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Rogorn
Capitán


Registrado: Feb 01, 2007
Mensajes: 13285

MensajePublicado: Mie Ene 11, 2017 11:09 am    Asunto: Responder citando

¿Por qué me cae tan bien Arturo Pérez-Reverte? Porque da en el clavo
Carlos Salas - lainformacion.com - 11/01/2017

Me cae bien Arturo Pérez-Reverte desde que en 1993 leí su libro 'Territorio Comanche'. Me gustaba su estilo gritón y desgarrado para explicar la vida de los corresponsales de guerra. Nada de heroísmo. Solo una misión: contar lo que pasa y tratar de que no te peguen un tiro. Leí también algunos de sus primeros libros y los más tardíos. Uno de los más impresionantes es 'Corsarios de Levante', cuya información utilicé para ilustrar un capítulo de mi libro sobre Cervantes, en concreto, el de los galeotes y los corsarios.

Pero lo que más me gusta es lo que dice porque estoy de acuerdo en casi todo. Dice que los yihadistas están ganando esta guerra porque nos hemos convertido en una sociedad de débiles. “Van a triunfar, porque son jóvenes, tienen hambre, un rencor histórico acumulado y absolutamente comprensible, cuentas que ajustar, desesperación, cojones, fuerza demográfica… Occidente y Europa en cambio son viejos, cobardes, caducos y no se atreven a defenderse”, dice en una reciente entrevista en la revista 'Papel' de 'El Mundo'.

Pérez-Reverte no es políticamente correcto. ¿Por qué? Porque creo que vivimos en una época en que ya no se pueden llamar a las cosas por su nombre. Tenemos miedo de herir la sensibilidad de algún grupo de población, y solo los que son económicamente independientes como Pérez-Reverte, pueden decir lo que les da la gana. “Yo no tengo esas limitaciones, no he de plegarme, mi libertad me la dan mis lectores”, dijo en esa entrevista. Critica la superficialidad de los análisis políticos. “Los americanos tienen a Trump porque quieren tenerlo, igual que nuestra clase política es el resultado de nosotros mismos. No han venido unos marcianos en un platillo para adueñarse del poder. Han salido de nuestras casas, de nuestros dormitorios. Somos tan culpables de lo que hace un político español como el propio político”.

A veces, Pérez Reverte es un poco amargo. Cuando habla de España, pone a parir a los políticos y a los partidos. Yo no soy tan radical. Pero cuando habla de la Guerra Civil, por ejemplo, dice cosas que yo pienso. Hubo mucho malvado en esa contienda en los dos bandos. Salió a relucir lo peor de los españoles. “Cuidado con los abuelos, porque muchos estuvieron matando gente, porque no todos fueron héroes”. Pues sí. Alguno debe andar suelto todavía. Critica el infantilismo de hoy, sobre todo, la soberbia de muchos jóvenes que piensan que la historia comenzó cuando hicieron la primera comunión. ”Tanta importancia tiene lo que diga un historiador serio que un niñato sin conocimiento”. Cuando uno es joven es soberbio y engreído, pero de ahí a creerse que puede dar lecciones a los veteranos, es como si un pinche de cocina pudiera dar lecciones a Ferra Adriá. Patético.

Pérez Reverte me recuerda esos actores como Clint Eatswood y Charles Bronson, que encarnaban personajes duros que se tomaban la justicia por su mano cuando las leyes empiezan a ser políticamente correctas. Muy bonita la convivencia, pero cuando hay abusos, alguien tiene que poner orden y llamar a las cosas por su nombre. Pero sobre todo admiro su capacidad de contar historias. Creo que en España hay muchos novelistas que tienen un estilo enorme y cuidado, pero no saben contar historias. Pérez-Reverte quizá no tenga ese estilo (aunque ha mejorado mucho), pero como los buenos guionistas de Hollywood, es un magnífico contador de historias.
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Rogorn
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Registrado: Feb 01, 2007
Mensajes: 13285

MensajePublicado: Vie Ene 20, 2017 6:29 pm    Asunto: Responder citando

Vila-Sanjuán fabula con "cinismo culto" sobre la burguesía catalana
Concha Barrigós - Efe - 19/01/2017

Sergio Vila-Sanjuán lleva 30 años dedicado al periodismo cultural y con su tercer libro, 'El informe Casabona', "ya puede decir" que es novelista. Su "reválida" es una indagación "en las cloacas del poder y el dinero", realizada, según Arturo Pérez-Reverte, con una "naturalidad pasmosa" y "un cinismo culto". "Sergio quiere ser novelista y ya lo es, pero va haciéndolo sin prisas y nos depara libros muy interesantes. En este desgrana un mundo que ni critica ni condena, sino que describe con precisión de entomólogo. Es la Vieja Europa encarnada en una Cataluña brillante, pero con una burguesía algo agusanadilla", ha descrito Pérez-Reverte en la presentación del libro de su amigo. Está escrito, ha afirmado, desde la más absoluta "naturalidad": "Ni se asombra, ni se indigna ni se sorprende ante las cosas que cuenta. Es una mirada lúcida, baqueteada, experimentada...", ha precisado.

Un periodista, Víctor Balmoral, uno de los seudónimos que usó Vila-Sanjuán cuando comenzaba su carrera, recibe el encargo de escribir para un "instituto dedicado a fomentar la ética en la empresa" un informe sobre un gran empresario, mecenas y político que acaba de fallecer, Alejandro Casabona, y que les ha legado diez millones de euros. A partir de ahí, Balmoral hará una investigación hablando con los familiares e íntimos del empresario para descubrir si hay "asuntos oscuros" que pudieran aconsejar al instituto no recibir la herencia.

"Cuenta cómo la corrupción, el lado turbio de la vida, están tan vinculados a la normalidad que no es de recibo escandalizarse. Es lo que hay, el mundo es este", ha señalado el creador de Alatriste. Vila-Sanjuán, según Pérez-Reverte, ha escrito 'El informe Casabona' con la "familiaridad y mirada educada" de quien conoce bien "eso de 'vamos a llevarnos bien'. Es cínico, pero no de manera agresiva, sino dulce, casi amable, Es una novela para comprender los mecanismos de una casta y en su realización ha corrido el riesgo de construirla como un rompecabezas", ha detallado. En opinión del académico, "lo mejor" de la novela es "la mininovela" que protagoniza el personaje de la tía Mery durante la Guerra Civil: "Es una obra maestra, una joya. Tienes que escribir ese libro", le ha animado.

Vila-Sanjuán (Barcelona, 1957), coordinador del suplemento cultural de La Vanguardia, escribió en 2010 su primera novela, 'Una heredera de Barcelona', sin idea, en un principio, de que fuera un relato de ficción; con la segunda, "Estaba en el aire", ganó el premio Nadal, y esta, ha explicado hoy, la ha escrito "ya con toda la intención". Es una novela, como las dos anteriores, "con moraleja" y "premoderna", es decir, "una historia con suficiente simbolismo" como para que "le salga a cuenta" dedicarle dos años. "La novela posmoderna es la que dice que el mundo es incomprensible, y la mía es un intento de fábula moral". El autor ha precisado que en este libro quiso fijarse "en un capitán de empresa" porque conoció a varios en los años 70 y 80 y siempre le ha parecido "gente fascinante". Ha sido, ha dicho, "el pretexto" para un relato que "se aproxima" a la novela negra sin serlo y en el que le ha divertido mucho contar "historias de pequeños timadores" que conocía hace tiempo.

Vila-Sanjuán ha decidido ser en ella "un observador de un mundo con sus buenos y sus malos" y ha hecho "un balance ambivalente" de "un juego de espejos" en el que ha incluido muchos de sus "intereses", tales como sus conocimientos en la pintura realista y figurativa, o las terapias de las llamadas "constelaciones familiares". Le habría gustado no mencionar la Guerra Civil pero tuvo que rendirse a la evidencia de que "las grandes fortunas en España se construyeron en aquella época" y "la burguesía catalana se hizo franquista a la fuerza".

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Vila-Sanjuán relata la moral ambivalente de un empresario
FB - elpais.com - 20/01/2017

“¿Qué harías con 1.500 trabajadores que dependen de ti y de la concesión de una obra pública y para conseguirla tienes que dar una mordida?”. El periodista y escritor Sergio Vila-Sanjuán formuló ayer esta cuestión para abordar el dilema moral que plantea en las páginas de su última novela, 'El informe Casabona' (editorial Destino). “No sé... Por eso me he hecho periodista para no tomar esas decisiones”, se contestó irónicamente el autor catalán de 60 años, que ganó el Premio Nadal en 2013 con 'Estaba en el aire'. En lo que no dudaba Vila-Sanjuán es que el relato de la vida del personaje protagonista, Alejandro Casabona —primero, joven militante, luego líder político de la Transición y por último, empresario de éxito y mecenas salpicado de corruptelas—, no podía ser una historia en blanco y negro. Debía reflejar las múltiples gradaciones del gris en el comportamiento de “unos capitanes de empresa” característicos en la Barcelona de los setenta y ochenta y que fijaron su modelo estético en los empresarios italianos, cultos y elegantes, de los sesenta. “El balance es ambivalente”, sentenció el responsable del suplemento 'Cultura/s' del periódico 'La Vanguardia'.

En este sentido, tampoco se debería juzgar moralmente al expresidente catalán Jordi Pujol, por ejemplo, solo por su cuestionada actuación de los últimos años, que está siendo siendo investigada por los tribunales, sin tener presente cómo se jugó el tipo en su juventud durante la dictadura franquista, apuntó. Al poco, el escritor añadió que no es “pujolista”, pero reiteró que no es justo analizar la dilatada trayectoria de una persona pública focalizando la atención únicamente en una parte de su vida.

La acción de la novela se desencadena cuando Casabona fallece y deja un sustancioso legado a un instituto de fomento de la ética en la empresa, cuya directora decide investigar al empresario antes de aceptarlo. Una novela que Vila-Sanjuán definió como “premoderna” por ser una fábula con moraleja, aunque reconoció que el relativismo moral que impregna su discurso es más bien posmoderno. No en vano, es la época que mejor conoce por haberla vivido, concedió.

El escritor Arturo Pérez-Reverte destacó de la novela su “cinismo culto” y su naturalidad, pero, sobre todo, el pequeño relato incluido sobre las vivencias de los empresarios en Barcelona en la Guerra Civil.

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El lúcido y culto cinismo de Sergio Vila-Sanjuán
ML - larioja.com - 21/01/2017

Alejandro Casabona, «capitán de empresa» de enorme prestigio y difuso pasado, se desploma sin vida sobre un plato de sopa de guisantes con menta en presencia de los Reyes, que agasajan al mundo de la cultura en un almuerzo en el Palacio Real. Así comienza 'El informe Casabona' (Destino), tercera novela de Sergio Vila-Sanjuán (Barcelona, 1957), un pope del periodismo cultural con tres décadas de profesión y ganador del premio Nadal en 2013. Cabalgando entre los brillos y las miserias de la élite, nos muestra sus luces y sombras. Lo hace en una indagación en las cloacas y la atalaya del poder y el dinero «realizada con pasmosa naturalidad y un cinismo lucido y culto», según Arturo Pérez-Reverte, padrino de la novela que confirma el talento narrativo de su colega y amigo.

Cultura, alta sociedad y dinero van de la mano en este relato con apariencia de novela negra pero con mucho de crónica e irónico análisis sociológico, y que se mira en el 'Mr. Arkadin' de Orson Welles. «Hago novelas con moraleja, premodernas, cabría decir», reconoce el autor. «Nos cuenta -precisa Pérez-Reverte- cómo la corrupción, el lado oscuro de la vida, es tan normal que no debemos escandalizarnos». «Es lo que hay, nos dice. Ni critica ni condena un mundo que describe con precisión de entomólogo», asegura Pérez-Reverte, para quien este relato es «la reválida narrativa» de Vila-Sanjuán. «Sergio se ha hecho novelista sin prisas y nos depara libros como este, en los que la Vieja Europa se encarna en una Cataluña brillante, pero con una burguesía algo agusanada», describe Pérez-Reverte una novela «escrita desde la más absoluta naturalidad y cuyo autor ni se asombra, ni se indigna, ni se sorprende ante las cosas que cuenta».

El propio Vila-Sanjuán se trasmuta en Víctor Balmoral, el otro protagonista del relato. Es un periodista atípico encargado de investigar el pasado del magnate, mecenas y político en la Transición, para constatar la procedencia ética y lícita de su fortuna. Y es que para sorpresa de todos, Casabona lega parte de sus bienes, diez millones de euros, a una entidad que vela por el fomento de la ética en la empresa. Su apasionado viaje al pasado le conducirá a los días más oscuros de la Guerra Civil y sus más siniestras trapisondas, Balmoral -seudónimo de Vila-Sanjuán en sus inicios como periodista- contactará con familiares, amigos y colegas del empresario. Buscará «zonas oscuras y asuntos sucios» que aconsejarían rechazar una herencia quizá envenenada.
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Rogorn
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MensajePublicado: Mar Ene 31, 2017 5:19 pm    Asunto: Responder citando

La mirada ambivalente de las cloacas del poder
P Unamuno - elmundo.es - 31/01/2017

Si es preceptivo que un autor escriba sobre lo que mejor conoce, no hay duda de que Sergio Vila-Sanjuán ha acertado con los mimbres de su última novela, 'El informe Casabona' (Destino), protagonizada por un periodista cultural como él y ambientada en la Barcelona de la zona alta, con la que también está muy familiarizado. Vila-Sanjuán, responsable del suplemento 'Cultura/s' de 'La Vanguardia', ha armado en su tercera obra de ficción un thriller periodístico que pone al descubierto "las ambigüedades o claroscuros" de las élites, encarnadas aquí en un capitán de empresa "educado, demócrata, muy europeo, pero con una cara oscura" que Víctor Balmoral, el periodista metido a investigador, se verá en la obligación de desvelar.

Arturo Pérez-Reverte, maestro de ceremonias en la presentación del libro en Madrid, opina que la virtud primera de 'El informe Casabona' reside en "la naturalidad pasmosa con que se describen las cloacas del poder», en un ejercicio de "cinismo discreto, no agresivo". "Vila-Sanjuán nos dice que no cabe escandalizarse: "Así es el mundo, de modo que vamos a llevarnos bien, parecen decirse las partes". El autor de 'Falcó' cree que su colega está edificando "sin prisa ni estridencias" una sólida carrera de escritor. De esta "novela rompecabezas" se queda con el relato intercalado -al modo de los de 'El Quijote' o los de 'Las mil y una noches' que devoraba de niño el propio Vila-Sanjuán- sobre la Guerra Civil, "una joya a la altura del mejor Chaves Nogales".

El novelista barcelonés disiente amablemente de Pérez-Reverte al reflexionar que el punto de vista de su narrador es el de un observador "no cínico, sino ambivalente", que contempla cómo "los empresarios pactan con la realidad" y con mucha frecuencia "se ven enfrentados a dilemas morales". Vila-Sanjuán admite que la suya es "una novela premoderna, con moraleja", como a él le gusta. Tampoco tiene empacho en anunciar que habrá más entregas de Balmoral sólo si encuentra "chicha" para ellas.
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Rogorn
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Registrado: Feb 01, 2007
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MensajePublicado: Jue Feb 02, 2017 9:08 pm    Asunto: Responder citando

Dalmau-Ferrer. Marinas en la historia
Javier Noriega - abc.es - 02/02/2017

«Es nuestro mejor pintor de batallas desde el siglo XIX. Nadie había pintado con tanto talento y tanta hermosa eficacia la historia de España». -Arturo Pérez-Reverte.

“Su camino independiente y solitario, tanto por su temática como por su praxis y su modus operandi, se caracteriza por ser una labor sin complejos ni subterfugios: pinta la Historia de España. Posee la grandeza épica de los antiguos pintores de batallas, pero también la hondura de aquellos románticos del siglo XIX de la gran pintura de historia que nos dejaron aquellos cuadros que siguen en nuestras retinas, como posiblemente lo estarán para las futuras generaciones los cuadros de Ferrer-Dalmau”. -María Fidalgo Casares.

«Me he tirado muchas horas sufriendo con estos cuadros. Son los que más me cuestan, porque te hacen jugar con retos técnicos tan complejos como las mareas y los vientos». -Ferrer-Dalmau

No podía ser de otro modo. Para un talento tan singular y brillante, una pintura tan minuciosa, espectacular y detallista como la de Augusto, pintar marinas, pintar cuadros de batallas en la mar, es todo un reto. Una marina de calidad siempre ha sido y será un reto para cualquier pintor. La mar, siempre te pone un punto de dificultad, para los óleos, como para sus barcos y marinos, es toda una aventura. Recrear fielmente ese pasado de olas, cubiertas, arquitecturas navales de la época, vientos, espejos de popa ,velámenes, ceñidas y enfiladas…Como ocurre con la arqueología de un pecio sumergido, que es la huella de esas naves históricas, nos encontramos con un microcosmos de objetos, imágenes, historias, realidades. Estamos ante las marinas históricas, un episodio de nuestro arte que gracias al genio del pintor barcelones y a la maestría del académico, escritor y navegante Pérez-Reverte, están consiguiendo, afortunadamente, volver atractiva la mar y sus relatos, disponiendo en el imaginario colectivo de una sociedad urbana, ese mar y estas historias a la que dimos la espalda durante demasiado tiempo. La puesta en valor de esta “mirada al mar” ya nos permite ver a chavales comentado episodios históricos, como el de Blas de Lezo de Cartagena de Indias en el metro o escolares apiñados, sentados en el suelo de la sala de Trafalgar del Museo Naval de Madrid, atendiendo sorprendidos e interesados por la infame “virada hacia el noroeste” en el momento de encontrarse cara a cara con la flota de Nelson. Y todo por esta nueva mirada, que es pincelada, y que es tecleada con un ritmo y un son actual. Directos. Sin complejos, sino al contrario, con pasión y vocación. Gracias a este tandem “histórico” entre escritor y pintor. Una y otra, la visión de Arturo o la idea de Dalmau, se complementan como en Baudelaire o en Strawinsky, inspiración y esfuerzo como caras del arte. Entre experiencia y “pathé” la pintura y las historias, narran, impresionan, emocionan y evocan. Jesus Calero, pionero en descubrir y tratar los cuadros de Dalmau, también a la hora de narrar lo marítimo, toca también esos mismos acordes y con ese mismo son. Tres ensambles derivados de “los mejores episodios que podemos recordar y contar”. Tres opciones, quizás voz, piano y contrabajo. Su repertorio, la mar y de la historia. Dos grandes clásicos, que en la época que vivimos han sido relegadas al olvido. Su redescubrimiento, toda una ventana abierta al futuro gracias a nuestro pasado. Lo que importa es contar la historia.

“Cuando no estemos aquí, los libros te estudiarán”. Lo tenía claro y así se lo solté nada mas verle. Fue en la biblioteca Nacional, precisamente por estas fechas, hace un año, en un Madrid frío que nos acogía después de la vuelta de un viaje de un país con 20 grados más de temperatura. Augusto hacia no mucho había estado pintando los bocetos en Afganistán. Cuadros repletoss de realismo y viveza que reflejan con maestría la cotidianeidad de nuestros soldados en aquel lejano escenario bélico. “Contar historias con pinceladas de actualidad”, me confirma al otro lado del teléfono hoy mismo, con la viveza que caracteriza a Dalmau. El concepto del que hemos hablado en diferentes ocasiones. Narrar. Narrar y narrar.

El renacentista Alberti, en su obra 'De pictura', señalaba que «la relevancia de un cuadro no se mide por su tamaño, sino por lo que cuenta, por su historia». Ya han sido varias las conversaciones, la oportunidad de charlar con Augusto en persona tranquilamente, ante un café y con amigos, para desmenuzar esas claves que revisten sus pinturas. No se puede describir mejor, que esa “hermosa eficacia” que puntualiza Arturo. Una hermosa eficacia que fascina a mucha gente cuando ven por primera vez sus pinturas y que siguen asombrándose al descubrir un cuadro nuevo. Es lo que ocurre con los genios. Pérez-Reverte le tituló como “el pintor de batallas”, precisamente de alguien que bien las conoce y que sabe reconocer, tanto el campo de batalla, como el talento y la sutileza de una obra maestra en este campo. “Gracias a Arturo, en palabras de augusto, me introduje en las marinas históricas, en esta aventura de dibujar y pintar barcos, con sus vientos, sus cañonazos, sus velas y sus historias. Siempre gracias a él”.

En estos últimos 30 años, en lo referente a la expresión artística hemos asistido a un apasionante proceso de redefinición por parte de uno de los más plurales, ricos y contemporáneos lenguajes artísticos. En un mundo cambiante, las artes por supuesto también se transforman. El vídeo, el dibujo, las instalaciones o la foto, todo ello posiblemente de un lado ha contribuido a hacerla más híbrida, globalizada, a ampliar y completar su discurso, a expandirse. Sin embargo uno de los estilos pictóricos por excelencia, el de la historia, estaba prácticamente en el olvido. En ocasiones, incluso repudiado. Corriendo apresuradamente por las vanguardias, se han, nos hemos olvidado de los clásicos. Incluso las marinas históricas, hasta bien entrado en el siglo XIX, a pesar de ser un país cuyas hazañas y descubrimientos de ultramar, para ir empezando el propio descubrimiento de América , no teníamos una tradición en marinas pictóricas. Una mirada a la mar artística que ya los venecianos con Vittore Carpaccio tenían en el siglo XV o el imperio flamenco del paisaje y la marina de Hendrik Cornelisz y Vroom, nos hacía maravillar en el el XVII y el XVIII. Una tradición de barcos y mares que facilitaría el testigo a los pintores románticos, especialmente los ingleses y alemanes. Antoine Roux cultivaban el retrato minucioso de los más bellos navíos, de la mano de grandes artistas como Theodore Gericault o el eterno Turner. Todos ellos sintieron de alguna manera el canto de las sirenas, aquel que volvió furibundo a Ulises y recogieron la antorcha del mar como espacio bélico, de confrontación, de idas y venidas, de tantas y tanas cosas… Posiblemente lo mismo que esté ocurriendo en España en la actualidad gracias al talento de Dalmau Ferrer y a la concienzuda mirada de un Reverte, combinación que gracias a su afinidad y amistad, gracias a su pasión nos hacen redescubrir un pasado con tremenda viveza.

Quizás era el momento de navegar contracorriente. En 1667, André Félibien ,-historiógrafo, arquitecto y teórico del clasicismo francés, jerarquizó los géneros pictóricos, reservando el primer lugar a la pintura de historia, a la que considera el grand genre. Como pasan los tiempos. Se otorga ese concepto de “gran género” a la pintura narrativa, que en esencia lo que hace es contar una historia. Una historia que da importancia al cuidado en los accesorios, en los detalles de las vestimentas o los objetos relacionados con el tema a tratar. Fue precisamente hace muy poco, en la casa del Lector, a la hora del café y ante un más que concurrido auditorio, donde Augusto y Jesús Calero se sentaban para hacer algo que hacemos demasiado poco. Hoy 2 de Febrero lo harán Arturo y Dalmau. Charlar por placer y para compartir con los demás. Y lo hacían con vocación de compartir con los oyentes y de paso dar un repaso a la obra marina y pictórica del pintor catalán Cuadro a cuadro. Desde la perspectiva, al contenido. De los porqués a los detalles. Se sentaban a “charlar”, con una idea que Calero viene tallando desde hace algún tiempo; “La de contar sin tapujos, nuestra mejor historia”. Aquella que hizo descubrir el nuevo mundo. Revolucionar las ciencias, la cartografía, incluso las artes, ante los acontecimientos que España lideró en época moderna. Si, en ese “siglo de oro” y sus ramalazos, que nos lo han hecho aburrido por lo general en la docencia sin serlo, y que estas mentes brillantes, quizás por justicia poética, también por diversión o por contar la verdad, o incluso como desafío, están consiguiendo acercar a la sociedad actual. Pueden ser una o alguna de estas, o incluso una mezcla de cuestiones. El señor Reverte lo explica meridianamente en una de sus declaraciones. Merece la pena poner el fin de la cita con él, especialmente por su significado; «La memoria no es patriótica ni es ideológica: es explicativa. Conocer lo que fuimos ayuda a saber lo que somos, “hablemos de lecciones morales, con dimensiones mucho más ricas para nosotros hoy. Es útil para todos».

Conversando con Jesus Calero, en estas sesiones de historia y pedagogia, también lo describe de una manera muy sencilla; “Lo que ha logrado Dalmau, es una mirada cotemporánea a nuestra historia. España tiene problemas para asumir su historia y a menudo andamos arrojándonos una u otra visión, ideológica y prejuiciosa, olvidando lo más importante, lo que Ferrer Dalmau hace aparecer en sus pinturas: los hechos y la escala humana de quienes los realizaron. Los españoles no han podido disfrutar durante las últimas décadas, en las que se ha desarrollado una España democrática, de los elementos para esa reconciliación con la historia propia, que está llena de logros y de hechos memorables, no solo de episodios oscuros y críticos. Los cuadros de Dalmau abren ventanas para adentrarnos en ese diálogo con nuestro pasado, por primera vez en mucho tiempo, desde una perspectiva desacomplejada”.

Si alguna vez se te ha ocurrido pintar el mar, habrás visto la complejidad que ostenta. Se trata de un tema realmente inmenso y variado. Cada una de sus posibilidades se relaciona más o menos con una expresión, como fondo, horizonte o incluso protagonista de sus composiciones. Ya sabemos en el caso de Ferrer-Dalmau, que siempre empieza a pintar el cielo, luego la tierra o el mar, para dar luego iluminación y profundidad a sus personajes o a sus barcos en el caso de las marinas. Desde las más clásicas de Fitz Hugh Lane hasta las visiones contemporáneas de Richard Diebenkorn, pasando por la audaz pintura japonesa, sin olvidar al incomparable Turner. En todo este universo azul, también tenemos ahora a Dalmau Ferrer. Cómo también tuvimos y nos lo recordaba precisamente esta mañana el museo naval de Madrid, a un Rafael Monleón, detallista y exhaustivo a la hora de tratar a la mar y sus historias. “Ya tenía experiencias pintando marinas en Cadaqués o en el puerto de Barcelona”. Esa fue en su anterior etapa, y de ahí aprendió a dotar a las marinas de luz y profundidad…

La nostalgia del puerto de Barcelona es un viejo conocido de Dalmau, como lo era la preciosa costa catalana. Lo ha pintado en diferentes ocasiones y su urbanismo, el cual conoce tan bien, lo borda. Y es curioso y atractivo observar esos caballos y esos jinetes, elementos muy habituales en su obra, que se suman a la orquesta portuaria, elemento marino por excelencia. Y así de la actualidad, de un puerto que sigue otorgándole identidad a la actual ciudad cosmopolita de Barcelona, podemos retroceder en el tiempo, gracias a su pincel, para adentrarnos en una sociedad liberal, la catalana, en donde la burguesía fleta naves, van y vienen por las rutas azules del mundo. En sus muelles el regreso de indianos enriquecidos en América y el impulso de la revolución industrial ilustran el desarrollo del puerto catalán. Un telégrafo naciente o la apertura del Canal de Suez en 1869 comportaron ciertos cambios del Mediterráneo que adornarán los diques y dársenas de su puerto: escala para las naves procedentes del Extremo Oriente y escala como puerta del Mediterráneo . Y ahí esta el puerto de Barcelona pintado por Ferrer-Dalmau, como siempre, con sus arquitecturas efímeras, que nos narran una historia.

Y siguiendo con las marinas. De los puertos a alta mar. Cualquier escena naval, aunque sea sencilla, en comparación con las grandes gestas de las batallas, narra una realidad. Un detalle de la época. Cuántas veces hemos encontrado en archivos históricos, legajos que nos hablan sobre la actividad del corso marítimo o del combate y la presa de un bergantín en tal o cual aguas. Cuantas veces en esta nación, muchos de esos datos históricos se condensa perfectamente en esta escena pintada por Dalmau. Un siglo XVII y XVII repleto de pequeñas escaramuzas, de combates y de rendiciones de naves. De un lado para poder contrarrestar a las marinas corsarias de la costa Bereber. De otro, para enfrentarse allí donde fuese a la pujanza de la marina británica, como nos relata la obra “presa frente a Gibraltar”. La costa catalana, Balear, Canarias y Galicia, famosa por sus corsarios de la “Costa da Morte” gallega, ilustra perfectamente una época en la que la mar era un constante damero de confrontación naval. Reverte, conocedor de la materia ilustra al pintor como enfrentarse a esta escena cotidiana de nuestro pasado naval. Es una constante en la conversación con Dalmau. “Me involucro en estas marinas históricas gracias a Arturo. El conoce perfectamente estos episodios históricos y con el afrontamos cada una de las escenas a la hora de pintar”... Y ya que el pintor las ilustra, para leer la descripción de las mismas, posiblemente no exista mejor manera que describirla cómo realiza el escritor que inspiró la obra a Dalmau.

Nos dice Reverte en relación a la escena arriba pintada: “En la noche del 2 al 3 de noviembre de 1805, la goleta mercante española Alejandra (186 toneladas y diez cañones de 4 libras), tras largo y duro viaje de 81 días desde Veracruz, cruzando el Atlántico con carga de grana, azúcar, tabaco y palo de tinte, intenta entrar en la ría de Pontevedra aprovechando la oscuridad para burlar el bloqueo de la escuadra británica que patrulla la costa. Retrasada por encalmadas y vientos contrarios, la primera luz del día alcanza a la embarcación aún fuera de la ría, siendo avistada por dos fragatas enemigas que de inmediato emprenden la caza. Amurada la goleta a babor y con todo el trapo arriba, mientras el enemigo dispara contra su arboladura intentando dejarla sin maniobra y detenerla, la tripulación de la Alejandra se juega el todo por el todo y fuerza vela: la roda machetea con violencia la marejada, ciñendo a rabiar el viento nornordeste con la lona tensa al límite y crujiendo palos, gavias y jarcia, a fin de dejar atrás la punta de la Galera e internarse en la ría antes de que las fragatas la alcancen. Cinco horas después, tras larga y azarosa persecución, la goleta fondeará a salvo, bajo la protección de las baterías de los fuertes españoles”.

Y de las rías de Pontevedra, nos trasladamos a las postrimerías de la roca de Gibraltar. En sus aguas, otra de las trepidantes escenas que jalonaban la costa en su momento. Entre la descripción del escritor, una basada en el conocimiento de la época, ya sea por detalles como el de los colores de la bandera de la marina mercante en la cangreja, o la velas parcheadas de sus frecuentes idas y venidas por la mar y sus golpes de viento en cientos de costas. De nuevo es la pluma de Reverte la que parece traernos del pasado la escena…

“El amanecer del 6 de octubre de 1807, diez millas al sur de Punta Paloma, con viento de poniente y marejada, la goleta corsaria española de ocho cañones Virgen del Carmen, con base en Algeciras y bajo el mando del capitán mallorquín Simonet Rebull, avista al bergantín inglés Mary Wilson, que se adentra en el Estrecho con carga de bacalao, manteca holandesa, alquitrán y hierro, rumbo a Malta. Emprendida la caza por el corsario, el bergantín inglés intenta buscar refugio en Gibraltar hasta que hacia el mediodía y a la vista del Peñón, tras varias maniobras y un breve pero intenso intercambio de fuego, pierde el bauprés y los foques y acaba por arriar bandera con dos muertos y tres heridos a bordo. Conducido el bergantín a tierra, el Juzgado de Marina lo declarará buena presa, siendo subastados el barco y su carga en beneficio del armador, el capitán y la tripulación por un total de 152.000 reales”.

Francisco Arias de Bobadilla, se las vio y deseó en las tierras de Flandes, donde el Imperio disponía una pica. También Dalmau ha pintado sobre esto, además posiblemente una de sus obras más señeras y conocidas junto al famoso de los Tercios. De acuerdo con las crónicas, el 7 de diciembre de 1585, el tal Bobadilla se enfrentaba a un dilema de lo buenos. Junto a sus 5000 hombres de armas, se encontró combatiendo entre los ríos Mosa y Waal, en la famosa isla de Bommel, contra las naves del almirante Hohenlole que les rodeaba. La situación, desesperada para los Tercios, además del estrechamiento del cerco por los miles, había que sumarle la escasez de víveres y ropas secas. Ante la petición de rendición, la contestación fue clara «Los infantes españoles prefieren la muerte a la deshonra. Ya hablaremos de capitulación después de muertos». Épico. Histórico y literario. ¿Porque no igualmente pictórico?. Pues bien, del episodio incluso se ven emerger los palos mayores de las naves del cerco. Todo un detalle que fue objeto de debate entre el pintor y el redactor jefe de cultura de ABC. “Hasta ahí llegan los detalles de las pinturas de Dalmau. Los palos de barcos holandeses, en la esquina superior derecha, detallan, hacen vislumbrar la existencia de esas naves que amenazaban a los tercios Españoles”. Cuestión de detalles.

Como es cuestión de detalles iluminar la escena en la que Blas de Lezo, victorioso y mostrando sus cicatrices de guerra y de vida, -no podía ser de otro modo-, en retrato ecuestre junto a la playa, a las afueras del fortín de San Felipe de Barajas, en la que se celebró una de las batallas más épicas de la historia de España. Una playa repleta de mutilados y casacas rojas, nada más y nada menos que los soldados de infantería al mando del general Thomas Wentworth, que se estrellaron contra el talento y la inteligencia del guipuzcúano en aquella playa de ultramar en columna de a tres. Buena parte de los granaderos británicos que ya daban por sentada la victoria, quedaron para siempre, y en la derrota, en aquella explanada hispana de cuyo nombre no quieren ni acordarse Junto a las lanchas de desembarco, el detalle del casaca roja abatido nos habla del momento de la acción, de la contienda, ocurrida el 20 de Abril. Tras este episodio, Vernon no tuvo más remedio que retirarse a los barcos que Dalmau dibuja en el horizonte. El alto mando británico ordena la retirada y las últimas naves partieron el 20 de mayo. Tuvieron que incendiar cinco de ellas por falta de tripulación. Una de las derrotas más sonadas del Imperio Británico ya tiene cuadro. Hasta hace poco, esta batalla quedaba en el silencio. Prácticamente en el el olvido. La mirada de Blas de Lezo perdida en el horizonte deja las cosas en su sitio. La venganza serena del retado en la actualidad.

Y de Cartagena de Indias a Gibraltar de nuevo. Con el mar como único testigo, en esta ocasión con un cuadro de una factura muy similar al de Blas de Lezo ecuestre. Es de señalar en ambos cuadros, el tono, en relación a la vestimenta, y a la documentación histórica de los mismos. Una constante en su obra, como nos recuerda la doctora María Fidalgo, que otorga a sus óleos no solo una recreación histórica fidedigna, sino la posibilidad de disfrutar de los mismos en la actualidad. La recreación exacta de la casaca de Blas de Lezo es un ejemplo. En la reciente y exitosa exposición de Blas de Lezo en el Museo naval de Madrid, en una de sus vitrinas descansaba la casaca del general. Observarla y compararla con el cuadro de Dalmau es prácticamente hacer un juego de comparaciones. Juzguen por ustedes mismos.

En el cuarto centenario de Miguel de Cervantes Saavedra, sin duda, una de las figuras más conocidas y de mayor fama de las letras de nuestro Siglo de Oro, también es objeto de conmemoración y de recuerdo por parte de Dalmau Y como no, se trata de otro episodio naval histórico señero en nuestra historia. De nuevo la mar y sus naves. Fue en el golfo de Corinto, y con el soldado, Cervantes. ”Ha sido un cuadro que me ha gustado mucho pintar y evocar, recuerda Dalmau”. El pintor tuvo que reconstruir, como en tantas otras ocasiones, la escena. Y fue con ayuda de David Nievas y aquí realiza el escritor un alto, cuando hablamos sobre la confección de los óleos. Una obligatoria parada para reconocer el valor de asesoramiento de los historiadores y en este caso del riguroso Nievas en su obra. Si Reverte le otorga el impulso y la confianza de trabajar sus marinas históricas, Nievas certifica en esta ocasión un importante esfuerzo en muchas de sus obras y cuyo resultado aprecia tanto el observador: “así, Cervantes se nos presenta casi sin armadura, con el jubón abierto debido a que venía directo de la enfermería, la tez lívida debido a las calenturas. Es posible que el papel de Cervantes en el esquife fuera el de ayudar a los arcabuceros a recargar, o que estuviera tirando de allí “piñas de fuego” (unos tarros de cerámica llenos de material combustible que se tiraban al enemigo con una mecha o trapo encendido a modo de coctel molotov,” retrata Nievas en el ejercicio de ilustrar el hecho histórico del personaje. Y luego llega Dalmau y moja el pincel en pintura, para así retratar a Cervantes en su justo homenaje. En acción. Y sobre la mar de Lepanto.

La bandera de la Royal Navy con escuadrón rojo languidece, derrotada, en las astilladas y cristalinas aguas de la batalla, en la esquina izquierda del cuadro, junto al espejo de popa de una fragata de guerra hispana. Me recuerda irremediablemente a la bandera, que en similar porte naufragaba en el cuadro de Turner, y que hizo que el cuadro del pintor Londinense acabase en el olvido, ya que a Jorge V ”no gustaba” que aquella bandera inglesa estuviese justamente como la pintó Dalmau, entre maderas y hundida en el mar. En esta ocasión otro rey, Felipe VI , en el Museo Naval de Madrid formó parte de la inauguración, en la que el pintor Augusto Ferrer Dalmau, hacia entrega del mismo al Museo del mismo, no podemos olvidar que gracias a la donación de la activa Asociación de amigos del Museo Naval de Madrid. Una impresionante marina, con la que concluiremos este breve repaso, que quizás sea el culmen de su guiño a la mar y sus historias. Pintada en un gran formato de 170 por 190 centímetros, nos narra, uno de los episodios más épicos de la historia de nuestra Armada.

Fue el cuadro más debatido y comentado en la conversación con el periodista de ABC, Jesús Calero en las jornadas de la casa del lector. Especialmente esa recreación, erudita, vocacional, apasionada, que junto al escritor Arturo Pérez Reverte y Dalmau protagonizaron. Encantó, como encandilará a todos los presentes esta tarde, 2 de Febrero y que llenarán el auditorio del Museo Reina Sofía de Madrid, la reunión de estos dos personajes ilustres para recrear el pasado y debatirlo de cara al futuro. Es innegable la originalidad y la pasión, que inspira, a la hora de inmortalizar un cuadro. Una cita, la pintura que sirve y sirve para “congelar en el tiempo” un momento. En esta ocasión el combate del Glorioso. El palo de mesana, acaba de ser derribado por una andanada del buque Español. “Ese es mi momento del cuadro relata Dalmau”. “El Glorioso, desarbolado y moribundo, plantando cara a la jauría de navíos ingleses”. Altivo y solo. Plantando cara a doce barcos, hundiendo a dos y disponiendo en fuga a otros tantos antes de ser capturado. Y si la historia que narra el cuadro, parece que más aún cautivo el cómo se hizo, su particular “making off”. La forma de crear de la nada este episodio y transformarlo en cuadro.

Entre fogonazos y gritos de los oficiales, sonaba el taladro de Arturo, que simulaba, uno por uno, los cañonazos sobre el casco del navío hispano. «Disfrutamos como dos críos. Me imaginé cómo habría disparado el capitán inglés. En el XVIII se tiraba al casco para desmontar los cañones y matar gente, y a las jarcias con palanqueta o bolas encadenadas, con el fin de romperlas y desarbolarlo” comentaba el escritor en una reciente entrevista acerca del óleo. Y en el debate, los apuntes acerca de como todo aquello ayudaba a la mente del pintor a recrear el momento. “Las velas caían y podían incendiarse, las vergas golpeaban las bordas y los marinos se afanaban con el hacha para cortarlas y tirar todo al agua. Del «juego» con la maqueta, Ferrer-Damau sacaba brilantes conclusiones pictóricas, que le sirvieron de guía para pintar el cuadro. No hay mejor pedagogía posible respecto al asunto.

Los cuadros de la mar a debate con el cronista de la mar. Los cuadros de técnica magnífica los de Dalmau, capaces de representar el ambiente, la grandeza y las dificultades de aquellos españoles cuyos hechos nos hicieron como somos. En las jornadas de la Casa del Lector pudimos recorrer sus obras de tema marino e histórico, para así asistir y observar que esa técnica es el resultado y la explicación al mismo tiempo de un trabajo de gran calidad, serio y respetuoso con la historia, en el que se busca la perfección de la escena, para que represente exactamente cómo pudo ser. Con estas imágenes de la historia, todos podemos viajar hacia el pasado, pensar en el pasado y regresar con muchas horas de aprendizaje sobre quiénes somos y cómo podemos explicar nuestras propias contradicciones. Una de las mejores lecciones que siempre generosamente nos ofrecen estos hombres de letras y del que tanto pueden aportar a reflexionar en una sociedad, la hispana, desvertebrada, manipulada y desmemoriada. Una pincelada de verdad, asesorada mediante la palabra. Y como tal describe, para terminar, porque no se podría hacer mejor, el punto y final sobre la pintura de Dalmau-Ferrer. Las marinas en la historia, que el gran Reverte resume con las siguientes letras;

“Nadie —que yo conozca— pinta en España como Augusto Ferrer-Dalmau. Con tanta honradez y con tan admirable ausencia de complejos a la hora de recuperar las imágenes de nuestro largo pasado militar. Lo que en otros países es natural, pintores de batallas que fijan en sus lienzos la historia y la memoria de sus respectivas naciones, aquí resulta doblemente asombroso: por lo insólito del empeño y por la espléndida belleza del resultado. Eso convierte a Ferrer-Dalmau y su obra singular, extraordinaria, en algo especialmente raro. Y, como tal, precioso. Sus cuadros son escenas, retratos, claves necesarias para ilustrar nuestro pasado. Para recordar y reflexionar. Para comprender mejor, así, nuestras miserias, nuestras tragedias y nuestra grandeza”.
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Ada
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MensajePublicado: Mie Abr 19, 2017 2:54 pm    Asunto: Responder citando

JOAQUÍN SABINA en una entrevista en la REVISTA ELLE (marzo 2017)


Arturo Pérez-Reverte, que es un miura, dice...
(Interrumpe). Es verdad, Reverte es un miura (sonríe). Pero es muy cariñoso también. Es una persona muy tierna.

Y valora tanto como tu la complicidad. Eso fue lo que me dijo en una entrevista sobre las mujeres de sus novelas y su vida.
Claro, es que tú puedes tener una amor pasional, arrebatador por alguien, y luego no encontrar la manera de conseguir la cotidianeidad. Y de eso, en otras épocas,
algo he sabido yo (ríe). Por eso, la Jime es una magnífica compañera de viaje. Por cierto, Reverte me ha hecho una putada desde la sincera amistad...

¿Se puede saber cual?
Me ha propuesto para la Real Academia Española. Y a mí me da un corte que te mueres.

Enhorabuena. ¿qué le has contestado tú?
Que haga lo que quiera. En realidad, lo que le he dicho es que, para que entre un cantante en la Academia, el primero tiene que ser Serrat; él es de verdad quien lo ha sido y lo es todo. Se inventó un oficio que no existía. A Serrat lo ves desde en la folclórica hasta en lo que estamos haciendo los demás. Y nos abrió los caminos de América.
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Consuela saber que nadie a quien amas se quema en lo que arde. http://adacaramelada.blogspot.com.es
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