Registrado: May 04, 2011 Mensajes: 1465 Ubicación: Madrid
Publicado: Dom Jul 29, 2012 10:55 amAsunto: 995 - 29.07.2012 - Carrera de San Jerónimo, 8
CARRERA DE SAN JERÓNIMO, 8
Hay un restaurante en el corazón de Madrid que parece un museo romántico. O que lo es. Se llama Lhardy, y está en el número 8 de la carrera de San Jerónimo, tras una espectacular portada -se puede apreciar mejor desde la acera opuesta- labrada en caoba de las Antillas. En uno de sus salones privados empieza en 1866, reinando Isabel II, mi novela 'El maestro de esgrima': una cena entre un banquero y un ministro. Y, naturalmente, una conspiración.
Con tales época e ingredientes, en una historia abiertamente galdosiana como ésa, el escenario no podía ser otro que Lhardy: dos tercios del siglo XIX y todo el XX entre sus paredes decoradas con cuadros venerables y antiguos espejos donde se reflejó no poca trastienda de la historia política y cultural de España. Políticos, banqueros y artistas aparte, entre los escritores que lo frecuentaron y mencionaron en sus obras se cuentan Alejandro Dumas, Mesonero Romanos, Campoamor, Valle-Inclán, Azorín, Julio Camba y Ramón Gómez de la Serna, por ejemplo. Pero sobre todo, don Benito Pérez Galdós; quien, que yo recuerde, menciona Lhardy en cuatro de sus 'Episodios Nacionales' y dos de sus novelas. Por lo menos.
Lhardy fue el restaurante favorito del marqués de Salamanca: el banquero español más poderoso de su tiempo. Él lo puso de moda, allí hizo negocios y recibió a sus amigos, y en uno de sus salones se celebró la famosa comida que sentó a la misma mesa al todopoderoso marqués y a siete escritores bohemios, entonces desconocidos y pobres como las ratas. También allí, cuenta la nutrida leyenda lhardiesca, acudía de incógnito ese regio putón verbenero llamado Isabel II, ornato de nuestras monarquías, a comer con su amante de turno en el reservado del salón blanco mientras su augusto marido, Francisco de Asís de Borbón, Paquita en la intimidad -«La noche de bodas llevaba más encajes y puntillas que yo misma», afirmó su legítima-, hacía un punto de cruz primoroso en el dormitorio real del palacio de Oriente.
A lo largo de dos siglos, reyes, nobles, financieros y políticos frecuentaron Lhardy y conspiraron en sus elegantes salones. Sobre todo en el japonés, favorito del dictador Primo de Rivera. Allí, entre platos exquisitos servidos en porcelana de Limoges y acompañados de los más selectos chateaux franceses, se derrocaron monarquías, se prepararon elecciones, se designó a presidentes y ministros de dos Repúblicas, y se dispusieron candidatos para la Real Academia Española. Incluso la Guerra Civil, período lógicamente difícil para el local, tuvo su anécdota famosa: la del miliciano que, al entrar a requisar el restaurante para la República, abrió una botella de Chateau d´Yquem y la devolvió con desagrado, diciendo: «Esto ni es vino ni es ná».
No todas las épocas fueron felices. El habitual desinterés de los alcaldes madrileños por los establecimientos históricos de su ciudad, que ha permitido la desaparición de tantos -a punto estuvo de acabar con el café Gijón, como pronto apuntillará quizás a los libreros de la cuesta Moyano-, puso varias veces a Lhardy al filo del colapso; y sólo el gatopardesco tesón de sus propietarios lo ha salvado hasta hoy. El restaurante ya no es lo que fue, desde luego. Ni pecheras almidonadas, ni corbatas blancas, ni collares de perlas: nada de aquel lejano glamour que le dio fama llenando sus salones, como cuando Alfonso XIII o La Fornarina se reunían allí con sus amistades. Tampoco la cocina, siendo buena, es para tirar cohetes -las croquetas son infames-. Pero todavía conserva su maravillosa tienda original con el samovar de consomé y el espejo isabelino, abierta al público en la planta baja; y en el piso de arriba, un servicio impecable de camareros, una clientela distinguida -no se toleran bermudas ni chanclas, de momento- y una carta de platos y vinos más que razonable. Y sobre todo, mantiene el toque de magia romántica en su decoración y ambiente; esa belleza añeja, serena, que cualquier visitante puede completar con facilidad mediante los libros leídos, la imaginación y la memoria. Hace siete años, algunos miembros de la RAE decidimos recuperar Lhardy para la Academia; y desde entonces nos reunimos allí cada mes y medio, pagando por turnos, a despachar un cocido en el reservado del saloncito blanco: el mismo que utilizaba Isabel II para sus lances. Conspiramos, hablamos de nuestras cosas -está prohibida la política- y evocamos el recuerdo de tantos compañeros académicos que frecuentaron aquellos salones. Brindando por los fantasmas que aún se reflejan, si uno mira con atención, en los viejos espejos empañados por el tiempo.
Registrado: Feb 01, 2007 Mensajes: 9443 Ubicación: Campeón del Mundo
Publicado: Dom Jul 29, 2012 11:15 amAsunto:
Comienzo de 'El maestro de esgrima':
El cristal de las panzudas copas de coñac reflejaba las bujías que ardían en los candelabros de plata. Entre dos bocanadas de humo, ocupado en encender un sólido veguero de Vuelta Abajo, el ministro estudió con disimulo a su interlocutor. No le cabía la menor duda de que aquel hombre era un canalla; pero lo había visto llegar ante la puerta de Lhardy en una impecable berlina tirada por dos soberbias yeguas inglesas, y los dedos finos y cuidados que retiraban la vitola del habano lucían un valioso solitario montado en oro. Todo eso, más su elegante desenvoltura y los precisos antecedentes que había ordenado reunir sobre él, lo situaban automáticamente en la categoría de canallas distinguidos. Y para el ministro, muy lejos de considerarse un radical en cuestiones éticas, no todos los canallas eran iguales; su grado de aceptación social estaba en relación directa con la distinción y fortuna de cada cual. Sobre todo si, a cuenta de aquella pequeña violencia moral, se obtenían importantes ventajas materiales.
-Necesito pruebas -dijo el ministro; pero sólo era una frase. En realidad, era evidente que estaba convencido de antemano: él pagaba la cena. Su interlocutor sonrió apenas, como quien escucha exactamente aquello que espera escuchar. Seguía sonriendo cuando se estiró los puños inmaculadamente blancos de la camisa, haciendo refulgir unos llamativos gemelos de diamantes, e introdujo una mano en el bolsillo interior de la levita.
-Pruebas, naturalmente -murmuró con suave ironía.
El sobre cerrado con lacre, sin sello alguno, quedó sobre el mantel de hilo, alineado con el borde de la mesa, cerca de las manos del ministro. Éste no lo tocó, como si temiera algún contagio, limitándose a mirar a su interlocutor.
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Aquella tarde, la tertulia del Progreso se disolvió antes de lo habitual. Agapito Cárceles estaba muy atareado con un artículo que debía entregar por la noche en el Gil Blas, y Carreño aseguraba que tenía sesión extraordinaria en la logia de San Miguel. Don Lucas se había retirado pronto, aquejado de un leve catarro estival, así que Jaime Astarloa se quedó solo con Marcelino Romero, el profesor de piano. Decidieron ambos dar un paseo, aprovechando que el calor del día daba paso a una tibia brisa vespertina. Bajaron por la Carrera de San Jerónimo; don Jaime se quitó la chistera al cruzarse con algún conocido ante el restaurante Lhardy y en la puerta del Ateneo. Romero, apacible y melancólico según su costumbre, caminaba mirándose la punta de los pies, ensimismado en sus pen¬samientos. Llevaba una arrugada chalina en el cuello y el sombrero descuidadamente echado hacia atrás, sobre el cogote. Las puntas de su camisa no se veían muy limpias.
Ultima edición por Rogorn el Dom Jul 29, 2012 11:22 am, editado 1 vez
Gracias, Camaradas. _________________ Yo he visto cosas que vosotros no creeríais. Atacar naves en llamas más allá de Orión. He visto Rayos-C brillar en la oscuridad cerca de la Puerta de Tannhäuser. Todos esos momentos se perderán en el tiempo como lágrimas en la lluvia.Es hora de morir
La huella literaria de los restaurantes centenarios de Madrid sigue viva
Vanitatis / Agencia (EFE) 11/01/2012
Además de en sus calles y en sus viviendas, la huella literaria presente en el madrileño "Barrio de Las Letras" se esconde en restaurantes centenarios, como Botín, Lhardy o Los Galayos, lugares de inspiración para muchos escritores, de ayer y de hoy, y fuente de historias de realidad y ficción.
Reuniones, tertulias, nombramientos de políticos, consejos de ministros o, simplemente, momentos de distensión que han servido a escritores para bosquejar sus novelas o saborear los matices de la cocina castellana, se encuentran en la historia de estos establecimientos que mantienen su identidad intacta.
Uno de los más citados en la literatura es Botín, el restaurante más antiguo del mundo según el Libro Guiness de los Récords y convertido en escenario por literatos españoles como Benito Pérez Galdós, Carlos Arniches, Arturo Barea, y estadounidenses como Scott Fitzgerald o Graham Greene.
Su fachada, que se actualiza periódicamente, la protagoniza hoy Ernest Hemingway con una cita de su primera novela, "Fiesta", en gran parte autobiográfica y reflejo de la pasión del escritor por España y los Sanfermines: "Comimos en Botin, en el comedor de arriba. Es uno de los mejores restaurantes del mundo. Tomamos cochinillo asado y bebimos Rioja Alta", escribía el periodista estadounidense en 1926.
Botín también ha sido telón de fondo de reuniones celebradas en el contexto de la Guerra Fría, como las que organizaba el entonces dueño del local, Emilio González, que tenía entre sus amigos a embajadores estadounidenses y soviéticos, o la que imaginó, entre dos espías rusos, Frederic Forsyth en su novela "El manifiesto negro".
En la actualidad, el restaurante sigue siendo un lugar de visita obligada también para actores de Hollywwod como Robert de Niro, Woody Allen o Catherine Zeta-Jones, que en una ocasión se animó incluso a cantar con los miembros de su tuna, según ha explicado el actual dueño, Carlos González.
"No es un museo del pasado sino un museo vivo, que sigue estableciendo lazos personales con sus clientes, y es objeto de referencias para escritores", destaca González, que recuerda, entre las últimas citas literarias, un encuentro entre los personajes de "El tiempo entre costuras", de María Dueñas.
A pocos metros de la Puerta del Sol se encuentra Lhardy, otro lugar de reunión para escritores, que desde su inauguración, en 1839, ha atraído a toda clase de personalidades, desde la reina Isabel II, que tenía reservado un salón para sus encuentros con las damas de la corte, a José Antonio Primo de Rivera, que celebraba en otro de ellos sus consejos de ministros.
"Fue el hijo del fundador, el pintor Agustín Lhardy (1947-1917), quien introdujo la bohemia en el restaurante, invitando a literatos, pintores y músicos, que acudían con frecuencia a celebrar sus reuniones", explica a Efe el actual gerente, Milagros Novo.
Desde entonces, no han dejado de desfilar escritores por Lhardy, desde Jacinto Benavente a Fernando Vizcaíno Casas o el Nobel Mario Vargas Llosa, pasando por Azorín, que en 1941 escribió en sus memorias: "No se puede concebir Madrid sin Lhardy".
Quizá por eso muchos grupos o instituciones, como la Real Academia, lo consideran aún hoy un buen lugar para celebrar sus encuentros.
Precisamente, el académico y escritor Arturo Pérez-Reverte, encontró en otro local centenario su inspiración para escribir las aventuras del Capitán Alatriste: se trata del restaurante Los Galayos, situado en la Plaza Mayor y abierto desde 1894.
Además de ser un lugar de referencia por sus asados y sus tapas, en este local se celebró el 29 de abril de 1936 la última reunión de la generación del 27, que quedó truncada por el comienzo de la Guerra Civil.
En el recibidor puede verse la imagen que retrata aquella reunión, en la que Vicente Aleixandre, Federico García Lorca, Pedro Salinas, Rafael Alberti, Pablo Neruda o José Bergamín, entre otros, ofrecieron un banquete a Luís Cernuda para festejar el éxito de su poemario "La realidad y el deseo". _________________ Yo he visto cosas que vosotros no creeríais. Atacar naves en llamas más allá de Orión. He visto Rayos-C brillar en la oscuridad cerca de la Puerta de Tannhäuser. Todos esos momentos se perderán en el tiempo como lágrimas en la lluvia.Es hora de morir
Introducción: Todo el agradecimiento del mundo a nuestro padre y esposo Miguel Grande, por su perseverancia, constancia y esfuerzo. Él supo aunar, entender y continuar el cambio generacional de la dinastía de los Rojo. Transmitió a toda su familia los valores del trabajo bien hecho a través del buen servicio a todos nuestros clientes. Miguel fue fundamental para que el local continuara en el tiempo y siguiera sumando más horas de esfuerzos y sacrificios. Gracias otra vez por conseguir que llevemos más de 115 años y el que hayamos podido tener la oportunidad de seguir mejorando día a día la creación de varias generaciones. Te queremos y nunca te olvidamos. Familia Grande.
Situado en la calle Botoneras 5, esquina con la Plaza Mayor, en el Madrid de los Austrias, se encuentra el Restaurante Los Galayos , el cual ha visto pasar el tiempo; y si las paredes hablaran nos describirían perfectamente el aspecto que tenia la capital hace cien años en la época en la que la "Puerta del Sol" y la "Plaza Mayor" eran el núcleo de tertulias y actos relevantes del reino.
La historia de Los Galayos se remonta a 1894 como Casa Rojo, en la que tal vez por el poder adquisitivo del ciudadano de aquel momento, sólo se servían tapas y aperitivos. Con el paso del tiempo el local ha ido evolucionando constantemente, adaptándose a las nuevas necesidades y exigencias del público actual.
La saga de los Rojo y Don Miguel Grande (en la foto) hicieron que la gran cervecería se fuera reconvirtiendo en el acreditado restaurante que es actualmente, D. Miguel traslado todo su buen hacer, constancia de trabajo y profesionalidad del negocio a sus herederos que son los que llevan captando adeptos desde hace varias décadas convirtiendo a Los Galayos en uno de los restaurantes de referencia.
La cocina castellana que ofrecen ahora es más elaborada, debido al interés de los propietarios en la investigación de la cocina actual ofreciendo un amplio recetario dentro de su menú de distintos platos y tapas.
como ejemplo y de gran interés histórico, la última reunión que mantuvo la generación del 27 (en la foto) antes de la guerra civil. Fue el homenaje que se celebró en nuestro restaurante a Luis Cernuda, con motivo de la publicación de "La realidad y el deseo" el 29 de abril de 1936, ya que fue la última instantánea, antes de que la guerra civil provocara la trágica desaparición de alguno (Federico García Lorca) o la diáspora general.
Una fotografía de época, una de esas fotografías que nos invitan con emoción literaria a respirar el aire de un tiempo, recoge una escena de amistad: el mantel blanco, las botellas de vino, las copas de cristal el poeta Luis Cernuda rodeado por Vicente Aleixandre, Federico García Lorca, Pedro Salinas, Rafael Alberti, Pablo Neruda, Miguel Hernández, José Bergamín, Manuel Altolaguirre, María Teresa León y Concha Méndez, etc . Una brillantísima capilla literaria. Así lo proclamaban las palabras de presentación de Federico García Lorca. El poeta granadino se esfuerza por decirle a Cernuda no sólo lo que él quiere decirle, sino lo que el autor de La realidad y el deseo necesitan oír, palabras que se publicaron dos días después en el periódico El Sol: "Yo vengo para saludar con reverencia y entusiasmo a mi capillita de poetas, quizás la mejor capilla poética de Europa, y lanzar un vítor de fe en honor del gran poeta del misterio, delicadísimo poeta Luis Cernuda, para quien hay que hacer otra vez, desde el siglo XVII, la palabra divino".
El restaurante Los Galayos, no pasa de moda, sigue siendo una referente y un clásico de la cocina castellana y española más refinada y exquisita, ha servido y sigue sirviendo de inspiración de grandísimos escritores, alguno de ellos como Arturo Perez-Reverte, que como bien dijo en su dedicatoria "Fue aquí donde ideé El Capitán Alatriste"
En el restaurante Los Galayos, además de las terrazas y de las dos barras del local, en la que los clientes esperan su mesa o disfrutan de variados pinchos y tapas, podrá encontrar tres salones decorados de manera distinta para que todo el mundo pueda comer en el ambiente que más les seduzca. Cabe destacar la importancia que tienen los frisos de madera de la barra de la entrada principal por la calle Botoneras, data de principios de siglo XIX, barra tallada a mano y de gran valor, proveniente de otro local de la familia actual llamado el Púlpito, este local situado en la Plaza Mayor justamente antes de la bajada a Cuchilleros. Este restaurante era un lugar de parada segura del Rey Alfonso XIII, donde se tomaban tapas y platos típicos de la época acompañados de grandes vinos.
Como no podía ser de otra manera, el Salón "Avila" es la pura representación del ambiente castellano, sus vigas de madera, los cuadros y las cerámicas con motivos de "El Quijote" trasladan al comensal a cualquiera de los maravillosos pueblos que componen la geografía Castellana.
El Salón "Duque" son las maderas rústicas y los techos labrados los que consiguen distraer al cliente, que abandona por unos momentos su plato para contemplar la belleza de la decoración.
Finalmente el Salón "Bodeguilla" traslada a los visitantes a una auténtica bodega castellana, en la que la decoración les hace desplazarse a tiempos de Alfonso XIII, disfrutando de un ambiente sosegado.
http://www.losgalayos.net/historia.aspx _________________ Yo he visto cosas que vosotros no creeríais. Atacar naves en llamas más allá de Orión. He visto Rayos-C brillar en la oscuridad cerca de la Puerta de Tannhäuser. Todos esos momentos se perderán en el tiempo como lágrimas en la lluvia.Es hora de morir
Registrado: Sep 21, 2005 Mensajes: 17668 Ubicación: Reino Astur
Publicado: Dom Jul 29, 2012 12:26 pmAsunto:
Ya tardas. Para mí es la mejor adaptación que se ha hecho de una novela de Arturo. Con diferencia. _________________ Me alegro de no haberte matado todavía...
Registrado: Aug 17, 2007 Mensajes: 3784 Ubicación: Madrid
Publicado: Dom Jul 29, 2012 2:41 pmAsunto:
esta patente es magnifica.
además me recuerda a Bowman _________________ Consuela saber que nadie a quien amas se quema en lo que arde. Crecer es lo que hacemos después de equivocarnos http://adacaramelada.blogspot.com.es/p/reverteland.html
Registrado: Dec 07, 2008 Mensajes: 5787 Ubicación: Regne de Mallorques
Publicado: Dom Jul 29, 2012 2:46 pmAsunto:
Pues tendría que recordarte al Curioso Lo de "¡¡aquí empieza El maestro de esgrima!!" durante el Magical Bowman Tour lo dije yo _________________ Todos los seres humanos cometen errores, pero algunos seres humanos cometen más errores que otros y a ésos se los llama "tontos" (Fray Guillermo de Baskerville).
Yo sigo aquí, como dije. A tí te hacía ya por lo menos en Mongolia, pero veo que te resistes a dejar este bálsamo de convivencias provincianas que es España.
Cuando voy a Madrid intento comer en Lhardy, así es. Un mero capricho. Se come bien y el ambiente es decimonónico, ergo agradable. No como todos los sábados, pero si así lo hiciera te daría parte para que tú y otros ¿proletarios? me llaméis señorito
P.D: Siempre sonrío cuando te leo. ¿Será el amor? Recuerda: Gamo a la Austríaca
Registrado: Jan 21, 2010 Mensajes: 737 Ubicación: Valencia
Publicado: Lun Jul 30, 2012 7:19 pmAsunto:
Muy bonita la patente. Como se cuida la peña, joder. Me lo apunto.
Aunque en honor a la verdad, de las tres últimas veces que he estado en Madrid, dos he cenado en agradable compañía en cierta posada... Y creo que ya no cambio.
Hace un par de años ví en el salón Gayarre -maravilloso- a Antonio Burgos y Raúl del Pozo, que para mí es junto con Arturo el mejor articulista de este país, ambos la mar de dadivosos y obsequiando al templo galdosiano con una propina de 100 euros.
Digo coño, ¡con eso hay para comer otro día, dos veces si me apuráis, con un pequeño esfuerzo!
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