Galdós, cuando luego de una dilatada carrera periodística escribió un cuento satírico llamado "El artículo de fondo", donde denunciaba las arbitrariedades y el peligroso poder que ya tenían los articulistas.

Por eso es preciso regresar por un momento a finales del Siglo XIX, para ver cómo se consolidó esta tendencia ideologizada. Las hoy desprestigiadas palabras "publicista" y "panfleto" eran entonces sustantivos de alta valoración. El publicista era un ideólogo de la prensa y el panfleto, un soporte natural de su cosecha. Formula el escritor y filólogo catalán Oriol Pi de Cabanyes una distinción crucial. En aquellos tiempos había dos gremios diferenciados: se distinguía el llamado "escritor público" del simple "periodista". En la crónica de un entierro de agosto de 1859 se precisa que un pensador llevaba la representación de los "escritores públicos" mientras que la de "los periodistas" la llevaba un artesano de la información. La fuente de Pi de Cabanyes es un libro del historiador y crítico Joan Lluís Marfany (Llengua, nació i diglòssia). Marfany deduce allí que "el escritor público" sería "el que escribe no para un círculo selecto de entendidos sino para todo el que pueda y quiera leer" y vincula a ese tipo de piezas con "la idea de la responsabilidad". Primera definición del articulismo, acaso primeros testimonios de dos profesiones que marchaban juntas pero que ya eran divergentes y hasta antagónicas: la opinión y la información. William Deresiewicz, especialista norteamericano en la materia, divide una cosa de la otra al decir: "Lo que distingue un artículo de opinión de un panorama periodístico es que el autor busca persuadir y no simplemente informar".

También acierta Horacio González al recordarnos que las grandes plumas del periodismo argentino eran hombres con proyectos políticos personales, que desdeñaban la objetividad profesional y que muchas veces embellecían u opacaban los hechos desde su perspectiva de facción, como lo hacían los generales ganadores y perdedores después de las batallas. Muchos de ellos eran polifacéticos -poetas, estadistas, duelistas, soldados, novelistas, dramaturgos-, tenían posición tomada, se veían a sí mismo como creadores de sentido y conductores morales e intelectuales de la sociedad. Con sus ocurrencias y argumentos se fundaron diarios y partidos, y es bueno admitir que sus debates, a veces tenebrosos para la sensibilidad actual, forjaron una Nación. De esos escritores comprometidos con la política descienden muchos otros que harían historia en el Siglo XX. Una línea de tiempo que va desde Mansilla, Cané y Echeverría hasta Viñas, Sebreli y Gelman. A ellos les cabe el concepto de Walsh según el cual "la máquina de escribir puede ser un abanico o una ametralladora". Y es verdad que detrás de todo gran periódico concebido en los últimos cien años hay por lo general un articulismo que prefigura o potencia una idea de país, y por lo tanto, una fuerza que lo encarne.

Donde el autor de Historia conjetural del periodismo falla es en creer que toda la prensa resulta un apéndice de la política y que está determinada por esa pulsión guerrera. Los nuevos periódicos, con su mira en el periodismo norteamericano y su búsqueda inestable de una cierta objetividad, han brillado en el transcurso de las últimas ocho décadas con sus reportajes, entrevistas, investigaciones, denuncias y crónicas narrativas. Y aunque los ideólogos siguieron produciendo hasta hoy en día sus textos de influencia, éstos conviven a su vez con el cuerpo profesional de informativistas y militantes del dato objetivo, y con columnistas que son librepensadores y que sólo aspiran a representarse a sí mismos. Dice al respecto Manuel Vicent, paradigma del articulista sin partido: "Mi columna dominical es una garita desde la que disparo". Estos nuevos francotiradores, estos visitantes de las páginas del diario tienen ideología, pero ella no necesariamente coincide con la línea editorial ni pretende participar de la gran política. Algunos de esos articulistas independientes y apartidarios, como Arturo Pérez-Reverte, aseveran que sus columnas editadas por XL Semanal no son ni siquiera periodismo, sino simples "ajuste de cuentas" con la comunidad moderna. Pedro de Miguel, licenciado en Historia y profesor de Géneros Periodísticos Interpretativos en la Universidad de Navarra, asegura que "a diferencia del mundo griego y romano, nuestro nuevo foro son los medios de comunicación", y que desde la llegada de la democracia y la libertad de expresión, el articulismo es un oficio pago y reconocido. La mayoría de los autores del articulismo español no son periodistas, sino escritores. Y este punto determinante nos lleva a un aspecto central de este discurso de recepción: el artículo como un género literario.

Así como la palabra ensayo sugiere lo inacabado, el término artículo conduce al verbo articular y sugiere un arte, un artificio, un artefacto, una artesanía. Como cualquier género, es practicado por canallas y por héroes, mediocres y eficientes, y también por prosistas geniales. Ese género es literario porque el ensayo también lo es, pero sobre todo porque en sus mejores momentos produce una obra y un estilo de calidad sublimes. El tema se planteó hace poco en la Universidad Complutense de Málaga, que invitó a algunos de los principales "escritores periodísticos" para debatir la pregunta del millón: ¿La columna ha llegado al Parnaso de la literatura? Allí se habló de Manuel Alcántara, de Paco Umbral y de Manuel Vázquez Montalbán, y también de los múltiples abordajes del artículo: desde el comentario de la actualidad pura y dura, hasta el relato costumbrista, la diatriba social, la prosa poética, el ensayo literario e incluso formas más híbridas como el articuento de Juan José Millás o los relatos del mercado que escribe Almudena Grandes en la revista dominical de El País. En efecto, dos coordenadas cruzan al artículo: estética y retórica. El estilo, se dijo en Málaga, es aquel prodigio por el cual si el autor no firmara la pieza, de igual modo se reconocería quién la ha escrito. Y su contracara es un exceso estilístico en el que se ahogan ciertos columnistas, quienes se permiten ser argumentativamente irresponsables porque manejan bien las metáforas. Muchos de esos maestros de la nota breve piensan como Borges, es decir que la nota debe seguir un "planteamiento, desarrollo y desenlace". En una cena de 1956, Bioy Casares y Borges debaten sobre cómo deben escribirse los artículos. Dice Borges: "Para mantener el interés del lector, hay que hacer los artículos como pequeños cuentos". Bioy le responde: "Creo que hay sin embargo una diferencia. El cuento debe concluir con lo más importante. El comienzo, en los cuentos, no importa mucho; el lector sabe que puede esperar algo. En las notas hay que poner lo mejor que uno tiene en la primera frase. Si no, el lector no entra". Borges escribió cientos de pequeños artículos de prensa, que pueden consultarse en Inquisiciones, Discusión, Evaristo Carriego y, sobre todo, en Textos recobrados. En la revista Sur, comenzaba uno de ellos de esta manera: "Todos sabemos que una fiesta, un palacio, una gran empresa, un almuerzo de escritores o periodistas, un ambiente de franca y espontánea camaradería, son esencialmente horrorosos".

Su gran antagonista, Arturo Jauretche, y su aborrecido Roberto Arlt harían también historia en ese mismo género. En Prosa de hacha y tiza el antiguo amigo de Borges recoge sus colaboraciones y carga sobre las tipologías argentinas:

No sabemos si guarango y tilingo son términos nuestros -escribe Jauretche-. No hemos consultado a la Academia. Pero indiscutiblemente son tipos nuestros. Y recíprocos. El tilingo es al guarango, lo que el polvo de la talla al diamante. O la viruta a la madera. Producto de un exceso de pulido, o de la garlopa que se pasa. Es la diferencia que hay entre tomar el vaso 'a la que te criaste' y tomarlo entre las puntas del índice y el pulgar y con el meñique apuntando a la distancia. Pero digamos que en el guarango está contenido el brillante y también la madera para el mueble. En el tilingo nada. En el guarango hay potencialmente lo que puede ser. El tilingo es una frustración. Una decadencia sin haber pasado por la plenitud.

Roberto Arlt seguiría también al maestro Larra en sus Aguafuertes porteñas, que son artículos de penetración social y perfiles de la vida privada. "Ensalzaré con esmero el benemérito fiacún -escribe en uno de ellos-. Yo, cronista meditabundo y aburrido, dedicaré todas mis energías a hacer el elogio del fiacún, a establecer el origen de la fiaca, y a dejar determinado de modo matemático y preciso los alcances del término. Los futuros académicos argentinos me lo agradecerán". Aquí estamos para agradecerlo.

A fines de la década del 60, Félix Laiño, audaz director del vespertino La Razón, mandó a la calle a varios asistentes a preguntar por los cafetines por qué razón los lectores elegían ese periódico popular y no su competencia más empedernida, el tabloide Crónica, de Héctor Ricardo García. Esa encuesta sui generis arrojó un resultado significativo: los lectores de La Razón provenían de la misma clase sociocultural, pero preferían el diario sábana por sus "artículos de fondo". Laiño parecía perplejo: sabía que sus lectores acudían con la misma clase de avidez que los compradores de Crónica a la sección Deportes, a la crónica roja, a los chismes faranduleros y a las informaciones de turf, pero resulta que al revés de aquéllos, los lectores de La Razón eran aspiracionales y, por lo tanto, se sentían sucios y vacíos sin un artículo de fondo que los vistiera y justificara. Un diario no vende únicamente noticias, vende identidad. Y hoy más que nunca la identidad no está dada por su diseño ni por sus editoriales institucionales, sino por la calidad y características empáticas de sus articulistas. Si los articulistas hicieran una huelga general, ningún diario de la actualidad resistiría más de dos meses en la calle.

Bajo la última dictadura militar, filtrando pura vida y ácida mirada social, el escritor Jorge Asís acometería ese formato literario desde las páginas de Clarín bajo el seudónimo de Oberdán Rocamora. Lo cito:

Porteño, gigante mínimo, tierno salvaje, hombre o mujer de mil caras o máscaras, estado de ánimo; montón de vacilaciones, de obstáculos, de contradicciones; un depósito de recursos, de defensas, un buscador insaciable; un dramático y eterno aspirante a la terca felicidad. La guita, hermano, that is the question. No hay que ser un analista demasiado lúcido (basta con ser sincero) para afirmar que fue la guita la que, literalmente, nos enloqueció.

Junto a su escritorio en aquella redacción mítica estaba un cronista policial, escritor secreto y erudito asombroso, que se llamó Emilio Petcoff: salía a la calle y elaboraba extraños artículos sobre crímenes y misterios bajo el seudónimo Fermín Rivas. Una de esas piezas tenía el más legendario comienzo de la historia del periodismo nacional: "Juan Gómez vino ayer a romper el viejo axioma según el cual un hombre no puede estar en dos lugares al mismo tiempo. Su cuerpo apareció en una vereda y su cabeza en la de enfrente".

Primero en La Opinión y después en Página 12, Osvaldo Soriano había deslumbrado con sus ocurrencias, que iban desde la interpretación sociológica de un partido de fútbol hasta un recuerdo de su propio padre y de su adolescencia. Lo cito:

Siempre que voy a emprender un largo viaje recuerdo cosas mías de cuando todavía no soñaba con escribir novelas de madrugada ni subir a los aviones ni dormir en hoteles lejanos -escribía, a modo de diario íntimo-. Esas imágenes van y vienen como una hamaca vacía: mi primera novia y mi primer gol. Mi primera novia era una chica de pelo muy negro, tímida, que ahora estará casada y tendrá hijos en edad de roncanrol. Fue con ella que hice por primera vez el amor, un lunes de 1958, a la hora de la siesta, en una fila de butacas rotas de un cine vacío.

Al diario La Nación lo sobrevuelan fantasmas ilustres del articulismo. Desde Darío, Martí, Ortega, Valle Inclán, Hemingway, Pirandello, Alfonso Reyes, Gabriela Mistral, Onetti, Bryce Echenique, Octavio Paz y Edwards hasta Borges, Bioy y Sabato. Y por supuesto, un redactor propio llamado Manuel Mujica Láinez que compondría artículos extraordinarios sobre viajes, historia y alta cultura. Manucho seguía los pasos de Mansilla y de José Hernández pero a la vez ejercía de crítico literario y divulgador de las artes, tradición que luego continuarían Eduardo Mallea, Jorge Cruz (miembro de esta Academia, que por cierto está integrada por articulistas de lujo y fuste) y también Hugo Becaccece, un periodista cultural cuyas piezas periodísticas -de un preciosismo deslumbrante-, pueden leerse hoy en dos libros de colección que serán clásicos: La pereza del príncipe y Pérfidas uñas de mujer. Esos textos sólo pueden ser comparados con los que viene escribiendo desde hace años Juan Forn en las contratapas de Página 12, donde practica un ensayo magistral y didáctico alrededor de la literatura; un trabajo similar o equivalente hacen en El País de Madrid, Antonio Muñoz Molina; en La Vanguardia de Barcelona, Sergio Vila-Sanjuán, y en El Mundo de España, Antonio Lucas, que se crió en la bohemia del Café Gijón.

Una de las incorporaciones fundamentales de La Nación de Buenos Aires fue Tomás Eloy Martínez, que desde Nueva Jersey escribió artículos memorables para la página de Opinión; su columna alternaba cada quince días con la de su amigo Vargas Llosa. Lo cito:

Hace un año parecía que la Argentina iba a caer en un abismo irremediable y, sin embargo, aunque postrada, todavía no ha sucumbido. Los motivos de la cólera desatada a fines de 2002 siguen intactos -las mismas figuras políticas, los mismos jueces dudosos, la corrupción sin fisuras, la miseria creciente-, pero la voluntad de sobrevivir ha sido más fuerte que la adversidad y que las decepciones. La víspera del año nuevo oí, a la entrada de una librería de la avenida Santa Fe, una observación que me parece el mejor resumen de este largo limbo. 'Si se acabaron los golpes de cacerola y las marchas para que se vayan todos, no es porque la gente se haya cansado de pelear, sino porque ha perdido las esperanzas de que algo cambie -le decía una mujer a otra-. Donde no hay ilusión, no puede haber desilusiones'. Buenos Aires se ha convertido, desde hace ya algún tiempo, en una ciudad extraña. Los edificios mantienen su belleza a partir de las segundas y terceras plantas, pero a la altura del suelo son una ruina, como si el esplendor del pasado hubiera quedado suspendido en lo alto y se negara a bajar o a desaparecer.

Poco antes de morir de una enfermedad que le fue bloqueando paulatinamente todo el cuerpo, el autor de La novela de Perón y Santa Evita me contó dos cuestiones que vienen al caso: hacía rato quería escribir un ensayo donde argumentaría que en determinados niveles el periodismo y la literatura de ficción eran lo mismo, y que cada mañana se arrojaba de la cama y se arrastraba hasta la computadora para escribir una línea más de la columna que debía entregar a la semana siguiente. Una más, una línea más. "Porque escribir es la única razón por la que seguir vivo", me dijo sin rebajarse a lo sentimental, pero con una actitud heroica que todavía me eriza la piel.

El libro sobre las equivalencias entre el periodismo y la literatura quedó cancelado con su muerte, pero el asunto sigue vivo, candente, es nuclear y alude al modo con que los escritores de artículos se toman la materia. No conozco a ninguno de ellos que no ponga en sus notas el mismo esfuerzo, la misma angustia y exigencias con que acometen la página en blanco de un poema, de una novela o de un cuento. A diferencia de muchos periodistas acostumbrados a la entrega caliente e industrial, ningún escritor es capaz de "despachar" un texto que lleva su firma. España sigue teniendo, pese a todos estos ejemplos argentinos, los mejores "escritores de diario". Muchos de ellos fueron reclutados por Juan Cruz Ruiz, gran cazador de talentos: primero jefe cultural de El País de Madrid y luego director editorial de Alfaguara. Gracias a su insistencia, muchos escritores como Millás, Llamazares, Rivas, Muñoz Molina, Elvira Lindo y recientemente Boris Izaguirre arribaron a los periódicos. Y también gracias a su comprensión acerca de la importancia de los artistas del periodismo, las compilaciones de artículos son habituales en las mesas de las librerías españolas. Juan Cruz sigue así el consejo de Borges, quien meditaba sobre el asunto de esta manera: "Hay tanta actualidad que no hay pasado. Lo bueno de los libros es que están escritos para la memoria. Lo malo de los diarios es que están escritos para el olvido. El mismo artículo, leído en un libro, se recuerda; leído en un diario, se olvida".

Se podría hablar aquí también de los grandes articulistas de América latina, lista que encabezan hoy Juan Villoro, Sergio Ramírez, Carlos Franz y Enrique Krause. Pero para describir someramente este fenómeno desde el punto de vista del estilo me referiré de nuevo a algunos prosistas espléndidos de España, como Manuel Vicent, y esos dos escritores que son el agua y el aceite: Pérez-Reverte y Marías.

Manuel confecciona sus piezas dominicales con una rara delicadeza poética, sin signos de punto y aparte para no romper el hechizo, y con un lenguaje a veces sobrenatural. Cuando las columnas imperecederas pasan a un libro, como Las horas paganas, se leen de otra manera. Como muestra, leo un párrafo al azar de ese volumen, que no hubiera disgustado a Borges:

Todos los dioses de la mitología, desde Zeus al último mono del Olimpo, si fueran humanos y vivieran en Suecia estarían en la cárcel -escribe Vicent-. Sucedería lo mismo con los grandes personajes de la Biblia. Ninguno de esos facinerosos saldría absuelto del tribunal de Nuremberg. Por ejemplo, el rey David mandó a la primera línea de guerra a un amigo íntimo sólo para quitarle la mujer y, a pesar de eso, ha dado nombre a un hotel de cinco estrellas en Jerusalén. La historia va cristalizando sus mitos y éstos nos alimentan. Pero ahora que se ha agotado la cerna de los héroes de peluquería se ha puesto de moda volverle los forros a figuras insignes ya muertas y así resulta que Mao Tse-Tung es un abuelo libidinoso que nunca se lavó los dientes y Kennedy no era sino un fauno de ascensor.

Su colega Javier Marías se ha convertido en un narrador de sensibilidades que están en el aire y de conductas humanas que han ido cambiando en los últimos veinte o treinta años. Su corpus analítico denuncia el retroceso del sentido común, la inquisición políticamente correcta y la estupidez mediática y popular. Su cartografía, como articulista, resulta vasta, y los historiadores sociales del futuro encontrarán en ella los hilos invisibles, los grandes malentendidos que mueven esta época. Ese afán lo ha metido en controversias enojosas. El año pasado narraba su paseo por una ciudad del interior de España, y lo hacía con esta lógica de no ser complaciente ni siquiera con el hombre de a pie. Lo cito:

La terraza de un local, en una plaza muy grata, está de bote en bote, pero no hay muchas personas esperando de pie a que se quede libre alguna mesa (.) Decidimos aguardar un poco, a ver si hay suerte. Delante sólo tenemos a un grupo, eso sí, de ocho o nueve, como son ahora todas las familias, que no se separan ni a tiros. Por fin se liberan las suficientes mesas para juntarlas y dar cabida (.) Las camareras las están preparando, y de vez en cuando se aproxima a ellas "el padre": un tipo de cuarenta y tantos años, con aspecto innoble: pantalones de esa longitud criminal que aniquila al más apuesto, por encima o por debajo de las rodillas, y que por tanto lleva hoy todo el mundo; una camisola por fuera, a la vez holgada y prieta (quiero decir que no le contenía las grasas y sin embargo le realzaba los vergonzosos pechos que estaba desarrollando); un sombrerito ridículo; chanclas; una barriga infame que le impediría verse los pies desde hace tiempo. Este sujeto había decidido supervisar el trabajo de las camareras, les daba órdenes impertinentes y sobre todo les ponía pegas. No era hora ni lugar para poner ninguna, conseguir mesa para tantos era para darse con un canto en los dientes. Regresaba a la "cola" y alardeaba de sus intervenciones ante su mujer y una cuñada (supongo), con no mejor aspecto ni tampoco más educadas. "¿Qué les has dicho a esas tías, qué pasa?", le preguntaban ellas. "Qué coño les voy a decir, que no nos gusta esa mesa, que queda fuera de los toldos; que la corran para allá, no nos va a dar esta puta solanera". Aquello era imposible, no había hueco para correr nada. "Y ni siquiera nos ponen mantel", agregaba, "les he mandado ir por uno". Aquel no era sitio de manteles, si acaso de mantelitos de papel, el típico lugar de tapas y raciones. "¿Qué se creerán las tías?", exclamaba una de las mujeres, como si estuvieran en el Ritz y les hubieran faltado al respeto, a ellos, que tenían dinero.

Pérez-Reverte comparte esta misma trinchera con su camarada de armas, pero suele explotar además otras vetas. Para empezar, su experiencia de 21 años como corresponsal de guerra; el conocimiento directo de la marginalidad, los barcos y las batallas; la historia universal como repetición y analgésico, las invectivas contra el analfabetismo político y el despiadado retrato de arquetipos sociales contemporáneos. A veces usando una ironía devastadora; en ocasiones creando una prosa salpicada de lengua plebeya, para la que tiene un oído absoluto. Uno de sus primeros artículos se llama "La fiel infantería" y narra desde adentro un cuadro de Velázquez: La rendición de Breda. El punto de vista está puesto en un simple soldado y es el momento en que las tropas españolas, tras vencer a los holandeses, posan para la posteridad. La voz oculta relata la dura verdad de la batalla detrás de los generales, los caballos y las banderas. Detrás de la gloria.

Otro artículo que dio la vuelta al mundo puede hoy leerse en el libro Con ánimo de ofender y fue escrito diez años antes de que estallara en Estados Unidos la gran burbuja financiera y la crisis de Lehman Brothers. El artículo, que fue profético y que muestra el instinto político de su autor, comenzaba así:

Usted no lo sabe, pero depende de ellos. Usted no los conoce ni se los cruzará en su vida, pero esos hijos de la gran puta tienen en las manos, en la agenda electrónica, en la tecla intro del computador, su futuro y el de sus hijos. Usted no sabe qué cara tienen, pero son ellos quienes lo van a mandar al paro en nombre de un tres punto siete, o un índice de probabilidad del cero coma cero cuatro. Usted no tiene nada que ver con esos fulanos porque es empleado de una ferretería o cajera de hipermercado, y ellos estudiaron en Harvard e hicieron un máster en Tokio, o al revés, van por las mañanas a la Bolsa de Madrid o a la de Wall Street, y dicen en inglés cosas como long-term capital management, y hablan de fondos de alto riesgo, de acuerdos multilaterales de inversión y de neoliberalismo económico salvaje, como quien comenta el partido del domingo. Usted no los conoce ni en pintura, pero esos conductores suicidas que circulan a doscientos por hora en un furgón cargado de dinero van a atropellarlo el día menos pensado, y ni siquiera le quedará el consuelo de ir en la silla de ruedas con una recortada a volarles los huevos, porque no tienen rostro público, pese a ser reputados analistas, tiburones de las finanzas, prestigiosos expertos en el dinero de otros. Tan expertos que siempre terminan por hacerlo suyo. Porque siempre ganan ellos, cuando ganan; y nunca pierden ellos, cuando pierden.

Es muy interesante también revisar la influencia que algunos articulistas han tenido en la política española actual. Arcadi Espada, hoy en el diario El Mundo, es un sólido polemista político de primer nivel y, aunque ya tomó distancia, fue de hecho ideólogo del partido Ciudadanos. El anterior editor de ese periódico, Pedro J. Ramírez, fue un articulista filoso y es un autor de ensayos: tal vez el tren del Partido Popular no hubiera alcanzado el poder si antes Pedro J., que luego lo criticó y lo llenó de denuncias, no hubiera puesto antes los rieles. Su archienemigo de toda la vida, hoy miembro de la Real Academia Española, Juan Luis Cebrián, articulista esencial y escritor de largo aliento, es considerado uno de los grandes intelectuales de Iberoamérica. Visto en perspectiva, fue un actor decisivo en el éxito de la Transición y del Partido Socialista Obrero Español, a cuyos dirigentes no dejó de investigar ni criticar con dureza cuando fueron gobierno.

El articulismo político tiene también sus variantes. La primera forma es practicada por periodistas (la Argentina es pródiga en firmas excelentes) y su sesgo constitutivo es la información analizada: un panorama de coyuntura, la trama secreta de los hechos y sus consecuencias. La segunda suele estar en manos de escritores, por lo general surgidos de la politología, la economía, la sociología y la historia, pero también de la novela, el cuento y el poema. Estos últimos son fondistas, su carácter es más ensayístico que periodístico, y cuando son capaces de crear un estilo, pueden arañar el arte, algo que ocurre excepcionalmente en la Argentina. Mi trabajo dominical intenta, con modestia, inscribirse en esa tradición y busca sin conseguirlo ese objetivo: pensar el fondo de la política y hacerlo con una prosa literaria. Es por eso que resulta para mí un inmenso honor integrar esta Academia en mi doble condición de narrador de ficciones y articulista de diario, y sentarme nada menos que en el sillón Juan Bautista Alberdi, que mis compañeros académicos con generosidad me han destinado.

Este discurso pretendió trazar una genealogía del articulismo cruzada por el gusto personal, y por lo tanto llena de olvidos y arbitrariedades: no puede ser una historia sino apenas el pequeño esbozo de un fenómeno muy amplio, un fogonazo en el infinito firmamento del articulismo en lengua española. El artículo está en el Parnaso de la literatura, se sienta a la mesa y mira de igual a igual al cuento, la novela, el ensayo largo y el poema. Se ha hecho imprescindible para entender, para sobrevivir a la velocidad y a la polución mediática de nuestras sociedades, y así como los otros géneros tienen una crítica concienzuda, éste deberá en algún momento ser estudiado con cuidada atención y por especialistas en la materia. En efecto, gran parte de lo mejor de la literatura moderna se está escribiendo en los diarios, aunque ni siquiera sus propios autores sean capaces de reconocerlo. Esas piezas de cada día, que a veces son una meditación y otras un retrato, en ocasiones un abanico o una ametralladora, fueron escritas para el instante, pero muchas de ellas treparán a la inmortalidad. Aunque sirvan para envolver el pescado del día siguiente. Noble destino de cualquier diario de todos los tiempos. Muchas gracias.
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MensajePublicado: Vie May 05, 2017 9:30 am    Asunto: Responder citando

Buena literatura, desde los diarios a la Academia
Matías Serra Bradford - lanacion.com.ar - 05/05/2017

Cuando observa o escucha, Jorge Fernández Díaz suele pellizcarse un dedo con dos dedos de la otra mano. Quien lo ve hacerlo puede pensar que se trata de un tic adquirido en el ejercicio del análisis político, para asegurarse de que está despierto, de que a pesar de la apariencia absurda y aun patética de la realidad que comenta, esta es, en rigor, completamente cierta. Ayer a las 18.30, en el Palacio Errázuriz, el escritor y periodista repitió el gesto –es uno que sus miles de oyentes como conductor en Radio Mitre, naturalmente, no pueden ver–. Pero en esta oportunidad fue para verificar que otra clase de sueño, que quizá él nunca tuvo, se estaba cumpliendo: su ingreso como miembro de número a la Academia Argentina de Letras.

Un amplio y antiguo salón de techos altísimos, con balcones y escalera caracol de madera, amenazadoras arañas de luz, tapices flamencos y un biombo chino sobredimensionado, un busto de Rodin firmado y un cuadro del Greco, un arcón de roble francés y puertas gigantes de madera tallada. Este ambiente del Palacio que alberga al Museo de Arte Decorativo parece recrear un escenario de una novela de Arturo Pérez-Reverte (presente en la sala) o, incluso, del autor de 'La logia de Cádiz', el propio Fernández Díaz.

En la ceremonia lo acompañaron figuras fundamentales de la cultura, como Beatriz Sarlo, Graciela Fernández Meijide, Oscar Martínez, el ministro Pablo Avelluto y el secretario de Medios Hernán Lombardi, entre muchos otros. El autor de 'Mamá' y 'El puñal' fue recibido en la Academia por Santiago Kovadloff, que señaló: “Los personajes de Fernández Díaz se encuentran en sus ficciones y abundan en sus columnas periodísticas. Quien las frecuente reconocerá que por ellas transitan políticos de toda laya, ávidos empresarios, gremialistas de incierta estirpe, mujeres con poder o en busca de poder o resentidas por el poder perdido, razonables intelectuales o intelectuales impostados, deudores de la idolatría que tributan a sus líderes partidarios”.

Nacido en Buenos Aires en 1960, Fernández Díaz hizo sus primeras armas en el periodismo como cronista policial en el diario La Opinión de Jacobo Timerman. Fue subdirector de las revistas 'Somos' y 'Gente', director de la revista 'Noticias' y durante la última década ha sido uno de los más destacados columnistas de 'La Nación'. En su discurso de agradecimiento a la Academia, Fernández Díaz hizo una encendida defensa del “articulismo” en lengua castellana, tal como ha sido practicado, entre otros, por los españoles Pérez-Reverte, Javier Marías y Javier Cercas, y los argentinos Sarlo y Martín Caparrós. Afirmó que “lo mejor de la literatura moderna se está escribiendo en los diarios” y tras un paciente examen de la hermandad entre periodismo y literatura, agregó: “El artículo está en el Parnaso de la literatura, se sienta a la mesa y mira de igual a igual al cuento, la novela, el ensayo largo y el poema. Esas piezas de cada día, que a veces son una meditación y otras un retrato, en ocasiones un abanico o una ametralladora, fueron escritas para el instante, pero muchas de ellas treparán a la inmortalidad. Aunque sirvan para envolver el pescado del día siguiente. Noble destino de cualquier diario de todos los tiempos”.

Fernández Díaz debutó en la literatura en 1987 con la novela 'El asesinato del wing izquierdo'. A este le siguieron su celebrado 'Mamá', 'Corazones desatados', 'El dilema de los próceres', 'La hermandad del honor', 'Te amaré locamente' y 'El puñal'. Su trabajo, tanto en periodismo como en literatura, no retrocedió ante las tramas más íntimas de la historia personal y las más escabrosas de la historia nacional. Un oficio y otro son para él inseparables. Lo revalidó Kovadloff: “Es factible creer que, de no haber sido periodista, no habría encontrado su rumbo como escritor”.

A menudo, el destinatario de un reconocimiento como el de la Academia Argentina de Letras se dedica secretamente a aquellos que más estima. No es difícil adivinar de quién se trata para el escritor que eligió titular uno de sus libros emblemáticos con la primera palabra que se pronuncia.

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La Academia dio la bienvenida a un gran retratista de su tiempo
Silvina Premat - lanacion.com.ar - 05/05/2017

Con la sola forma de pronunciar su discurso de ingreso a la Academia Argentina de Letras, Jorge Fernández Díaz puso de manifiesto las razones por las que fue elegido para ocupar la silla que alguna vez fue de Victoria Ocampo. Los asistentes, que llenaron ayer el gran hall del Palacio Errázuriz, siguieron su paseo por la genealogía del articulismo con la misma atención, emoción y actitud reflexiva que lo siguen sus lectores y oyentes.

"Este recinto, prestado con generosidad por el Museo de Arte Decorativo, está hoy colmado como no recuerdo haberlo visto nunca. La indiscutible calidad literaria de Fernández Díaz, única razón por la que los miembros de esta Academia lo han elegido, se ha visto excepcionalmente auxiliada por la fuerza de los medios periodísticos, radiales y televisivos, en los que también el nuevo académico se desempeña y que muy raramente se interesan por esta institución de ochenta y seis años", dijo al iniciar el acto el presidente de la AAL, José Luis Moura, quien destacó la presencia del escritor Arturo Pérez- Reverte, miembro de la Academia Real Española y amigo entrañable de Fernández Díaz. "Un día me hizo una entrevista que me gustó mucho, después leí un libro suyo que me encantó. Y desde entonces nos hicimos amigos; somos como hermanos", dijo el español a 'La Nación' momentos antes de que iniciara el encuentro en el que otro amigo del flamante académico, Santiago Kovadloff, ofreció la bienvenida formal.

En su discurso, que tituló 'Jorge Fernández Díaz, cultor de Jano' (que se publica en la sección Opinión de esta edición), Kovadloff lo describió como un "retratista de lo más diáfano y lo más opaco", un "desvelado por el presente argentino y las acechanzas que se ciernen sobre su futuro"; un escritor "que en la ficción y el periodismo por igual promueve nuestras emociones e invita a la reflexión y a no encerrarse en el servilismo". Amigo también del homenajeado, el ensayista se detuvo en su trayectoria política, aquella que lo llevó a transitar la ilusión y el desencanto.

Fernández Díaz fue elegido académico de número por los miembros de la AAL en junio del año pasado. Desde ese día ocupa el sillón Juan Bautista Alberdi, a quien se refirió como el duro fustigador de Rosas, el ironista que desató las injurias furibundas de Sarmiento y el razonador que puso en jaque algunas concepciones políticas y militares de Mitre".

Fernández Díaz, de 56 años, es columnista de 'La Nación' y conduce el programa 'Pensándolo bien', por Radio Mitre. Escritor y periodista, ha publicado seis novelas, cinco libros de relatos y crónicas, y numerosos artículos sobre la política y el pensamiento. Desde hace tres décadas y media viene ejerciendo el oficio y escribiendo ficción. Fernández Díaz creó para este diario las secciones 'Los intelectuales y el país de hoy', 'Los intelectuales y el mundo', una serie sobre los vínculos amorosos cuya compilación se transformó en el libro 'Corazones desatados', e 'Historias con nombre y apellido', relatos que conformaron luego el libro 'La hermandad del honor'. Fue director del suplemento 'adncultura', que fundó junto con Tomás Eloy Martínez, y de la sección Opinión. También organizó el premio La Nación-Sudamericana de Ensayo y Novela y fue jurado del Premio Emecé.

Entre otras distinciones recibió en 2012 la Cruz de la Orden de Isabel la Católica, la más importante condecoración que otorga la corona española a un ciudadano extranjero; en 2011, el premio Argentores por su guión en la serie televisiva 'El hombre de tu vida' y, en 2007, el Konex de Platino como mejor redactor periodístico de la década .

En su discurso, ayer, Fernández Díaz argumentó con ejemplos de la historia y el presente del periodismo que el articulismo es un género crucial del pensamiento y la literatura. "El artículo está en el Parnaso de la literatura, se sienta a la mesa y mira de igual a igual al cuento, la novela, el ensayo largo y el poema. Se ha hecho imprescindible para entender, para sobrevivir a la velocidad y a la polución mediática de nuestras sociedades, y así como los otros géneros tienen una crítica concienzuda, éste deberá en algún momento ser estudiado con cuidada atención y por especialistas en la materia. En efecto, gran parte de lo mejor de la literatura moderna se está escribiendo en los diarios, aunque ni siquiera sus propios autores sean capaces de reconocerlo. Esas piezas de cada día, que a veces son una meditación y otras un retrato, en ocasiones un abanico o una ametralladora, fueron escritas para el instante, pero muchas de ellas treparán a la inmortalidad".

Ya en el cocktail los invitados, se comentaba el pedido explícito que hizo Moure en su discurso. Es que en un momento admitió que se aprovecharía del inusual protagonismo que esta jornada concedió a la AAL para comentar ante la opinión pública la necesidad de recursos financieros. Y preguntó: "Más allá de la labor efectiva de nuestra institución a lo largo de ochenta años, ¿no custodia la Academia un valor simbólico imprescindible en una época en la que peligra la calidad de su más refinado instrumento de comunicación, de expresión y de pensamiento? Y si esto es así, ¿el Estado -es decir, los argentinos- debe convivir con la Academia o debe apoyarla?".

Arturo Pérez-Reverte: "Hace tiempo que las academias han dejado de ser un coto exclusivo de filólogos para ser también una puerta abierta a la realidad. Jorge trae la realidad, la calle a la Academia, y eso es fundamental. Si no, las academias serían lugares aislados"

Beatriz Sarlo: "La escritura de Jorge Fernández Díaz es generosa, es decir, abierta a varios públicos. Empieza en la escritura periodística, continúa en la crónica y explica también su enorme resonancia en la novelística"

Claudia Piñeiro: "Me emociona ver a Jorge aquí porque lo aprecio como persona y como articulista. Que sigan incorporando a la Academia plumas reconocidas por la gente, como Pablo De Santis, Arturo Pérez-Reverte en España y ahora Fernández Díaz hace a la Academia más coral"
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Ada
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MensajePublicado: Vie May 05, 2017 9:37 am    Asunto: Responder citando

Algunas imágenes del acto:

Imagen de Nestor Grassi:
http://www.perfil.com/orinoco-files/media/images/raw/2017/05/04/jorge-fernandez-diaz-asumio-como-academico-de-la-academia-argentina-de-letras-04.jpg

De Infobae:
https://s3.amazonaws.com/arc-wordpress-client-uploads/infobae-wp/wp-content/uploads/2017/05/04214209/JORGE-FERNANDEZ-DIAZ-miembro-de-la-ACADEMIA-ARGENTINA-de-LETRAS-15.jpg

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Rogorn
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MensajePublicado: Lun May 15, 2017 5:34 pm    Asunto: Responder citando

¿Cómo ser escritor después de Juan Rulfo?
informador.com.mx - 15/05/2017

El escritor sinaloense Élmer Mendoza estará mañana ofreciendo la conferencia magistral “¿Cómo ser escritor después de Juan Rulfo?” en punto de las 10:00 horas en las instalaciones del Centro Universitario de Ciencias Sociales y Humanidades (CUCSH) donde se estará realizando un homenaje académico del 16 al 20 de mayo con motivo del Centenario del creador de 'Pedro Páramo' y 'El llano en llamas'. Señala en entrevista que la invitación surgió de parte de Patricia Córdova —organizadora del evento— quien está interesada en su punto de vista y opiniones en torno a la figura de Rulfo: “Él ha sido uno de mis maestros mexicanos, y vamos a ver cómo un autor de su estética puede influir en un escritor de novelas policíacas”.

Élmer destaca que no ha leído alguna biografía del oriundo de Sayula, Jalisco, más bien lo conoce a través de otros amigos que trataron con él; agrega, sólo ha leído una vez 'El llano en llamas', pero muchas 'Pedro Páramo', que fue una influencia para realizar su novela 'Cóbraselo caro'.

—¿Cuál es la importancia de Rulfo en la escritura?
—Es una influencia social. Rulfo es un escritor al que nosotros llamamos “de la raza”, no es un escritor que pertenezca a grupos poderosos o autores funcionarios. Él desarrolla una obra completamente ajena a eso. Y lo más importante, a partir de un tema que se puede considerar bastante manido —que es el medio rural— él consigue hacer una novela impecable, el detalle que utiliza es que usa técnicas narrativas muy contemporáneas y consigue hacer una mezcla perfecta de tiempos, de momentos, de personajes, de ritmos y de lenguaje, los entrega en 'Pedro Páramo', que sigue siendo de mis novelas favoritas.

—¿Considera que Rulfo es un autor atemporal?
—Sigue siendo parte importantísima de la literatura mexicana como una obra maestra que ahí está y estará mucho tiempo, me gustaría ser adivino para decir cuánto, pero 'Pedro Páramo' está increíblemente elaborada, esa temática de erizarte de todo lo que trata y que todo es importante, lo realiza con la mesura y la medida precisa, ese es un ejemplo para todos los escritores del mundo y eso a él le permite una inmortalidad. Los lectores que llegan a él y que quieren conocer México encuentran ahí cosas muy interesantes sobre lo que somos.

— ¿Cómo ser escritor después de Rulfo?
—Ese es el asunto. Rulfo es la figura más importante de la literatura mexicana, al lado está Octavio Paz y está también Carlos Fuentes. Pero el perfil de Rulfo es completamente distinto al de los otros dos, es un perfil que para un habitante de Culiacán (él) es más atractivo y más misterioso, en ese aspecto se convierte en un referente para mí. Después de leer no todas las veces que debería, pero sí cuidadosamente 'Pedro Páramo', fue darme cuenta que escribir literatura mexicana a partir de los temas mexicanos —porque yo también conozco muy bien el campo, ahí crecí con mis abuelos— era un terreno que ya se había contado, porque lo que cuenta Rulfo de 'Pedro Páramo' eso yo lo vi casi tal cual. Pero el sistema de escritura que utilizó Rulfo, su estética, sus formas, eso sigue impecable, vigente y efectivo. Para ser escritor después de Rulfo hay que dominar esas técnicas.

—¿Cuál es su opinión de la literatura mexicana y cómo influyó Rulfo en ella?
—Rulfo pone un parteaguas al menos dentro de la narrativa, de la de la tierra y de la de 'Al filo del agua' (Agustín Yáñez), pero él llega y planta un bosque, uno que está completo, un bosque donde ha conseguido que la literatura mexicana llame la atención. Al menos en la mayoría de las lenguas donde yo estoy traducido, está Rulfo y está Paz.

—Rulfo fue un escritor comprometido con su tiempo y el lenguaje, ¿cuál debería ser el compromiso de los actuales escritores?
—Hablar de compromiso es muy difícil, esa palabra tiende a pertenecer a un ámbito que tiene que ver con la política y Rulfo fue un hombre que no se metió en esas cosas y eso para mí es un ejemplo. Pienso que él fue un autor natural con muchas lecturas y mucha imaginación, tenía un pasado con recuerdos increíbles, de los más desgraciados hasta los más gratos, practicaba un individualismo muy productivo. Nunca he leído una biografía de él y nunca lo haré, lo que tengo son pequeñas anécdotas de gente que lo conoció y que experimentaban un placer al contar de Rulfo, se los notaba en la cara, mi amor a él ha llegado por eso.

—¿Cuál es el mejor homenaje a Rulfo?
—Está bien que lo reconozcan. Rulfo nunca va a ser un autor oficial, pero en este país estamos obligados a reconocer a nuestros genios, a reconocer a los autores que le han dado nombre a nuestro país en todo el mundo y creo que él está a la cabeza. De entrada eso me parece una acción de caballeros, y por eso es que estoy decidiendo aceptar (ser parte de la conferencia) porque no tengo un discurso académico sobre él, es un discurso de anécdotas que ni siquiera son mías y espero que contribuyan a solidificar la pasión que tengo por 'Pedro Páramo', porque sí he leído 'El llano en llamas' pero nunca he vuelto a él.

—Su novela 'Cóbraselo caro' llega en un momento también interesante a propósito del centenario de Rulfo, ¿cómo la concibió?
—En una noche en Culiacán presentamos 'La Reina del Sur', de Arturo Pérez-Reverte, y después de ello llegamos a mi casa y nos pusimos a platicar. Éramos cuatro o cinco personas en la conversación, y por ahí de las 03:00 de la mañana yo concluí que las conversaciones habían girado en dos escritores, Cervantes y Rulfo. A esas horas dije que escribiría una novela donde estuvieran buscando las piedras en las que se transforma 'Pedro Páramo'. Pérez-Reverte y los otros me dicen que es una buena idea. De ahí partió, al día siguiente me hice un esquema, una escaleta y comencé a pensar en lo que quería hacer. No la pensé como un homenaje, la vi a través del personaje, pero cuando terminé la novela me dijo mi agente que comenzarían los reconocimientos a Rulfo, y ahora que la presento me felicitan por el homenaje que le he hecho al maestro, pero esto al principio fue involuntario.
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